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viernes, julio 06, 2012

COMUNIDAD DE PROPIETARIOS (primero A)

Mario es ingeniero químico, pero ha hecho varios cursillos de formación desde que está en el paro. Uno de ellos fue el de carretillero. También realizó uno de Word, otro de Excel, otro de páginas web, otro de inglés, otro de biblioteconomía. Eso fue hace tiempo, porque ya ni siquiera se imparten cursos a los parados. Eso fue antes de estar desesperado.

Hoy está citado para una prueba de carretillero en una empresa de transportes. El lugar del examen es una nave enorme. Hay cuatro carretillas elevadoras puestas en fila para la prueba práctica, pero antes de nada las cincuenta personas citadas deben hacer un test de personalidad. Entre las preguntas a contestar están las siguientes: ¿Alguna vez, aunque sea solo una, has sentido la tentación de matar a tu padre? ¿Qué es más perfecto: el mejor de los poemas o el mecanismo de una pistola? ¿Crees que todo en esta vida tiene un precio?

Mario lee estas primeras preguntas y luego decide poner C en todas las respuestas, sean las que sean. Es el primero en entregar el test. Le dicen que espere, y espera mirando las carretillas elevadoras.
             

miércoles, junio 13, 2012

COMUNIDAD DE PROPIETARIOS (primero A)

Mario le echa un vistazo al resultado de los análisis. Colesterol y ácido úrico altísimos, que se suman a la hipertensión de siempre. El médico le asustó. Marga, mientras le acariciaba la calva, le dijo que no quería quedarse viuda. Y no sonrió: simplemente abrió mucho los ojos, como cuando amenaza a sus alumnos. Sus dos hijos hace tiempo que se ríen de su barriguita. Juan atribuye todos sus males al paro, a la ociosidad, a la ausencia de esperanza, pero sigue las indicaciones del médico y a primera hora de la mañana sale a caminar. Una hora. A paso rápido. Hasta que sude, le ha dicho el médico.

Resulta que la calle está llena de gente que camina. Mujeres que más que andar trotan, de cuatro en cuatro, de cinco en cinco, ocupando la acera. Hombres que dan pasos larguísimos, como si estuvieran enfadados y tuvieran prisa por llegar a la próxima esquina. Una barrendera guapísima con gafas de sol, un operario que carga una bombona de oxígeno, una pareja de ancianos —ella con moño, él con bastón— que espera en un paso de peatones.

Un señor que pasea al perro se queda mirándolo cuando el animal encoge las ancas y aprieta. Un momento de expectación. ¿Ya? Pregunta el dueño en voz baja, con mirada extasiada. Parece que no. ¿Ya? Pregunta de nuevo. Y ya parece que sí, que el perro ha defecado y que pueden continuar.

Juan suda y sí, disfruta de la mañana. Luego comprará el pan, hará las tareas de la casa y mandará cincuenta currículos. O mejor, cien.

lunes, mayo 21, 2012

COMUNIDAD DE PROPIETARIOS (primero A)

Domingo al mediodía. Están en un bar y Mario echa cuentas. Cuatro parejas, ocho personas. Mínimo cuatro rondas; cada una de ocho consumiciones. Cada ronda, aproximadamente quince o veinte euros. Veinte euros en cerveza, vino o vermut. Veinte euros que tendrá que sacar de la cartera. Veinte euros que mañana, lunes, cuando vuelva a enviar currículos, darían para un par de kilos de carne. O para cuarenta barras de pan. O para unos cuantos kilos de fruta, pongamos diez de kiwis, o quince de plátanos, que ahora están de temporada. Veinte euros.

Hace tiempo que no ven a estos amigos. Marga está radiante. Pela un langostino, come una aceituna, bebe del vaso mojándose los labios. De vez en cuando ríe a carcajadas, como si pusiera unas comillas a la conversación, como si le diera un puntapié al lunes. La situación económica, la final de futbol, los niños y su educación. Veinte euros ahora que ya no cobra paro, veinte euros que dan para veinte litros de leche, veinte euros de currículos. Pon otra ronda, le dice Mario al camarero.


viernes, abril 27, 2012

COMUNIDAD DE PROPIETARIOS (primero A)

No es que lo desee, pero invariablemente Mario acaba todas las mañanas viendo porno en el ordenador. Empieza mandando currículos por internet a todas las empresas de fertilizantes, pero luego su dedo de intro se cansa, desesperanzado, y teclea “sexo” en cualquier buscador. Así pasa las horas, mirando la pantalla. Ya no se escandaliza por nada, en el ordenador ha descubierto perversiones que nunca hubiera imaginado. Ya no espera llamadas del departamento de personal de ninguna empresa química especializada en fertilizantes o plásticos, su especialidad. Marga le deja la lista de tareas antes de irse a trabajar y él procura llevarlas a cabo: el desayuno de los niños, la limpieza, la compra, la comida. Todo lo hace con gusto menos mandar currículos, que le deja abatido. Cuando Marga llega por la tarde le nota los ojos enrojecidos de ver vulvas rojas, glandes enormes, posturas acrobáticas, y le anima.