Son las cuatro de la mañana y Pili vuelve a casa. Viene del baile. Quién se lo iba a decir a ella. Casi a los cincuenta, y del baile. Y no vuelve sola, vuelve acompañada por este tío enorme, moreno, con esta sonrisa tan grande que parece el parabrisas de un coche. Resuenan sus tacones en la acera. Es una luz bonita la de las cuatro de la mañana, piensa en un segundo. Van abrazados y él le susurra algo al oído, pero Pili no se entera. No van en barca, mecidos por las olas, pero a ella se lo parece porque está levemente mareada.
León, que me mareo.
Mi amor, claro que estás mareada. Has bebido.
León, me lo he pasado muy bien.
Y yo, mi amor.
León, ¿me vas a clavar tus garras?
Sí, mi amor.
Clávame tus garras, León.
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viernes, junio 01, 2012
miércoles, mayo 09, 2012
COMUNIDAD DE PROPIETARIOS (segundo B)
En la mesita del salón están los cafés y las pastas, y unas servilletas de papel muy bien dobladas en sus esquinitas. Por la ventana abierta entra un poco de fresco. En la tele, un debate, y el presentador no está sentado sino que corre de un lado a otro, señalando a la gente con una carpeta que lleva en las manos. Pili y las tres mujeres que la acompañan hablan sin quitar la vista de la pantalla. Sentadas en el sofá. Las espaldas rectas, las piernas juntas, las manos apoyadas en las rodillas. Alargan el brazo y toman el café a sorbitos, como si estuvieran purgándose. Seguramente las pastas se quedarán en la bandejita, porque engordan mucho y tienen grasas de las malas, como “las de nuestros culos”, dice Pili. Hablan del cubano con el que ella sale, y todas están muertas de envidia. Le piden detalles y ella se hace de rogar, pero finalmente lo contará todo, hasta lo que ella sueña que suceda.
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