Gente a la que ves después de muchos años. El amplio hall del tanatorio por el que circula la gente apresurada. Los suelos abrillantados, las salas numeradas. Un amigo que se ha ido (llevaba anunciándolo, el pobre, hace mucho tiempo) y su mujer y su hermano que están allí, acompañados de su familia y sus compañeros. Era una buena persona, la conclusión.
Gente a la que ves después de muchos años en un velatorio. Cuentas tu vida y te cuentan los demás la suya. Gente que ha engordado, gente que se ha quedado calva, gente que sigue viviendo como si tuviera veinte años, gente a la que no reconoces y gente que está como aquel día de la borrachera de vermú. Te enteras que uno se ha separado por segunda vez, que otro sufrió un accidente de tráfico que le arruinó la vida y que otro estuvo de camarero diez años en Londres.
Gente a la que saludas mientras despedís a un amigo. Melancolía que han contado muchas canciones. La edad que tienes, que a veces es un estandarte orgulloso y otras, una losa que arrastras.
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lunes, febrero 06, 2012
domingo, febrero 05, 2012
Domingo
Qué puede haber mejor que meterse arrecido a las seis de la mañana en la cama en la que te espera un cuerpo calentito, del que conoces todas sus curvas y junturas. Y mientras te tumbas parece que hiciera un siglo desde que te levantaste a tomar un café, leer el periódico en el ordenador y esperar a que se enfriasen tus pies para volver a la cama, de la que el insomnio te ha sacado.
lunes, octubre 31, 2011
Ascensor
Qué sería del peinado de los presumidos mañaneros sin los espejos de los ascensores. Coincido todas las mañanas con una vecina que en lo que bajamos cuatro pisos se acicala tanto que solo le falta el neceser y la bata.
jueves, octubre 27, 2011
Periódicos
Llueve. Oigo la lluvia en la ventana mientras escribo a estas horas de la mañana. Tomo un café y deseo que la lluvia arrastre toda la suciedad. Que limpie y purifique. Que se lleve por delante esta sensación de estafa que le queda a uno al leer los periódicos en el ordenador. Porque leer el periódico en el ordenador es peor que leerlo en papel. Parece como si, al estar condensado el contenido, las noticias de internet fueran más iracundas, con los titulares más gordos, superlativos. Las leemos rápidamente, como resumidas, por encima. El mundo va a peor, los sinvergüenzas siguen campando a sus anchas, no sabemos si mañana cobraremos una pensión.
Las noticias del periódico, que se compra en el kiosco, que se tiene en las manos, y cuyas páginas pasamos, si acaso, mojándonos levemente la yema de un dedo, se pueden abordar como un conjunto heterogéneo, detenernos en las que nos parezca, y tomarlas con tranquilidad, y hasta meditar sobre ellas. Se nos atragantan, pero menos. Al final podemos pintarrajear unos anteojos y bigote a Elena Salgado o a Esperanza Aguirre, y eso ayuda a metabolizar la realidad.
Las noticias del periódico, que se compra en el kiosco, que se tiene en las manos, y cuyas páginas pasamos, si acaso, mojándonos levemente la yema de un dedo, se pueden abordar como un conjunto heterogéneo, detenernos en las que nos parezca, y tomarlas con tranquilidad, y hasta meditar sobre ellas. Se nos atragantan, pero menos. Al final podemos pintarrajear unos anteojos y bigote a Elena Salgado o a Esperanza Aguirre, y eso ayuda a metabolizar la realidad.
martes, octubre 25, 2011
Barrio
Vuelve uno al barrio en el que transcurrió su infancia y juventud, a visitar a los abuelos, pisa aquellos suelos de tierra prensada, pasa por delante de los bancos en los que se sentó al sol horas y horas, y atardeceres; se cruza con vecinos que han envejecido de forma asombrosa, porque uno siempre los tiene en mente jóvenes y fuertes, gritando en reuniones de la comunidad de propietarios.
Es como otro mundo. Ha cambiado todo. Hasta las tiendas, ahora regentadas por los chinos. Hasta los corros de las mujeres, que ya no existen. Hasta los sentados en los bancos, al sol, fumando, bebiendo cerveza, que son colombianos o dominicanos y que han cambiado la música de Led Zeppelin o Leño por esa que bailan moviendo las caderas y dando pasitos cortitos. Gente altanera que arruga las latas de cerveza y mira al frente, como hacíamos los demás.
Quedan todavía reliquias con las que uno se cruza, gente de tu misma edad con cara de ternera compungida que sobrevivió de mala manera a los desastres de aquellos años. Gente a la que saludas y te saluda. Cuando mi hija me dice que este es un barrio viejo y sucio y que no le gusta yo le contesto que es mi barrio y que a mí sí me gusta.
Es como otro mundo. Ha cambiado todo. Hasta las tiendas, ahora regentadas por los chinos. Hasta los corros de las mujeres, que ya no existen. Hasta los sentados en los bancos, al sol, fumando, bebiendo cerveza, que son colombianos o dominicanos y que han cambiado la música de Led Zeppelin o Leño por esa que bailan moviendo las caderas y dando pasitos cortitos. Gente altanera que arruga las latas de cerveza y mira al frente, como hacíamos los demás.
Quedan todavía reliquias con las que uno se cruza, gente de tu misma edad con cara de ternera compungida que sobrevivió de mala manera a los desastres de aquellos años. Gente a la que saludas y te saluda. Cuando mi hija me dice que este es un barrio viejo y sucio y que no le gusta yo le contesto que es mi barrio y que a mí sí me gusta.
lunes, octubre 24, 2011
Insomnio
El insomnio, que hace que me levante antes de tiempo, a las cuatro o las cinco de la mañana. Abro los ojos con algo parecido a un clic. Resisto en la cama dando vueltas un rato pero es imposible.
Tomo un café. Leo los periódicos en el ordenador, repaso blogs, siempre los mismos, ya descubro pocos que merezcan la pena, ya no busco. Y luego, a las siete, salgo a la calle a caminar. Ya no amanece como antes. Ahora amanece como si la luz del día fuera un soplo, un candil que se encendiera. En el suelo, las hojas de los árboles, las cacas de los perros. Los dueños de los animales, ensimismados, se cruzan en las aceras. Los perros se enredan con sus correas. Deberían poner semáforos para perros, y para los dueños de los perros, a ciertas horas, cuando todavía no ha salido el sol. Procuro hacer todas las mañanas el mismo recorrido y así ver a la misma gente. Todos van al autobús, al metro, a trabajar, a pasear al perro. Corren, todos corren.
Luego vuelvo a casa. Busco el coche en el aparcamiento. Yo también me voy a trabajar. Así, a las diez de la mañana, ya estoy cansado.
Tomo un café. Leo los periódicos en el ordenador, repaso blogs, siempre los mismos, ya descubro pocos que merezcan la pena, ya no busco. Y luego, a las siete, salgo a la calle a caminar. Ya no amanece como antes. Ahora amanece como si la luz del día fuera un soplo, un candil que se encendiera. En el suelo, las hojas de los árboles, las cacas de los perros. Los dueños de los animales, ensimismados, se cruzan en las aceras. Los perros se enredan con sus correas. Deberían poner semáforos para perros, y para los dueños de los perros, a ciertas horas, cuando todavía no ha salido el sol. Procuro hacer todas las mañanas el mismo recorrido y así ver a la misma gente. Todos van al autobús, al metro, a trabajar, a pasear al perro. Corren, todos corren.
Luego vuelvo a casa. Busco el coche en el aparcamiento. Yo también me voy a trabajar. Así, a las diez de la mañana, ya estoy cansado.
domingo, octubre 23, 2011
Otoño
Qué verano tan largo y desproporcionado, qué otoño tan raro: las hojas de los árboles siguen en los árboles. Me dan ganas de encaramarme y arrancar alguna.
Esperamos la lluvia. Todo está sucio. Necesitamos aire limpio.
Esperamos la lluvia. Todo está sucio. Necesitamos aire limpio.
miércoles, junio 01, 2011
Preadolescencia
En casa estamos siendo testigos de una preadolescencia: gastamos litros de champú.
También gastamos kilos de pasta variada, sobre todo macarrones.
También gastamos kilos de pasta variada, sobre todo macarrones.
jueves, mayo 26, 2011
Pepinos españoles
"Pepinos españoles provocan una infección mortal en Alemania”, leo en varios periódicos. Y pienso, (por un momento, solo por un momento) que al final siempre se hace justicia.
miércoles, mayo 25, 2011
Primavera
El olor pegajoso de los pólenes y las flores, el primer calor fuerte de la primavera, la luz extraordinaria de esta hora del mediodía provoca las ganas de llegar a casa, de preparar la comida, de comer, de descansar en el sofá con el sopor de las noticias. (Todo sigue igual, si acaso todo empeora).
Luego, con el café de la tarde, veremos folletos multicolores, libros gordos con ofertas de todo incluido, y pensaremos en las vacaciones, esas que nos prometimos para cuando acabara la hipoteca.
Luego, con el café de la tarde, veremos folletos multicolores, libros gordos con ofertas de todo incluido, y pensaremos en las vacaciones, esas que nos prometimos para cuando acabara la hipoteca.
lunes, marzo 28, 2011
Deporte
Me hacen jugar de defensa. Aunque estoy confundido, yo sé que soy muy bueno y que debería ser delantero. Delantero centro y marcar goles. Correr la banda y celebrarlo. Sé celebrar los goles mejor que nadie. Lo he practicado. Lo veo en la tele.
El entrenador dice que todos somos importantes en el equipo, que todos tenemos nuestra función. No soy un chupón, entreno más que nadie, pero hace que juegue de defensa. ¿Defensa de cierre? Dice que la pelota puede pasar pero el contrario no. Que tengo que cargarme al contrario, que suelte leña.
Para eso estoy, para soltar leña. ¿Es esto vida?
El entrenador dice que todos somos importantes en el equipo, que todos tenemos nuestra función. No soy un chupón, entreno más que nadie, pero hace que juegue de defensa. ¿Defensa de cierre? Dice que la pelota puede pasar pero el contrario no. Que tengo que cargarme al contrario, que suelte leña.
Para eso estoy, para soltar leña. ¿Es esto vida?
miércoles, febrero 23, 2011
Amusgar
Como todos los días hay que aprender algo nuevo, hoy he sabido que amusgar es entrecerrar los ojos para ver mejor. Amusgar es lo que yo hago, que soy miope y sufro la maldita presbicia. Amusgaba también Marilyn Monroe en sus películas, y en amusgar, como en otras cosas, era una reina. Amusgar es lo que hacemos todos en estos tiempos, por si vemos algo claro.
lunes, diciembre 06, 2010
La oscuridad duele
Un día tras otro, cuando me levanto en la oscuridad de la noche para ir a mear, me doy de bruces con la pared. Nunca acierto a la primera con la puerta.
miércoles, noviembre 24, 2010
A veces pienso que mi vida es como un montón de ropa limpia. Toda colocada, toda apilada. Si cojo la prenda de arriba no pasa nada, todo marcha. Simplemente espero a que se ensucie, la coloco en la lavadora y voy a por la siguiente. Lo malo es cuando quiero una prenda del montón, o de abajo. Corro el riesgo de que todo se desmorone.
lunes, septiembre 20, 2010
Domingos
La gente se queja de los domingos. Los domingos son para descansar del fin de semana, y para esperar la semana que viene, que llega, que está ahí, a horas vista, al final del precipicio. Los domingos son una especie de tiempo muerto. Yo creo que los domingos amanecemos con ojeras más desmejoradas, si cabe.
Yo todavía sigo haciéndome propósitos los domingos. Con lo mayor que voy siendo y no escarmiento. Todos los días me propongo cosas que al minuto siguiente, al día siguiente, cumplo, pero los domingos más y con más intensidad. Me propongo un horario para escribir, me propongo no beber demasiado para acabar con la barriga cervecera, me propongo dedicarme cierto tiempo a mí mismo, me propongo pedalear en la bici estática. Nunca lo cumplo, nunca cumplo nada.
Pero todos los domingos me parece que el lunes comenzará una nueva etapa en mi vida.
Yo todavía sigo haciéndome propósitos los domingos. Con lo mayor que voy siendo y no escarmiento. Todos los días me propongo cosas que al minuto siguiente, al día siguiente, cumplo, pero los domingos más y con más intensidad. Me propongo un horario para escribir, me propongo no beber demasiado para acabar con la barriga cervecera, me propongo dedicarme cierto tiempo a mí mismo, me propongo pedalear en la bici estática. Nunca lo cumplo, nunca cumplo nada.
Pero todos los domingos me parece que el lunes comenzará una nueva etapa en mi vida.
viernes, septiembre 17, 2010
Buenas noches
Me parece que algo significará este trajín de cables para recargar toda clase de móviles, cámaras y demás utensilios. No sé qué clavija encaja en qué enchufe ni en qué aparato. Ni siquiera atino a desenredar los cables. Podría, pero me parece una tarea descomunal, a estas horas de la noche.
Miro en la encimera esa porción de tortilla de patatas que sobró de la cena. Parto un trocito, me lo echo a la boca y, con ese gesto, me doy las buenas noches.
Miro en la encimera esa porción de tortilla de patatas que sobró de la cena. Parto un trocito, me lo echo a la boca y, con ese gesto, me doy las buenas noches.
miércoles, septiembre 15, 2010
Fuego lento
Se echa el aceite y se calienta. Mientras, se pica finamente el puerro y la cebolla.
Se sofríe.
Se pica en la tabla la calabaza y la patata. Muy finamente, una y otra vez, pum-pum-pum, con el cuchillo sobre la tabla, finamente, una y otra vez, pum-pum-pum, hasta que casi se desintegren, la calabaza y la patata, finamente, pum-pum-pum, el cuchillo en la tabla, hasta que, poco a poco, se te pase el cabreo….
Tampoco es para tanto. Pero, por si acaso, pum-pum-pum, se pica otro poquito.
Luego se echa todo a la cazuela y que hierva veinte minutos a fuego lento, todo tapado.
Se sofríe.
Se pica en la tabla la calabaza y la patata. Muy finamente, una y otra vez, pum-pum-pum, con el cuchillo sobre la tabla, finamente, una y otra vez, pum-pum-pum, hasta que casi se desintegren, la calabaza y la patata, finamente, pum-pum-pum, el cuchillo en la tabla, hasta que, poco a poco, se te pase el cabreo….
Tampoco es para tanto. Pero, por si acaso, pum-pum-pum, se pica otro poquito.
Luego se echa todo a la cazuela y que hierva veinte minutos a fuego lento, todo tapado.
sábado, junio 05, 2010
Pasos
Vivo en un piso noveno. Esta tarde estaba leyendo en la terraza La marca de Creta, un libro de cuentos de Oscar Esquivias. Juro que desde el noveno he oído el sonido de las sandalias de mi hija al llegar al portal. He distinguido el trote infantil de sus pasos. Poco después han llamado a la puerta, y era ella, con su madre. He cerrado el libro, alegre porque volvían.
jueves, junio 03, 2010
Obra
De qué puedo quejarme si fuimos nosotros los que les invitamos a pasar. Prometieron que tardarías tres días, cuatro como máximo. Llegaron como si procedieran de muy lejos, cargados con sus bártulos, y en un momento se hicieron los amos. Miraban como si de ellos dependiera la felicidad de una porción amplia de la humanidad.
Mientras trabajaban abrieron cajones, manosearon libros, olieron colonias y untos. Hasta se permitieron aconsejarnos sobre la forma de alimentar a Pelusa, nuestro hámster.
Vivimos fuera de casa no tres días, como nos habían prometido, sino casi dos semanas, porque surgieron problemas. Finalmente la instalación eléctrica de la casa se completó y renovó. Las ventanas antiguas fueron reemplazadas por las nuevas, oscilo-batientes y con rotura de puente térmico. Lo malo es que al renovar la instalación eléctrica los electricistas destruyeron el cable de internet, lo cortaron, y no nos dimos cuenta hasta que se hubieron ido. Era fin de semana. Intenté colocarlo de nuevo, y con el intento me cargué las llamadas telefónicas. Al final logré pasar uno de los trozos del cable por la ventana de la terraza. Así estamos ahora, con un cable gordo que cuelga de una ventana oscilo-batiente con rotura de puente térmico, sin poder cerrarla ni abrirla, esperando que uno de estos días vuelvan a colocarlo en su sitio. Parecer ser que habrá que hacer otro agujero en la pared. Pero ya no estamos aislados.
Mientras trabajaban abrieron cajones, manosearon libros, olieron colonias y untos. Hasta se permitieron aconsejarnos sobre la forma de alimentar a Pelusa, nuestro hámster.
Vivimos fuera de casa no tres días, como nos habían prometido, sino casi dos semanas, porque surgieron problemas. Finalmente la instalación eléctrica de la casa se completó y renovó. Las ventanas antiguas fueron reemplazadas por las nuevas, oscilo-batientes y con rotura de puente térmico. Lo malo es que al renovar la instalación eléctrica los electricistas destruyeron el cable de internet, lo cortaron, y no nos dimos cuenta hasta que se hubieron ido. Era fin de semana. Intenté colocarlo de nuevo, y con el intento me cargué las llamadas telefónicas. Al final logré pasar uno de los trozos del cable por la ventana de la terraza. Así estamos ahora, con un cable gordo que cuelga de una ventana oscilo-batiente con rotura de puente térmico, sin poder cerrarla ni abrirla, esperando que uno de estos días vuelvan a colocarlo en su sitio. Parecer ser que habrá que hacer otro agujero en la pared. Pero ya no estamos aislados.
miércoles, febrero 17, 2010
Dentista
Miro los cuadros colgados en las paredes, reproducciones de pinturas impresionistas que representan los mares del sur, con palmeras, con lugareñas lánguidas que no acudían nunca al dentista y eran felices comiendo fruta mientras la brisa del mar azotaba sus rostros, pero poco, los azotaba poco porque tenían que sonreír con sus ojos grandes y su dentadura perfecta. Paso la yema de los dedos por el lomo de las revistas que hay apiladas en la mesa, pero no, no cojo ninguna porque sería demasiado esfuerzo el que invirtiera en leer cotilleos y chismes estúpidos y en ver fotos de tías escuálidas, que estoy harto de ver mujeres sin curvas, mujeres largas y sin curvas como las carreteras de la Mancha.
La verdad es que parezco enfadado, lo noto. Hago todo lo posible para olvidar que estoy aquí, en la consulta del dentista, rodeado de adolescentes larguiruchos que cruzan las piernas como condes de la campiña inglesa. Cuando abren la boca veo que la mayoría lucen alambres en los dientes, arriba y abajo, y si sonríen, que casi nunca, parecen psicópatas eligiendo víctima. Fuera llueve.
Viene a buscarme una señorita vestida de blanco y me conduce por un pasillo a la consulta propiamente dicha. Hace que me siente en un sillón que parece un boomerang. Me reclina, me quita las gafas. Qué modales. Me dan ganas de decirle que soy capaz de apoyar la cabeza solo, que soy capaz de quitarme las gafas solo, pero no lo hago, no vaya a enfadarse y luego tome represalias.
Se marcha. Ahora vendrá la doctora. Veo a mi derecha un vasito con agua. Me dan ganas de beber, pero no lo hago, que nadie me ha dado permiso. Si me quitara los zapatos estaría más cómodo, pero presiento que no procede.
Espero.
Espero.
Aparece la doctora. Me saluda. No se quita la mascarilla para hablar. Parece simpática, le brillan los ojos. Hace que abra la boca. Con dos dedos lo logra. Toca, palpa mis dientes y mis muelas, mira al techo. Sí, dice, usted padece bruxismo, como sospechaba su médico de cabecera. El bruxismo consiste en rechinar los dientes, en apretar los dientes, en apretarlos de forma inconsciente hasta que duele la mandíbula y la cabeza. Normalmente esto sucede mientras duerme. En ocasiones despierto. Con una férula de descarga se arregla todo, dice.
Se marcha. No sé si levantarme, si beber agua, si decir lentamente y como una letanía bruxismo, bruxismo, bruxismo…
La verdad es que parezco enfadado, lo noto. Hago todo lo posible para olvidar que estoy aquí, en la consulta del dentista, rodeado de adolescentes larguiruchos que cruzan las piernas como condes de la campiña inglesa. Cuando abren la boca veo que la mayoría lucen alambres en los dientes, arriba y abajo, y si sonríen, que casi nunca, parecen psicópatas eligiendo víctima. Fuera llueve.
Viene a buscarme una señorita vestida de blanco y me conduce por un pasillo a la consulta propiamente dicha. Hace que me siente en un sillón que parece un boomerang. Me reclina, me quita las gafas. Qué modales. Me dan ganas de decirle que soy capaz de apoyar la cabeza solo, que soy capaz de quitarme las gafas solo, pero no lo hago, no vaya a enfadarse y luego tome represalias.
Se marcha. Ahora vendrá la doctora. Veo a mi derecha un vasito con agua. Me dan ganas de beber, pero no lo hago, que nadie me ha dado permiso. Si me quitara los zapatos estaría más cómodo, pero presiento que no procede.
Espero.
Espero.
Aparece la doctora. Me saluda. No se quita la mascarilla para hablar. Parece simpática, le brillan los ojos. Hace que abra la boca. Con dos dedos lo logra. Toca, palpa mis dientes y mis muelas, mira al techo. Sí, dice, usted padece bruxismo, como sospechaba su médico de cabecera. El bruxismo consiste en rechinar los dientes, en apretar los dientes, en apretarlos de forma inconsciente hasta que duele la mandíbula y la cabeza. Normalmente esto sucede mientras duerme. En ocasiones despierto. Con una férula de descarga se arregla todo, dice.
Se marcha. No sé si levantarme, si beber agua, si decir lentamente y como una letanía bruxismo, bruxismo, bruxismo…
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