Mostrando entradas con la etiqueta Ventanilla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ventanilla. Mostrar todas las entradas

viernes, marzo 30, 2012

No pasa nada

Las mujeres rumanas que llegan a la ventanilla y que te preguntan por el importe de una carta certificada para su país. Se lo dices y siempre acaban diciendo “no pasa nada, no pasa nada…”

Ponen encima de la mesa documentos y fotocopias, rellenan el sobre y el impreso con esas letras mayúsculas tan características de su país y luego los depositan en tus manos como quien pone a su hijo en manos de un curandero.

jueves, febrero 09, 2012

Vestíbulo

Penetra por el vestíbulo una mujer de halterofilicas espaldas cuyos largos pasos llaman la atención en el barullo de la gente que espera. Empuja la mujer el carrito de un niño que parece que volase (el carro, no el niño). Es una mujer de rostro caprino, una mujer típica del frío invierno centroeuropeo, dura y fuerte. Esquiva a la gente y se planta en el mostrador. Dice que quiere mandar los papeles a Rumanía, muchas fotocopias, que quiere que lleguen cuanto antes, que se va a separar por fin del hijo de puta de su marido.

—Es un hijo de puta que se ha vuelto a mi país cuando más lo necesitábamos.
Ni leche, ni pan, ni ostias. Mucha lata de cerveza. Eso sí, mucha lata de cerveza.

Le comunico que debe introducir los documentos en un sobre y rellenar el impreso para certificarlo. También tiene que coger un número de la ventanilla “Enviar” y esperar su turno.

Me dice, como al oído: Urgente, exprés, que llegue cuanto antes. No puedo esperar. He hablado por el móvil y todo está ya bien.

El niño me mira desde el carrito con los ojos grandísimos, bien abiertos. Se queda allí, solo, unos momentos, mirándome fijamente mientras su madre recorre el vestíbulo con grandes zancadas para recoger el papelito del turno.

viernes, septiembre 24, 2010

Jornada laboral

Cuanto más cansancio laboral, cuanto más hastío, más me fijo en los escotes femeninos.

Los escotes de las mujeres que cruzan el vestíbulo, que se acercan al mostrador para enviar una carta o un giro son el precipicio deseado, ideal, de la jornada.

miércoles, septiembre 22, 2010

Mosca

Viene un señor a Correos para enviar un giro. Su hijo, que está en Tenerife y ha perdido la cartera, o se la han robado, que necesita el dinero. Viene con una mosca a la altura de sus ojos. Lo sé porque le veo espantarla con las manos mientras espera su turno.

Luego, mientras me dicta los datos para el giro me dice que la mosca lleva con él desde primera hora de la mañana, y son casi las dos. Intenta espantarla de nuevo. Le digo que qué raro, porque ya parece que no hace calor para moscas. Ya, contesta, pero aquí me tienes, con ella. No me abandona. Y manotea de nuevo, ahora con una mano y después con la otra.

Intento animarle diciéndole que he oído que la vida de las moscas no sobrepasa las veinticuatro horas.

No sé yo esta, no sé yo… Dice mientras firma el impreso, paga, y sale de Correos con la mosca tras él.

lunes, mayo 17, 2010

Ventanilla

Una pareja de ancianos quiere enviar una carta a Suiza. Preguntan cómo mandarla. Si certificada, si urgente, si ordinaria. Digo que depende de lo que vaya dentro. Contestan que son papeles importantes. Lo que contiene el sobre es la fe de vida anual, para que puedan seguir cobrando la pensión. Me ruegan que les rellene el impreso. Él se recuesta en el mostrador. Habla ella mientras escribo. “Rellena tú el impreso, hijo. Vemos menos que una polla envuelta en un trapo. Mándalo certificado, no sea que se pierda. Es que a ellos les daría una alegría si supieran que estamos muertos. Unos francos menos que pagarían. Estuvimos un montón de años allí. Qué gente tan limpia. Eran tan limpios que no querían tener nada que ver con nosotros. Decían que gritábamos en los autobuses y que tirábamos las colillas al suelo. Ellos no. Ellos eran limpios, limpios como la patena. Hasta la manguera para regar el jardín la manejaban como unos señores”.

sábado, mayo 23, 2009

Jornada laboral

Llega un señor mayor y pregunta si es aquí, en la oficina de correos, donde se vota por correo, y a quién se vota. Que si en cada oficina se vota a unos, que se pensará si votar aquí o en otra oficina.
----
Llega un señor malhumorado y pregunta si tenemos sobres especiales para apostatar. Le dicen que no. Pregunta si hay que certificar la carta. Le dicen que, para apostatar, mejor acuda al Obispado. Se marcha indignado. Dice que todo son trabas.
----
Llega un señor y dice que trae una lista para que firmemos y no readmitan en su puesto a Ginés, el sheriff de Coslada. Con civismo, la gente que espera turno en la cola de giros y certificados, una vez que termina, se pasa a la del señor con la tablilla y la lista cuadriculada.

sábado, abril 18, 2009

Impresos

Todos los formularios, todos los impresos, todo se queda en nada cuando la señora, que ya habrá pasado los ochenta, que ha venido sola y renqueante, dice, apoyada en el mostrador: Hijo, ¿puedes rellenarme el papelito del certificado? Es que veo menos que una polla envuelta en un trapo.

jueves, abril 16, 2009

Retención

Trabajo en Correos. Últimamente mi trabajo consiste en transcribir-transmitir telegramas. Hoy había uno que decía más o menos:”... en relación a la retención de unos calzoncillos, se le cita a usted para que se persone en este Juzgado...”

lunes, noviembre 03, 2008

Bruce Lee

Media mañana.
Se acerca un señor a la ventanilla para enviar una carta certificada. Es un señor chino, o japonés, o coreano, y veo que se parece extraordinariamente a Bruce Lee, el rey de las artes marciales de mi adolescencia. Hasta sonríe como sonreía él. Furia oriental, Operación Dragón. Recuerdo el cine Astoria, las butacas rojas, las sesiones dobles y continuas de los domingos. La oscuridad, los sueños. El acomodador que se cabreaba y apuntaba con la luz de la linterna a los que alborotaban. Las risas. La música, Laura Antonelli en las películas italianas. La vida, que hierve. Los sueños. La carta, que pesa, que franqueo, que cobro. Bruce Lee, que se marcha.

sábado, marzo 29, 2008

Diario
Hay alguien en la oficina que escribe su diario en páginas sueltas y luego las deposita en el cajón del papel reciclado. No hay tachones en esas páginas. Las escribe con método, diariamente. Las numera. A veces son solo unas frases. Calculo que debe llevar cerca de 20 años en la empresa. Va por el día numero 6.103. Sabe que yo leo esos folios escritos con letra. Cuando se acercan las vacaciones dibuja soles y corazones, casitas con humo en la chimenea. Intento averiguar quién es, pero me resulta imposible.
Esto es lo que escribió ayer:
UNO. Cincuenta personas hasta las 11 de la mañana. La gente no se enfada por guardar cola. La gente apoya los brazos en el mostrador y se muestra amigable.
DOS. La señora que envió dinero a Uruguay sonreía de una forma esplendorosa. Dijo que el cambio del dólar está por los suelos. Venía con su hija, que mascaba chicle.
TRES. El sol dio en los cristales del vestíbulo desde las 11:15 hasta las 14:23. Parecía que flotaba un polvillo de oro en todo el recinto.
CUATRO. Ya hay gente que envía giros para reservar apartamentos para el puente de mayo. Me gusta.
CINCO. El cartel publicitario en el que se promete la bicicleta de Bahamontes si abres una libreta de ahorro se ha descolgado. Ahora parece un monociclo amarillo.
SEIS. Casi son las tres. La balanza tiene una tara de 3 gramos.

lunes, marzo 24, 2008

Trabajo
Llegué tarde al trabajo. Agarré un par de folios, paseé por los pasillos mesándome los cabellos como si ya llevara un par de horas allí. Hablé sólo, en voz baja pero audible. Dije, por ejemplo: “me va a oír, me va a oír”. O: “si no cumple sus plazos que no nos pida el compromiso de la lealtad”.
Un botón de mi camisa cayó al suelo y rodó unos metros como si fuera una rueda. Mi primer impulso fue ir tras de él, pero luego comprendí la insignificancia del empeño.
A la máquina del café le brillaban los ojos. Decía “introduzca importe exacto” con letras rojas y demasiado brillantes.
Volví. Me senté en la silla, la arrimé a la mesa. Pulsé el interruptor del monitor e introduje mi clave de acceso. Le di los buenos días a mi compañera. No pude evitar mirar sus pechos. Pensé en lirios, en paisajes hermosos, en abejorros. Creo que estuve veinte segundos con la vista en los pliegues de su camisa, añorando la profundidad del mar, los cielos azules y sin nubes. Me prometí: que no volvería a mirar sus tetas con tanta fijación, que hoy no desayunaría café con churros, que mañana me afeitaría, que sonreiría a la primera persona que llegara gritando, que buscaría en el diccionario las palabras sinergia, jalbegar y cilla.

domingo, enero 27, 2008

Señora Emilia
La señora Emilia es la señora de la limpieza. Verla trajinando con el trapo entre los teclados y los monitores, dejando un rastro de olor a pino por donde pasa, produce una especie de alivio mañanero, como un linimento aplicado al alma. Diligente y dicharachera, pasa el mocho y habla de los hijos y los sinsabores que produce el que se hagan mayores. Recoge clips, ordena folios, desarma cajas de cartón, y cuenta que su marido siempre está de mal humor.
La señora Emilia ha terminado. Recoge una enorme bolsa de basura negra y se la echa al hombro. Me mira, sonríe y dice que abulta mucho, pero no pesa nada. La basura de esta oficina no pesa nada, repite. Nada.

miércoles, enero 23, 2008

Laboral
Rellenar formularios en horario laboral es como cavar tu propia tumba con cucharillas de café.

sábado, septiembre 22, 2007

Ventanilla (VIII)
La señora es cubana. Lo sé porque lo dice unas cuantas veces. Quiere enviar un giro a su hijo, que está en Italia.
Introduzco los datos en el sistema informático, pero al llegar a “datos del remitente”, la señora insiste en decirme que ella es la viuda de Arrubarrena y nada más. No consiente en decir su nombre y apellidos. Le digo que si por cualquier causa el giro se devuelve ella no podría cobrarlo con ese dato en el formulario, que añada nombre y apellidos. Dice que se arriesgará a ello, pero que no los dirá. Solo viuda de Arrubarrena.
Se imprime el formulario. Le digo que lea con atención los datos, por si hay alguno que no sea exacto, y que si está de acuerdo, firme abajo a la derecha. Lo mira y lo remira, y después firma. Lo hace con extremo cuidado. Como viuda de Arrubarrena, como es natural.

jueves, septiembre 20, 2007

Ventanilla (VII)
Aflora en mí un sentimiento de alegría (que parece salvar la mañana) cuando el niño tan pequeño, sentado por su madre en el mostrador mientras rellena el impreso, agarra el bolígrafo y lo tira por encima de mi cabeza hasta ir a dar con un sonido hueco en la pared de atrás.

miércoles, septiembre 19, 2007

Ventanilla (VI)
El anciano quiere enviar una carta a la Seguridad Social de Ginebra. Es un sobre de color ocre, con la dirección impresa. Lo pone sobre el mostrador y me habla en voz baja. “Es para los suizos. Es la fe de vida”, dice, “la mando cada seis meses para que sepan que la pensión se la pagan a un vivo”.
Me ruega que rellene el formulario del certificado porque no sabe escribir. “Por suerte o por desgracia no sé escribir”, comenta. “Últimamente creo que es por suerte”.

martes, septiembre 18, 2007

Ventanilla (V)
La impresora no funciona y no imprime el informe. Parpadean sus dos lucecitas y parece reírse del trabajo de toda una mañana. Casi me alegro.

domingo, septiembre 16, 2007

Ventanilla (IV)
La jovencita quiere que la carta llegue con urgencia. Va dirigida al Módulo I de una prisión. Al pegar el sello veo que en el ángulo inferior derecho pone: “No hagas caso de esos malos rollos. Tu hijo y yo seguimos queriéndote mucho”.

sábado, septiembre 15, 2007

Ventanilla (III)
El hombre es joven, fuerte, con una mirada dura y unos gestos de bestia salvaje. Lo que más llama la atención de él es que habla muy poco el castellano, se expresa con dificultad, no soy capaz de entender qué es lo que desea, pero cada cinco palabras intercala entre ellas la expresión “la madre que me parió”. Eso lo pronuncia perfectamente.

viernes, septiembre 14, 2007

Ventanilla (II)
Hay ocasiones en los que se cae el sistema. No hablamos del capitalismo, ni de aquella revolución pendiente que nunca llegó. Hablamos simplemente de que los ordenadores no funcionan y de que el sistema ha caído. En la pantalla pone Error Server 540.