Los libros de texto de nuestros hijos están hechos con las cenizas de nuestra infancia.
*****
Todo evoluciona menos el material escolar de nuestros hijos (compás, ceras Manley y lápices Alpine).
domingo, septiembre 26, 2010
viernes, septiembre 24, 2010
Jornada laboral
Cuanto más cansancio laboral, cuanto más hastío, más me fijo en los escotes femeninos.
Los escotes de las mujeres que cruzan el vestíbulo, que se acercan al mostrador para enviar una carta o un giro son el precipicio deseado, ideal, de la jornada.
Los escotes de las mujeres que cruzan el vestíbulo, que se acercan al mostrador para enviar una carta o un giro son el precipicio deseado, ideal, de la jornada.
miércoles, septiembre 22, 2010
Mosca
Viene un señor a Correos para enviar un giro. Su hijo, que está en Tenerife y ha perdido la cartera, o se la han robado, que necesita el dinero. Viene con una mosca a la altura de sus ojos. Lo sé porque le veo espantarla con las manos mientras espera su turno.
Luego, mientras me dicta los datos para el giro me dice que la mosca lleva con él desde primera hora de la mañana, y son casi las dos. Intenta espantarla de nuevo. Le digo que qué raro, porque ya parece que no hace calor para moscas. Ya, contesta, pero aquí me tienes, con ella. No me abandona. Y manotea de nuevo, ahora con una mano y después con la otra.
Intento animarle diciéndole que he oído que la vida de las moscas no sobrepasa las veinticuatro horas.
No sé yo esta, no sé yo… Dice mientras firma el impreso, paga, y sale de Correos con la mosca tras él.
Luego, mientras me dicta los datos para el giro me dice que la mosca lleva con él desde primera hora de la mañana, y son casi las dos. Intenta espantarla de nuevo. Le digo que qué raro, porque ya parece que no hace calor para moscas. Ya, contesta, pero aquí me tienes, con ella. No me abandona. Y manotea de nuevo, ahora con una mano y después con la otra.
Intento animarle diciéndole que he oído que la vida de las moscas no sobrepasa las veinticuatro horas.
No sé yo esta, no sé yo… Dice mientras firma el impreso, paga, y sale de Correos con la mosca tras él.
lunes, septiembre 20, 2010
Domingos
La gente se queja de los domingos. Los domingos son para descansar del fin de semana, y para esperar la semana que viene, que llega, que está ahí, a horas vista, al final del precipicio. Los domingos son una especie de tiempo muerto. Yo creo que los domingos amanecemos con ojeras más desmejoradas, si cabe.
Yo todavía sigo haciéndome propósitos los domingos. Con lo mayor que voy siendo y no escarmiento. Todos los días me propongo cosas que al minuto siguiente, al día siguiente, cumplo, pero los domingos más y con más intensidad. Me propongo un horario para escribir, me propongo no beber demasiado para acabar con la barriga cervecera, me propongo dedicarme cierto tiempo a mí mismo, me propongo pedalear en la bici estática. Nunca lo cumplo, nunca cumplo nada.
Pero todos los domingos me parece que el lunes comenzará una nueva etapa en mi vida.
Yo todavía sigo haciéndome propósitos los domingos. Con lo mayor que voy siendo y no escarmiento. Todos los días me propongo cosas que al minuto siguiente, al día siguiente, cumplo, pero los domingos más y con más intensidad. Me propongo un horario para escribir, me propongo no beber demasiado para acabar con la barriga cervecera, me propongo dedicarme cierto tiempo a mí mismo, me propongo pedalear en la bici estática. Nunca lo cumplo, nunca cumplo nada.
Pero todos los domingos me parece que el lunes comenzará una nueva etapa en mi vida.
viernes, septiembre 17, 2010
Buenas noches
Me parece que algo significará este trajín de cables para recargar toda clase de móviles, cámaras y demás utensilios. No sé qué clavija encaja en qué enchufe ni en qué aparato. Ni siquiera atino a desenredar los cables. Podría, pero me parece una tarea descomunal, a estas horas de la noche.
Miro en la encimera esa porción de tortilla de patatas que sobró de la cena. Parto un trocito, me lo echo a la boca y, con ese gesto, me doy las buenas noches.
Miro en la encimera esa porción de tortilla de patatas que sobró de la cena. Parto un trocito, me lo echo a la boca y, con ese gesto, me doy las buenas noches.
miércoles, septiembre 15, 2010
Fuego lento
Se echa el aceite y se calienta. Mientras, se pica finamente el puerro y la cebolla.
Se sofríe.
Se pica en la tabla la calabaza y la patata. Muy finamente, una y otra vez, pum-pum-pum, con el cuchillo sobre la tabla, finamente, una y otra vez, pum-pum-pum, hasta que casi se desintegren, la calabaza y la patata, finamente, pum-pum-pum, el cuchillo en la tabla, hasta que, poco a poco, se te pase el cabreo….
Tampoco es para tanto. Pero, por si acaso, pum-pum-pum, se pica otro poquito.
Luego se echa todo a la cazuela y que hierva veinte minutos a fuego lento, todo tapado.
Se sofríe.
Se pica en la tabla la calabaza y la patata. Muy finamente, una y otra vez, pum-pum-pum, con el cuchillo sobre la tabla, finamente, una y otra vez, pum-pum-pum, hasta que casi se desintegren, la calabaza y la patata, finamente, pum-pum-pum, el cuchillo en la tabla, hasta que, poco a poco, se te pase el cabreo….
Tampoco es para tanto. Pero, por si acaso, pum-pum-pum, se pica otro poquito.
Luego se echa todo a la cazuela y que hierva veinte minutos a fuego lento, todo tapado.
martes, septiembre 14, 2010
Domingo, mediodía
El domingo vuelve la gente de misa e interroga Ramón a su mujer: ¿Cómo está Dios? ¿Te ha preguntado por mí? ¿Se ha enterado de lo de la semana pasada? Si acaso, dile que ya iré a confesarme.
Y Ramón se toma el vermucito con torreznillos, sonriendo, en la confusión de la barra.
Y Ramón se toma el vermucito con torreznillos, sonriendo, en la confusión de la barra.
lunes, septiembre 13, 2010
Pueblo (IV)
Ay, este anciano tan digno que cuando habla de su infancia recuerda al patrón como “amo”. Es que mi amo me pagaba los viernes. Mi amo tenía no sé cuántas tierras en arriendo.
Este hombre que se casó con veinte años y se hizo libre.
Este hombre que recuerda lo del rayo en la era, o lo de los cien gansos que llevó a vender a Madrid, o lo de la máquina de hacer fideos que inventó.
Este anciano que entre hijos, nietos y bisnietos en los días de fiesta cuenta veintinueve a la mesa y antes eran treinta y por eso se le humedecen los ojos.
Este hombre que se casó con veinte años y se hizo libre.
Este hombre que recuerda lo del rayo en la era, o lo de los cien gansos que llevó a vender a Madrid, o lo de la máquina de hacer fideos que inventó.
Este anciano que entre hijos, nietos y bisnietos en los días de fiesta cuenta veintinueve a la mesa y antes eran treinta y por eso se le humedecen los ojos.
lunes, junio 28, 2010
Pueblo (II)
7.-
En el comercio hay de todo, desde legumbres hasta fiambres, pasando por verdel frito y envasado en cubas de madera. Cuelgan detrás del carnicero enormes piezas de panceta, morcillas negras emparejadas, costillares brillantes. Parte el hombre las chuletas como si se despidiera de ellas una a una, y las lengüetea con el cuchillo, colocándolas sobre el papel.
8.-
“Va a llover a lo burro”. “La que va a caer no nos la quita nadie”. Amenaza tormenta y se ven relámpagos a lo lejos. El hortelano mira al cielo con el azadón al hombre. No suda, pero hace el ademán de limpiarse el sudor. Este hombre se limpia el sudor como yo me como las uñas: por costumbre. (Toda la vida sudando). Caen las primeras gotas, que parecen horadar el suelo.
9.-
Noche cerrada. Huelen todavía a verde los sarmientos y no hacen humo blanco, porque son de este año. Entre dos acercan la parrilla al fuego. Huelen las chuletas. Parece que finalmente no lloverá.
El vino de la jarra está fresco. El primer trago es el que lima la aspereza de la garganta. Todos los días deberían acabar así.
En el comercio hay de todo, desde legumbres hasta fiambres, pasando por verdel frito y envasado en cubas de madera. Cuelgan detrás del carnicero enormes piezas de panceta, morcillas negras emparejadas, costillares brillantes. Parte el hombre las chuletas como si se despidiera de ellas una a una, y las lengüetea con el cuchillo, colocándolas sobre el papel.
8.-
“Va a llover a lo burro”. “La que va a caer no nos la quita nadie”. Amenaza tormenta y se ven relámpagos a lo lejos. El hortelano mira al cielo con el azadón al hombre. No suda, pero hace el ademán de limpiarse el sudor. Este hombre se limpia el sudor como yo me como las uñas: por costumbre. (Toda la vida sudando). Caen las primeras gotas, que parecen horadar el suelo.
9.-
Noche cerrada. Huelen todavía a verde los sarmientos y no hacen humo blanco, porque son de este año. Entre dos acercan la parrilla al fuego. Huelen las chuletas. Parece que finalmente no lloverá.
El vino de la jarra está fresco. El primer trago es el que lima la aspereza de la garganta. Todos los días deberían acabar así.
domingo, junio 06, 2010
Pueblo
1
Al llegar está el camión del pescadero en la plaza, y las mujeres preguntan, miran, porfían y compran. Señalan. En los pueblos se señala con el dedo de una forma espectacular, como si el dedo fuera el solista de un gran ballet.
Desde su entrada en el pueblo persiguen al camión del pescadero unos cuantos perros que husmean a unos metros. Deberían ser gatos los que persiguieran al camión del pescadero, pero no, son perros. Uno de ellos es tuerto.
2
Benito ha retejado. Su familia ha venido hoy de Madrid para ayudarle a plantar unos puerros para el verano, dice él, con sus ochenta años a cuestas. Buena gente. Varias generaciones haciendo surcos en la tierra.
Benito utiliza palabras exquisitas. Ignominia, por ejemplo, se la oí un día que contaba sus primeras experiencias como agricultor
Benito tiene párkinson, pero todavía se atreve a cortar leña (siempre que sea a primera hora de la mañana).
3
Salimos de tomar unas cañas en el bar. Son las tres de la tarde y, por la acera, de camino a casa, nos arrimamos a las paredes de las casas para buscar la sombra. Vemos una lagartija que corre. Luego otra, y otra.
4
Me gusta leer en la hora de la siesta en estas camas enormes, de príncipes rurales. Tres páginas después me duermo.
5
En el patio hay unas tomateras y un par de matas de calabaza. Un laurel enorme, altísimo. Dos parras. Una higuera canija. Un pozo, una lata de Atún El Velero atada a una cuerda. Suena la lata en el agua del pozo y solo oírla ya refresca. ¿Cuántos años tendrá la lata? ¿Cuántas latas necesitará el riego de cada tomatera? ¿Cuándo comeremos tomates? ¿Nos picarán las avispas que rondan el agua fresca?
6
Anochece. Paseamos por el monte. Huele a tomillo. Todo está verde. Hay lugares frondosos, impenetrables. Me pican mil bichos. Uno de ellos me hace una roncha en la sien. Parezco Frankenstein.
Al llegar está el camión del pescadero en la plaza, y las mujeres preguntan, miran, porfían y compran. Señalan. En los pueblos se señala con el dedo de una forma espectacular, como si el dedo fuera el solista de un gran ballet.
Desde su entrada en el pueblo persiguen al camión del pescadero unos cuantos perros que husmean a unos metros. Deberían ser gatos los que persiguieran al camión del pescadero, pero no, son perros. Uno de ellos es tuerto.
2
Benito ha retejado. Su familia ha venido hoy de Madrid para ayudarle a plantar unos puerros para el verano, dice él, con sus ochenta años a cuestas. Buena gente. Varias generaciones haciendo surcos en la tierra.
Benito utiliza palabras exquisitas. Ignominia, por ejemplo, se la oí un día que contaba sus primeras experiencias como agricultor
Benito tiene párkinson, pero todavía se atreve a cortar leña (siempre que sea a primera hora de la mañana).
3
Salimos de tomar unas cañas en el bar. Son las tres de la tarde y, por la acera, de camino a casa, nos arrimamos a las paredes de las casas para buscar la sombra. Vemos una lagartija que corre. Luego otra, y otra.
4
Me gusta leer en la hora de la siesta en estas camas enormes, de príncipes rurales. Tres páginas después me duermo.
5
En el patio hay unas tomateras y un par de matas de calabaza. Un laurel enorme, altísimo. Dos parras. Una higuera canija. Un pozo, una lata de Atún El Velero atada a una cuerda. Suena la lata en el agua del pozo y solo oírla ya refresca. ¿Cuántos años tendrá la lata? ¿Cuántas latas necesitará el riego de cada tomatera? ¿Cuándo comeremos tomates? ¿Nos picarán las avispas que rondan el agua fresca?
6
Anochece. Paseamos por el monte. Huele a tomillo. Todo está verde. Hay lugares frondosos, impenetrables. Me pican mil bichos. Uno de ellos me hace una roncha en la sien. Parezco Frankenstein.
sábado, junio 05, 2010
Pasos
Vivo en un piso noveno. Esta tarde estaba leyendo en la terraza La marca de Creta, un libro de cuentos de Oscar Esquivias. Juro que desde el noveno he oído el sonido de las sandalias de mi hija al llegar al portal. He distinguido el trote infantil de sus pasos. Poco después han llamado a la puerta, y era ella, con su madre. He cerrado el libro, alegre porque volvían.
jueves, junio 03, 2010
Obra
De qué puedo quejarme si fuimos nosotros los que les invitamos a pasar. Prometieron que tardarías tres días, cuatro como máximo. Llegaron como si procedieran de muy lejos, cargados con sus bártulos, y en un momento se hicieron los amos. Miraban como si de ellos dependiera la felicidad de una porción amplia de la humanidad.
Mientras trabajaban abrieron cajones, manosearon libros, olieron colonias y untos. Hasta se permitieron aconsejarnos sobre la forma de alimentar a Pelusa, nuestro hámster.
Vivimos fuera de casa no tres días, como nos habían prometido, sino casi dos semanas, porque surgieron problemas. Finalmente la instalación eléctrica de la casa se completó y renovó. Las ventanas antiguas fueron reemplazadas por las nuevas, oscilo-batientes y con rotura de puente térmico. Lo malo es que al renovar la instalación eléctrica los electricistas destruyeron el cable de internet, lo cortaron, y no nos dimos cuenta hasta que se hubieron ido. Era fin de semana. Intenté colocarlo de nuevo, y con el intento me cargué las llamadas telefónicas. Al final logré pasar uno de los trozos del cable por la ventana de la terraza. Así estamos ahora, con un cable gordo que cuelga de una ventana oscilo-batiente con rotura de puente térmico, sin poder cerrarla ni abrirla, esperando que uno de estos días vuelvan a colocarlo en su sitio. Parecer ser que habrá que hacer otro agujero en la pared. Pero ya no estamos aislados.
Mientras trabajaban abrieron cajones, manosearon libros, olieron colonias y untos. Hasta se permitieron aconsejarnos sobre la forma de alimentar a Pelusa, nuestro hámster.
Vivimos fuera de casa no tres días, como nos habían prometido, sino casi dos semanas, porque surgieron problemas. Finalmente la instalación eléctrica de la casa se completó y renovó. Las ventanas antiguas fueron reemplazadas por las nuevas, oscilo-batientes y con rotura de puente térmico. Lo malo es que al renovar la instalación eléctrica los electricistas destruyeron el cable de internet, lo cortaron, y no nos dimos cuenta hasta que se hubieron ido. Era fin de semana. Intenté colocarlo de nuevo, y con el intento me cargué las llamadas telefónicas. Al final logré pasar uno de los trozos del cable por la ventana de la terraza. Así estamos ahora, con un cable gordo que cuelga de una ventana oscilo-batiente con rotura de puente térmico, sin poder cerrarla ni abrirla, esperando que uno de estos días vuelvan a colocarlo en su sitio. Parecer ser que habrá que hacer otro agujero en la pared. Pero ya no estamos aislados.
viernes, mayo 21, 2010
Sueños
Se acuesta uno tan tranquilo. Se mete uno entre las sábanas como el más inocente de los seres humanos y amanece con la mente obnubilada y sucios los pensamientos, tras unos sueños perturbadores, que a ratos parecen durar un segundo y a veces mil horas. Son sueños en los que te despeñas por precipicios negros o cometes actos impuros; sueños en los que sientes el sudor frío en tu frente o en los que te relames admirando lo que siempre despreciaste.
Suena el despertador y te levantas de un salto. Sientes durante un segundo las piernas rígidas y la boca con demasiada saliva. Pero sabes entonces, al preparar el café con galletas, que ese mejunje te salvará de todo, y que cumplirás tus obligaciones. Acabará la jornada laboral. Llegarás por la noche cansado a la cama.
Suena el despertador y te levantas de un salto. Sientes durante un segundo las piernas rígidas y la boca con demasiada saliva. Pero sabes entonces, al preparar el café con galletas, que ese mejunje te salvará de todo, y que cumplirás tus obligaciones. Acabará la jornada laboral. Llegarás por la noche cansado a la cama.
miércoles, mayo 19, 2010
Viaje
Vuelvo de hacer la compra, con las bolsas en la mano, y me encuentro a una amiga a la que hace tiempo que no veo. Suelto las bolsas en el suelo y hablamos. Interrumpimos el paso de la gente en la acera y ella agarra mi brazo suavemente para que nos retiremos. Le pregunto por cómo le va la vida y ella me contesta. Me cuenta. Al rato ella sigue hablando, y hablando, y hablando, extendiéndose en detalles completamente superfluos. Me fijo en sus labios, que no paran. ¿Y respirar? ¿Cuándo respira? No me deja intervenir, ni siquiera puedo colocar en la conversación un triste monosílabo. Yo pienso en todas las cosas que tengo que hacer. Me gustaría evadirme. Montar en una nave espacial y surcar el espacio sideral en busca de otros planetas, otros universos. Imaginemos que la bolsa en la que va el pan es el fusil para partículas de verborragia, y que la otra, con la fruta, contiene el acelerador de mentes unívocas. Voy bien pertrechado en mi nave espacial contra este tipo de gente, habitantes de cualquier Pandora de pacotilla. Ah, pero ahora me habla de la salud de su suegra, que, por lo visto, será intervenida quirúrgicamente de varices en breve tiempo (está diciéndome que el cirujano tiene bigote).
lunes, mayo 17, 2010
Ventanilla
Una pareja de ancianos quiere enviar una carta a Suiza. Preguntan cómo mandarla. Si certificada, si urgente, si ordinaria. Digo que depende de lo que vaya dentro. Contestan que son papeles importantes. Lo que contiene el sobre es la fe de vida anual, para que puedan seguir cobrando la pensión. Me ruegan que les rellene el impreso. Él se recuesta en el mostrador. Habla ella mientras escribo. “Rellena tú el impreso, hijo. Vemos menos que una polla envuelta en un trapo. Mándalo certificado, no sea que se pierda. Es que a ellos les daría una alegría si supieran que estamos muertos. Unos francos menos que pagarían. Estuvimos un montón de años allí. Qué gente tan limpia. Eran tan limpios que no querían tener nada que ver con nosotros. Decían que gritábamos en los autobuses y que tirábamos las colillas al suelo. Ellos no. Ellos eran limpios, limpios como la patena. Hasta la manguera para regar el jardín la manejaban como unos señores”.
jueves, mayo 13, 2010
Recuerdo
Han pasado unas semanas y todavía recuerdo la sensación. La perfección del momento, la felicidad del placer sencillo. Me dije entonces que escribiría sobre ello y ahora, días después, lo hago:
Primera hora de la mañana, en el pueblo. Estoy solo, sentado en el merendero, frente a la ventana. Fuera, en el patio, hace frío. O no es exactamente frío, es fresco. Anoche llovió. El merendero está caliente. Huele a la leña quemada anoche. En la enorme mesa de madera en la que me apoyo quedan restos de la celebración del cumpleaños de A. con sus amigas (globos, porciones de pizza, palomitas). Hay también un frutero en el que relucen naranjas, manzanas y un solitario kiwi. Lo más importante es que el sol que entra por la ventana me da en la cara. Es un sol que no pica y sí acaricia. Brilla. Arrimo un poco más la silla, para que no perder nada de su luz y calor. Tengo todavía en la boca el sabor del café recién tomado. Estoy releyendo las últimas páginas de los diarios de Cheever. Son palabras tristes, descreídas. Le comprendo, comprendo lo que dice, porque sabe decirlo. Cierro el libro. Esto es admiración. Qué bien escribe. Las tapas del libro son preciosas. El sol sigue acariciando mi cara.
Primera hora de la mañana, en el pueblo. Estoy solo, sentado en el merendero, frente a la ventana. Fuera, en el patio, hace frío. O no es exactamente frío, es fresco. Anoche llovió. El merendero está caliente. Huele a la leña quemada anoche. En la enorme mesa de madera en la que me apoyo quedan restos de la celebración del cumpleaños de A. con sus amigas (globos, porciones de pizza, palomitas). Hay también un frutero en el que relucen naranjas, manzanas y un solitario kiwi. Lo más importante es que el sol que entra por la ventana me da en la cara. Es un sol que no pica y sí acaricia. Brilla. Arrimo un poco más la silla, para que no perder nada de su luz y calor. Tengo todavía en la boca el sabor del café recién tomado. Estoy releyendo las últimas páginas de los diarios de Cheever. Son palabras tristes, descreídas. Le comprendo, comprendo lo que dice, porque sabe decirlo. Cierro el libro. Esto es admiración. Qué bien escribe. Las tapas del libro son preciosas. El sol sigue acariciando mi cara.
lunes, mayo 10, 2010
Historias del paro (y XVIII)
Salimos a tomar unas cañas. Hace buen tiempo. La gente está en la calle. Miles de niños corren en bicicleta por las aceras. Perros defecan por riguroso turno, pues no hay sitio suficiente para que todos dejen su zurullo al mismo tiempo. (Hay uno de raza siberiana, con mucho pelo, que parece estornudar. Otro, demasiado canijo, ladra, y cuando ladra se queda suspendido en el aire unos segundos, como si volviera de un viaje astral). El polen de los árboles pulula por ahí, y se deposita en el capó de los coches, en el corazón de las gentes, en mi garganta.
Nos sentamos en una terraza a tomar unas cañas. Calculo cuántas barras de pan compraría con el dinero que nos gastaremos hoy. Cuántos litros de leche. Cuánta carne para guisar.
Rellenar una primitiva, quizás.
Nos sentamos en una terraza a tomar unas cañas. Calculo cuántas barras de pan compraría con el dinero que nos gastaremos hoy. Cuántos litros de leche. Cuánta carne para guisar.
Rellenar una primitiva, quizás.
miércoles, mayo 05, 2010
Historias del paro (XVII)
El Mercado, la Deuda, la Prima de Riesgo, la Eurozona, el Parqué Europeo, el Ibex 35, el contagio griego. ¿El contagio griego? El 3x1 en droguería, 1 de filetes de pollo + regalo de 1 de contramuslos, la derrama de la comunidad de vecinos, el seguro del coche, las gafas del pequeño. La concentración de las Cajas, la calidad crediticia, la regulación del Mercado, los Bonos basura. La tarifa plana de internet, la mochila rota del mayor, el pescado congelado, la cuenta del teléfono móvil.
martes, mayo 04, 2010
Historias del paro (XVI)
Primero preparo el desayuno para los niños. Cuando se marchan al colegio hago las tareas de casa, que Lidia deja anotadas en la encimera de la cocina. Aireo las habitaciones, paso la aspiradora. Luego dedico un par de horas diarias a enviar currículos por correo electrónico, a consultar ofertas de trabajo por internet. A media mañana acabo viendo páginas pornográficas, tomándome un par de cervezas, triste, solo, esperando la vuelta de los chicos para poner al fuego la cazuela de la comida. Me asomo a la ventana. A veces veo a Javi, el vecino, que vuelve de correr. Hasta en chándal tiene pinta de estar en paro.
domingo, mayo 02, 2010
Historias del paro (XV)
Con este calor parece que el verano se aproxima. Las vacaciones escolares llegarán pronto. No tenemos dinero. No podremos salir de vacaciones. Hace calor. La ventana está abierta. Lidia continúa con las piernas abiertas. Me arranco el preservativo.
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