domingo, julio 19, 2009

Vacaciones


Preparamos el viaje a la playa. El equipaje. Busco en Google la forma de llegar.

Yo elijo tres libros y los meto en la maleta, a escondidas. También me acuerdo de las pastillitas para la diarrea, que uno es propenso.

Mi hija hace el traspaso de poderes. Le cede sus dos hámsters y su pareja de canarios al vecino. En un par de folios van todas las instrucciones, con diagramas y calendario incluido. No sospecha este niño que se hace cargo de estos bichos cuánto se lo agradecemos.
Es de noche. Acabamos con los restos que hay la nevera. Unos tomates, anchoas, queso. Unas croquetas congeladas.

Hoy ya estábamos en nuestra casa de forma provisional.
Hasta la vuelta.



viernes, julio 17, 2009

Ellas

Ellas se van a las rebajas como el que va a la guerra, en grupo y en fila de a tres, con la Visa como bayoneta.

Ellas compran bikinis, bañadores y camisetas, y lo meten todo en bolsas de asas grandes. Pasean entre los maniquís de mirada fija. Husmean entre perchas. Las yemas de sus dedos rozan una costura, un ojal, un botón.

Se introducen en el probador y todos querríamos ser acariciados como ellas acarician lo que se colocan sobre sí. Están en una nave espacial, el pestillo echado. Se enfrentan a su mirada en el espejo. Susurran, y nadie las oye.

jueves, julio 16, 2009

Sola

La mujer se ha separado. Está en batallas legales con el marido. Le reclama, un burofax tras otro, como le ha indicado el abogado, ayuda económica y aclaración del régimen de visitas. Lo está pasando mal, y con ella, sus dos hijas. La conocemos a través de una de ellas, que durante todo el curso ha tenido problemas escolares.

Ahora está mirando el escaparate de una perfumería. Con la más pequeña de sus hijas. Están las dos de espaldas. Es una mujer a la que le va bien estar de espaldas, pienso. Se echa la vida a las espaldas. Resiste. Reclamamos su atención y se alegra de vernos. Nos dice que está bien. Trabajaba, pero ya no. Se acabó el contrato. Que va a ir con la niña a ver la película de Harry Potter. Que está haciendo tiempo hasta que comience la sesión. Que le gusta mirar el escaparate de la perfumería.

miércoles, julio 01, 2009

Miércoles


Este calor tremebundo, que consigue desquiciar a cualquiera, nos empuja a la ducha. Cae el agua un buen rato y luego, tras secarnos sin mucho interés, salimos a la terraza a ver cómo vuelan o planean en el cercano horizonte de los bloques de enfrente los vencejos o las golondrinas o los pájaros que sean. Parece que no se cansan, parece que van en pareja. Hay muchos ahora, al anochecer ¿Dónde se meterán a la hora del calor? Parecen cometas que volaran sujetas por un hilo invisible.
Martes

De compras en una enorme tienda de deportes. Mi hija, que tiene once años, se marcha de campamento. Brújula, saco de dormir, linterna, chubasquero, bronceador, repelente para los insectos. Practicará piragüismo, senderismo, escalada, etc. Después, cuando vuelva, irá a la playa, más tarde al pueblo, con su abuela, porque sus padres tendremos que trabajar. Hoy mismo ha ido a la piscina.

El otro día no quisimos llevarla al cine. Se enfadó y dijo: “Es que no lo comprendéis, pero NECESITO vivir mi juventud”.

lunes, junio 29, 2009

Lunes

Horario laboral. Ser extremadamente educado, sobre todo con quien más lo merece: inmigrantes que acuden a enviar o recibir dinero, ancianos que envían cartas como botellas de náufragos, oficinistas estresados con montones de correspondencia para franquear.

En el desayuno, conversaciones sobre la crisis económica, fabulosa e indiscriminada, que nos azota. El mundo está lleno de eruditos y moralistas que lo arreglarían todo con facilidad. Son, sospecho, los que más han contribuido a que esto esté así. Y siguen zampando bollos.

domingo, junio 28, 2009

Domingo

Mañana de domingo. Estoy preparando el desayuno. Por las ventanas que estuvieron abiertas toda la noche entra todavía el fresco, aunque el sol esté ya en lo alto. Huele a café. Y, aunque parezca mentira, y estando a más de 400 kilómetros del mar, el aire huele a sal, a arena de playa, a bronceador.

miércoles, junio 24, 2009

Cita

Desde que inventaron el bidé y la máquina de cortar, los coños y el jamón no saben igual.
Fernando Quiñones

sábado, junio 20, 2009

Edad


El novelista norteamericano Wallace Stegner escribió En lugar seguro, la que es su obra maestra, a los 78 años de edad. Esa monumental novela, que estoy devorando, fue la culminación de toda una obra y de toda una vida, así está reconocido por la crítica. Qué fuerza. Lo imagino corriendo unos kilómetros todas las mañanas, inspirando, aspirando, inspirando, aspirando, antes de ponerse a escribir esas páginas asombrosas.
Yo he cumplido ya cuarenta y cinco y noto que esa energía que debería acompañar a la mínima sabiduría que da la edad no está conmigo. Me canso, y hasta me cuesta descansar.

viernes, junio 19, 2009

Verano


Este tiempo de tormentas, con cielos oscuros al atardecer, con aguaceros imprevistos día sí, día no, consigue mantenernos a la espera, al acecho. Queman los días, queman las aceras. Ahí fuera hay un rotundo muro que es necesario franquear. Esperamos: el fresco, las vacaciones, lo nuevo.

domingo, junio 14, 2009

Fiestas


Las fiestas patronales. Los caballitos, el tren de la bruja, el pincho moruno. Las risas de los niños. Los fuegos artificiales.

Pero nadie, absolutamente nadie, debería ser obligado por la urgencia a visitar esos urinarios portátiles que instalan a las afueras de los recintos feriales.

martes, junio 09, 2009


Ducha
Cerré la puerta del cuarto de baño tras de mí. Eché el cerrojo. Abrí el grifo y gradué el agua caliente. Sonaba la música en el aparato de radio. La mampara se llenó de pequeñas gotitas que rebotaban desde la bañera. Un día muy largo, pensé. Comencé a desnudarme.
—Cariño, ¿estás bien?— preguntó ella desde fuera con su voz dulce, que lo envuelve todo, como papel de regalo, vaya por donde vaya.

Dije que iba a ducharme. No necesitaba toalla. No necesitaba nada. Si acaso un poco de soledad, allí dentro. Me miré reflejado en el espejo y estuve tentado de golpear mi frente contra él. No un golpe fuerte, no, pero sí uno leve, seco y contundente, a ver si se me ordenaban las ideas.

Pensé en el instituto. Un timbre y una escalera. Un campo de fútbol sin porterías y otro de baloncesto con una sola canasta. Profesores y compañeros. Una profesora con falda que se sentaba en su silla y pedía el análisis sintáctico de una frase como el sediento que pide agua, y cruzaba las piernas y ese momento era la eternidad. Un profesor que hablaba del arte griego y las columnas dóricas y yo veía la nuca de Julia, y ella miraba hacia atrás como si la hubiera llamado y en el movimiento de su cuello se mezclaban las declinaciones latinas con las derivadas matemáticas, la revolución rusa con el románico tardío.

Me metí en la bañera. El agua caliente golpeaba mi cara, mi frente, mis párpados. Oí de nuevo su voz fuera, tras la puerta, casi pegada a ella. De nuevo preguntó si necesitaba algo. Repetí que no, ya un poco cansado de su insistencia.

Pensé en el sonido del timbre, a la salida de clase. Qué confusión, aquello era como el agua que hierve. Sillas que se movían, pequeños terremotos en los pasillos. Julia con los libros abrazados sobre su pecho y mis ganas de llorar. Todos corriendo, escaleras abajo. Alegría. Eran otros tiempos. No como ayer por la mañana, a la salida de la reunión. Con la cabeza baja. De nuevo me gané una bronca del jefe del departamento. Delante de todos. Balances, expectativas, cuenta de resultados. Que soy un inepto, que vaya buscando otro trabajo. Vaya puta mierda. Decidí mientras me duchaba, mientras el agua chorreaba sobre mí que mi vida debía dar un giro, sí.

miércoles, junio 03, 2009


Colombo


Me acabo de enterar leyendo el periódico: Peter Falk, el actor que interpretaba al sagaz Colombo, padece demencia senil. Qué tío, con su gabardina y su puro, cómo haciéndose el tonto resultaba el más listo. Ya sé que es cosa del tiempo, el hombre tiene ochenta y dos años, pero no puedo evitar pensar que se me acumulan los ídolos en el suelo.
Joder, es como si a esta edad uno caminara por una senda muy larga y tuviera que ir sorteando zurullos.

martes, junio 02, 2009

Primavera

Hace un calor que convierte en difuntas las mejores intenciones.
Se asoma uno a la ventana en estas horas de luz y pólenes de todas clases y dan ganas de quedarse quieto, de no moverse, si acaso de mimetizar el estilo de esos pájaros que suben y bajan de la rama del árbol como si probaran con un poco de asquito un menú de Adrià.

viernes, mayo 29, 2009

Aire

Llevar a mi padre en el coche, ahora que él ya no conduce, y verle bajar la ventanilla en cuanto se sube, como siempre ha hecho, despreciando el aire acondicionado, y que le de el viento en la cara, me hace añorar aquellos viajes largos en el Renault 6, el aire dándome en el flequillo, los ojos bien abiertos.

jueves, mayo 28, 2009

Cine

El domingo volví con mi hija de la sesión matinal de cine, de ver la famosa película de Hannah Montana. Ella regresó encantada, tarareando las canciones. Yo, deseoso de comerme un cocido madrileño completo, con su chorizo y su morcilla, su sopa y sus garbanzos. Para desengrasar.

lunes, mayo 25, 2009

Mario

Ya tenía arrugas en la frente a los dieciséis años, ya sabía más que nadie cuando todos se fumaban los bisontes sin boquilla en manada. A los dieciocho se largó con una separada cuarentona que le dejaba conducir su 600 con una mano, mientras que le exigía que la otra estuviera sobre su pierna todavía dura, todavía musculosa.

Bebía y bebía bien porque le sentaba como a Dios. Ella le regalaba joyas que él malvendía, y nunca le faltaba el dinero. Hasta que la cuarentona se cansó. Al 600 le rascaban las marchas y lo dejaron. Eso fue hace más de treinta años. Acumuló arrugas en la frente, caries en su dentadura y polvo en su melena recogida en una coleta. Parecía que le lloraban los ojos. Sobrevivió con una sonrisa y un gesto como de disparar apuntando con el dedo corazón, como si fuera un bandolero.

Conoció a muchas y acabó casándose con una. Tuvo que ser así, dice, y menea la cabeza, cuando me lo cuenta. Se separaron a los pocos meses, pero les dio tiempo a hacer un hijo, un chaval que ahora tiene dieciocho años y que se va de marcha con su padre, que comparte rayas con él en los conciertos de los colegas y que resiste hasta las tantas de la mañana con los ojos saltones, que resiste echándole las manos a los hombros y susurrándole viejo, viejo, cómo te enrollas.

sábado, mayo 23, 2009

Jornada laboral

Llega un señor mayor y pregunta si es aquí, en la oficina de correos, donde se vota por correo, y a quién se vota. Que si en cada oficina se vota a unos, que se pensará si votar aquí o en otra oficina.
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Llega un señor malhumorado y pregunta si tenemos sobres especiales para apostatar. Le dicen que no. Pregunta si hay que certificar la carta. Le dicen que, para apostatar, mejor acuda al Obispado. Se marcha indignado. Dice que todo son trabas.
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Llega un señor y dice que trae una lista para que firmemos y no readmitan en su puesto a Ginés, el sheriff de Coslada. Con civismo, la gente que espera turno en la cola de giros y certificados, una vez que termina, se pasa a la del señor con la tablilla y la lista cuadriculada.

lunes, mayo 18, 2009

Pasillos del centro comercial (II)

Nebulosas de adolescentes. Ocupan los pasillos, gritan como estorninos. Ellos, empujándose con energía de Nesquik. Ellas, buscando un pedestal en el que apoyarse. A media tarde visitan los cuartos de baño y luego devoran hamburguesas sentados en sillas como tronos. Miran de reojo y se protegen a codazos.
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Hay un crío que come un helado y es el dueño del mundo, él lo sospecha. Se sube al caballito, que se encabrita, pero él, con una moneda, es capaz de domarlo. Relincha, pero galopa. Y el niño se relame, sí, en una mano el helado, en la otra las bridas.
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La mujer madura que saborea el café apoyada en la barra del bar, con el carro de la compra repleto a su vera, es la imagen de la eficiencia. De la lista no falta nada, excepto las galletas de soja, que no había. Espera a su marido, que se retrasa, y piensa que está en lo mejor de la vida, que debería disfrutar, que debería ser feliz, pero que no había galletas de soja.

sábado, mayo 16, 2009

Pasillos del centro comercial (I)

Van solas. Niñas descoyuntadas con argollas en el ombligo miran el escaparate, que refleja su figura tísica y su mirada triste. Son niñas que se venderían por una camiseta nueva, porque no saben lo que valen y nadie les toca el hombro escuálido para decirles no importa, de verdad, no importa.
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Señores barrigones, preferiblemente en chándal, que arrastran el carro del Carrefour y salen de allí como el minero de la mina. Fuman. Caminan dos pasos más atrás que la mujer y los hijos, que, lógicamente, van dos pasos por delante, y que le azuzan, vamos, hombre, vamos.
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Parejas que se quieren y se abrazan, que parecen miembros en excedencia de un circo. Miran los cartelones del cine, sesión numerada, y todas las películas son increíbles. Se quedan con la mirada fija y parece que estuvieran así horas, pensando en sus cosas, pero son solo segundos, mientras deciden entre la de guerra o la de amor (las dos americanas).
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Jubilados bronceados. Él, con los zapatos lustrosos, caminando por los largos pasillos con mirada de aguililla, no lo puede evitar. Ella, acarreando bolsas de plástico con las compras más baratas y más bonitas. Mira a los ojos de la gente, y le gusta lo que ve.