domingo, enero 24, 2010

Ayer

Llovió de madrugada y amaneció mojado el suelo de la calle. Por alguna razón lo que veía por la ventana me recordó a un cuento de Cheever. No consigo explicarme el motivo, porque en los cuentos de Cheever raramente llueve.

Estuve media hora en la ducha. Me afeité. (Mal, me lo hicieron ver a última hora de la tarde).

Dormí una siesta de la que salí con dolor en un hombro.

Fuimos a ver "Up in the air", la nueva película del guapete George Clooney. Parece que es una obra maestra. Eso dicen las críticas que he leído. Lo mejor de la temporada, dicen. A mí me pareció una gilipollez.

Comencé a ver en la tele, a las tantas de la madrugada, “Qué verde era mi valle”, de John Ford. Yo solo, frente al televisor y tras la charla de Garci. Qué película. De 1941. Emociona. Me fui a la cama cuando ya estaba terminando, enardecido por esos mineros galeses que cantan como fieras.

lunes, diciembre 21, 2009

Ayer

Amaneció un día luminoso y gélido.

Leí los periódicos en internet a primerísima hora de la mañana.

Fuimos a comer a casa de mis padres y comimos patatas rellenas.

Dormí una siesta grandiosa.

Estuvieron en casa dos amigos a los que hacía tiempo que no veía. Uno de ello venía de lejos, de Argentina y Uruguay, de esquilar ovejas. Nos habló de la Patagonia, de Fontanarrosa y de las librerías argentinas, en las que los libreros entienden de libros. Bebimos vino y hablamos muchísimo, hasta la madrugada.

sábado, diciembre 19, 2009

Ayer

Amaneció el día claro.

Fui a Ikea y me enfadé conmigo mismo por sentirme parte del rebaño. Compramos accesorios innecesarios para cocinar, una maceta, una lámpara y cinco frascos de arenques en salsa de pimienta.

Tomé café con pasteles.

Ví por primera vez la iluminación navideña de Madrid.

Pensé en todos los cuentos que no he escrito.

viernes, diciembre 18, 2009

Ayer

Hizo frío, y me abrigué.

Fuimos a comprar y el supermercado estaba lleno. La gente compraba jamones empaquetados en cajas como si fueran a acabarse.

Me acordé del Sr. Nilson, el mono de Pippi Langstrumpf, y de Pequeño Tío, su caballo.

Pensé que todo en esta vida está en equilibrio y que lo que se nos da por una parte, por otra se nos quita.

Me visitó, de nuevo, el insomnio.

jueves, diciembre 17, 2009

Ayer

Me dolió la cabeza toda la mañana.

Fuimos a comprar unas aletas de goma para que A. las utilice en la piscina.

Se fundió una luz de la lámpara del salón.

Revisité algunos blogs que tenía olvidados.

Comencé a leer Carpe Diem, de Saul Bellow.

miércoles, diciembre 16, 2009

Ayer

Quedaban hojas en los árboles. Amarillas, con manchas, arrugadas.

En el trabajo, una señora, apoyada en el mostrador, me dijo: "A que estoy guapa". Yo contesté que sí, y creo que me sonrojé, y ella me contó que había ido a la peluquería, que su hija estaba de Erasmus en Austria, que estudiaba arquitectura, que le mandaba un paquete con comida. "Adios,hijo, adios", pagó, sonrió y se fue.

Pasé más de una hora en un atasco. Con vaho en los cristales.

Me enteré de que un conocido sufre una enfermedad grave. Tiene una hija que se llama como la mía.

Compré lotería.

martes, diciembre 15, 2009

Ayer

Nevó. Débilmente, por la mañana.

Desayuné un café con leche muy cargado y muy caliente.

Me acordé del Capitán Trueno, de mi infancia, de los coches de choque en las fiestas de Vicálvaro, de una canción de la que no recuerdo el título, de las noches de finales de verano.

Miré por la ventana y apoyé la frente en el cristal frío.

Casqué una nuez.

lunes, diciembre 14, 2009

Ayer

Ayer desayuné pronto.

Ayer no compré el periódico.

Ayer dimos un paseo y se me heló la cara. Me sentí bien.

Ayer vi en la televìsión una entrevista con Antonio Muñoz Molina. Me parece una buena persona y un escritor pesado.

Ayer cenamos tomates al horno con rúcula.

domingo, diciembre 13, 2009

Ayer

Ayer amaneció el día frío y con niebla.

Ayer volví a pensar que se avecinan las Navidades.

Ayer no me afeité. Me miré en el espejo.

Ayer tapé con un trapo de algodón la jaula de los pájaros, porque, según dicen, se avecinan noches en las que helará.

Ayer leí Miles City, Montana, un cuento de Alice Munro y me emocioné. La escritura de esa mujer se parece a la lluvia cayendo al mar.

miércoles, noviembre 04, 2009

Atardecer

Miro por la ventana. Hay en estos días de otoño sin nubes unos minutos en la tarde en los que la luz parece estar concentrada. Como leche condensada, como café cargado.

La sombra en estos edificios tan altos es sombra, no hay duda, pero la última luz del sol de la tarde brilla más y con más intensidad. Parece que no quisiera dejar sitio a la noche, que llega.

lunes, noviembre 02, 2009

Melancolía

Ver la tabla de planchar con camisas colgadas en uno de sus extremos, o ver un reloj de pulsera depositado en el lavabo del cuarto de baño, reflejándose en el espejo. Parece que faltara el cuerpo y solo estuviera el objeto.

domingo, noviembre 01, 2009

Conversación

Polideportivo. En el partido infantil de balonmano. Hay una algarabía fenomenal, con gritos de ánimo a los jugadores e insultos al árbitro. Yo me acerco a ella para contarle todo. Casi grito, tan cerca. Hablo y me mira fijamente. Creo que le interesa lo que digo. Me animo a seguir. De pronto, echa mano del bolso y saca un caramelo. Me lo da. Dice: Te huele el aliento.

miércoles, octubre 21, 2009

Policías y ladrones (y VI)

Había una muchacha que le soportaba los anhelos. Algunas veces cruzaba las piernas y miraba a otra parte, esperando siempre que escampara. Pero los dos se cansaron. Una, de esperar tan poca cosa. El otro, de esperar demasiado.

Él se fue al País Vasco, porque, decía, allí todavía quedaba gente auténtica. Luego se convirtió en punk, después en okupa. Un tiempo estuvo de pastor de ovejas lachas y otro intentó formar una empresa de marroquinería en cooperativa con un socio que se largó a Holanda con el capital social.

Volvió a aquellos descampados y encontró a unos pocos que todavía no se habían marchado. Allí estaban. Sentados, bebiendo, fumando. De vez en cuando aparecía por allí la policía y les pedía la documentación como el fumador que pide lumbre, como el pastor que cuida el rebaño.

lunes, octubre 19, 2009

Policías y ladrones V

Luego fueron los tiempos de la Joven Guardia Roja y de la ORT. Todos tenían un hermano mayor metido en política y la política eran reuniones a las tantas y barbaridades que se decían sin miedo, entre caña y caña, todos alrededor de una mesa enorme, demasiada mesa para tan poca gente.

Aquello era una fiesta. Las manifestaciones. Las pancartas, las tías, las pancartas, las tías. Pasó de pringao a héroe. Cómo corría. En cierta ocasión salió fotografiado en el ABC: un policía de ojos bizcos le apaleaba. Fue su momento de gloria y su aportación a la revolución, aunque los que entendían del tema siempre le dijeran que le perdía Bakunin. Eso, y el alcohol.

Lo probaba todo. Trapicheaba y era fácil. En la música estaba escrito que había que probarlo todo y que había más mundos y eran mejores. Había que ser auténtico. Sí, auténtico, era la palabra. Había que ser auténtico. En un concierto de Leño consiguió su primer coma etílico.

viernes, octubre 16, 2009

Policías y ladrones IV

En el colegio las mesas eran de madera y era posible tocarle el culo a las chicas. Don Ramón, sopapo tras sopapo, fumando y preguntando por el teorema de Arquímedes. Botarates con borceguíes, cenutrios con flequillo. Su reino, sin embargo, era el patio. Ya entonces practicaba con cromos las artes de la vida y se comía el bocadillo de los más apocados.

Pronto abandonó por pueriles los cuadernos emborronados con el ying y el yang, el símbolo de la paz y los morritos de los Stones. Le levantó la mano a Don Ramón antes de despedirse de él. Una compañera de clase se quedó embarazada, otro encontró que irse al Retiro a quitarle las pelas a los pijos era fácil y conveniente y a otro le echaron de casa por algún motivo que nadie supo.

jueves, octubre 15, 2009

Policías y ladrones III

La mayoría de los padres de aquellos muchachos había cambiado la vista de los majestuosos olivos de Andalucía y Extremadura por la de escombros amontonados en el extrarradio de Madrid. Todavía no se les habían acostumbrado los ojos. Vivían en cuchitriles, sin respirar. Comían, trabajaban, dormían, pero no respiraban.

Cumplían heroicas jornadas de trabajo en la albañilería, soportándolo todo, y llegaban a casa con ganas de arrear dos ostias a quien se le pusiera por delante. Por eso los niños estaban siempre en la calle.

Los niños jugaban al tute en las aceras, montaban en bicicleta y robaban patatas en los ultramarinos (todavía existían los ultramarinos) para asarlas en fogatas humeantes al atardecer. Luego oscurecía y en el aire flotaba un aroma incierto de aventura. Ya en aquel tiempo la policía recorría las calles cachazudamente. Las mondas de las patatas eran las huellas del crimen.

miércoles, octubre 14, 2009

Policías y ladrones II

En cierta ocasión, hace muchos años, le propinaron tres palizas en una sola noche. Estaba borracho hasta la extenuación, lleno, ahíto como un bebé que hubiera recibido el pecho de su madre. La primera paliza la recibió del servicio de seguridad de Tina Turner, cuando se acercó demasiado a las vallas protectoras y aquellos negracos interpretaron que quería abrazar a la cantante. Le pisotearon la espalda detrás del escenario.

La segunda paliza se la endosaron un par de horas más tarde unos críos que acababan de salir del concierto, con los que discutió por alguna razón estúpida. Fue una especie de intercambio de golpes y aquellos muchachos no pusieron demasiado interés en hacerle verdadero daño. Le dejaron tendido sobre el césped que rodea el Palacio de los Deportes, oreándose, preguntándose cuál era el motivo por el que faltaba amor en su vida.

La tercera paliza de la noche se la dieron un par de policías nacionales a los que interpeló cuando ya llegaba al portal de su casa, de madrugada. El coche —lechera se llamaba entonces— estaba aparcado allí, justo allí. Dentro, en la oscuridad, fumaban tranquilamente. Golpeó los cristales, les hizo algunas preguntas en voz muy alta. Por qué falta amor en mi vida, por qué falta amor en mi vida, gritó. Vosotros lo sabéis, preguntó. Primero le ordenaron que se marchara. Luego le aporrearon concienzudamente durante un par de minutos. Les animó el verle con la cara y la ropa de toda la noche, una noche muy larga, una noche ensangrentada.

miércoles, octubre 07, 2009

Policías y ladrones

Llegan los coches de policía de vez en cuando y parece que se conocen. Es como un baile.

Ellos depositan en el suelo, con cuidado, la lata de cerveza, no vaya a derramarse, y enseñan con desgana la documentación, que está en una cartera gorda, en el bolsillo trasero del pantalón.

La madre que me parió, dicen. Lo repiten cada minuto, aproximadamente, mientras los policías les miran y esperan. La madde que me paddió, dicen, porque les faltan algunos dientes y no vocalizan bien. También les falta cabello en la cabeza. Ya son un poco mayores para estas cosas.

viernes, septiembre 11, 2009

Terrazas


En las terrazas, tomando una cerveza fresquita, en estas tardes de final de verano, se producen las conversaciones más insustanciales, leves como mujeres con vestido al viento, piernas cruzadas y sonrisas melancólicas; como hombres sin tiempo para ir al cuarto de baño, porque no apetece levantarse.

Van los camareros entre las mesas con el itinerario aprendido y como gozosos de que les necesites, levantando la barbilla y agitando el mandil si les apetece.

Parece ser que en estos momentos en los que la espuma de la cerveza se posa en nuestros labios es cuando nuestros pensamientos se convierten en volutas indolentes, y surgen en la conversación, mezcla de olas, trampolines de piscina, ensaladas de tomate y cebolla, y noches sudorosas.

miércoles, septiembre 09, 2009

Septiembre

Si se presta atención, hay un momento en el que en la soledad de este patio, junto a la parra, cerca del brocal del pozo, ese ruido silencioso que se oye, semeja el crepitar de los antiguos discos de nuestra juventud, cuando la aguja llegaba al final, cuando terminaba la canción y no habíamos sacado a bailar a la chica. Pero no. Es solo silencio y que la tarde se está yendo suavemente.