Me dolió la cabeza toda la mañana.
Fuimos a comprar unas aletas de goma para que A. las utilice en la piscina.
Se fundió una luz de la lámpara del salón.
Revisité algunos blogs que tenía olvidados.
Comencé a leer Carpe Diem, de Saul Bellow.
jueves, diciembre 17, 2009
miércoles, diciembre 16, 2009
Ayer
Quedaban hojas en los árboles. Amarillas, con manchas, arrugadas.
En el trabajo, una señora, apoyada en el mostrador, me dijo: "A que estoy guapa". Yo contesté que sí, y creo que me sonrojé, y ella me contó que había ido a la peluquería, que su hija estaba de Erasmus en Austria, que estudiaba arquitectura, que le mandaba un paquete con comida. "Adios,hijo, adios", pagó, sonrió y se fue.
Pasé más de una hora en un atasco. Con vaho en los cristales.
Me enteré de que un conocido sufre una enfermedad grave. Tiene una hija que se llama como la mía.
Compré lotería.
En el trabajo, una señora, apoyada en el mostrador, me dijo: "A que estoy guapa". Yo contesté que sí, y creo que me sonrojé, y ella me contó que había ido a la peluquería, que su hija estaba de Erasmus en Austria, que estudiaba arquitectura, que le mandaba un paquete con comida. "Adios,hijo, adios", pagó, sonrió y se fue.
Pasé más de una hora en un atasco. Con vaho en los cristales.
Me enteré de que un conocido sufre una enfermedad grave. Tiene una hija que se llama como la mía.
Compré lotería.
martes, diciembre 15, 2009
Ayer
Nevó. Débilmente, por la mañana.
Desayuné un café con leche muy cargado y muy caliente.
Me acordé del Capitán Trueno, de mi infancia, de los coches de choque en las fiestas de Vicálvaro, de una canción de la que no recuerdo el título, de las noches de finales de verano.
Miré por la ventana y apoyé la frente en el cristal frío.
Casqué una nuez.
Desayuné un café con leche muy cargado y muy caliente.
Me acordé del Capitán Trueno, de mi infancia, de los coches de choque en las fiestas de Vicálvaro, de una canción de la que no recuerdo el título, de las noches de finales de verano.
Miré por la ventana y apoyé la frente en el cristal frío.
Casqué una nuez.
lunes, diciembre 14, 2009
Ayer
Ayer desayuné pronto.
Ayer no compré el periódico.
Ayer dimos un paseo y se me heló la cara. Me sentí bien.
Ayer vi en la televìsión una entrevista con Antonio Muñoz Molina. Me parece una buena persona y un escritor pesado.
Ayer cenamos tomates al horno con rúcula.
Ayer no compré el periódico.
Ayer dimos un paseo y se me heló la cara. Me sentí bien.
Ayer vi en la televìsión una entrevista con Antonio Muñoz Molina. Me parece una buena persona y un escritor pesado.
Ayer cenamos tomates al horno con rúcula.
domingo, diciembre 13, 2009
Ayer
Ayer amaneció el día frío y con niebla.
Ayer volví a pensar que se avecinan las Navidades.
Ayer no me afeité. Me miré en el espejo.
Ayer tapé con un trapo de algodón la jaula de los pájaros, porque, según dicen, se avecinan noches en las que helará.
Ayer leí Miles City, Montana, un cuento de Alice Munro y me emocioné. La escritura de esa mujer se parece a la lluvia cayendo al mar.
Ayer volví a pensar que se avecinan las Navidades.
Ayer no me afeité. Me miré en el espejo.
Ayer tapé con un trapo de algodón la jaula de los pájaros, porque, según dicen, se avecinan noches en las que helará.
Ayer leí Miles City, Montana, un cuento de Alice Munro y me emocioné. La escritura de esa mujer se parece a la lluvia cayendo al mar.
miércoles, noviembre 04, 2009
Atardecer
Miro por la ventana. Hay en estos días de otoño sin nubes unos minutos en la tarde en los que la luz parece estar concentrada. Como leche condensada, como café cargado.
La sombra en estos edificios tan altos es sombra, no hay duda, pero la última luz del sol de la tarde brilla más y con más intensidad. Parece que no quisiera dejar sitio a la noche, que llega.
La sombra en estos edificios tan altos es sombra, no hay duda, pero la última luz del sol de la tarde brilla más y con más intensidad. Parece que no quisiera dejar sitio a la noche, que llega.
lunes, noviembre 02, 2009
Melancolía
Ver la tabla de planchar con camisas colgadas en uno de sus extremos, o ver un reloj de pulsera depositado en el lavabo del cuarto de baño, reflejándose en el espejo. Parece que faltara el cuerpo y solo estuviera el objeto.
domingo, noviembre 01, 2009
Conversación
Polideportivo. En el partido infantil de balonmano. Hay una algarabía fenomenal, con gritos de ánimo a los jugadores e insultos al árbitro. Yo me acerco a ella para contarle todo. Casi grito, tan cerca. Hablo y me mira fijamente. Creo que le interesa lo que digo. Me animo a seguir. De pronto, echa mano del bolso y saca un caramelo. Me lo da. Dice: Te huele el aliento.
miércoles, octubre 21, 2009
Policías y ladrones (y VI)
Había una muchacha que le soportaba los anhelos. Algunas veces cruzaba las piernas y miraba a otra parte, esperando siempre que escampara. Pero los dos se cansaron. Una, de esperar tan poca cosa. El otro, de esperar demasiado.
Él se fue al País Vasco, porque, decía, allí todavía quedaba gente auténtica. Luego se convirtió en punk, después en okupa. Un tiempo estuvo de pastor de ovejas lachas y otro intentó formar una empresa de marroquinería en cooperativa con un socio que se largó a Holanda con el capital social.
Volvió a aquellos descampados y encontró a unos pocos que todavía no se habían marchado. Allí estaban. Sentados, bebiendo, fumando. De vez en cuando aparecía por allí la policía y les pedía la documentación como el fumador que pide lumbre, como el pastor que cuida el rebaño.
Él se fue al País Vasco, porque, decía, allí todavía quedaba gente auténtica. Luego se convirtió en punk, después en okupa. Un tiempo estuvo de pastor de ovejas lachas y otro intentó formar una empresa de marroquinería en cooperativa con un socio que se largó a Holanda con el capital social.
Volvió a aquellos descampados y encontró a unos pocos que todavía no se habían marchado. Allí estaban. Sentados, bebiendo, fumando. De vez en cuando aparecía por allí la policía y les pedía la documentación como el fumador que pide lumbre, como el pastor que cuida el rebaño.
lunes, octubre 19, 2009
Policías y ladrones V
Luego fueron los tiempos de la Joven Guardia Roja y de la ORT. Todos tenían un hermano mayor metido en política y la política eran reuniones a las tantas y barbaridades que se decían sin miedo, entre caña y caña, todos alrededor de una mesa enorme, demasiada mesa para tan poca gente.
Aquello era una fiesta. Las manifestaciones. Las pancartas, las tías, las pancartas, las tías. Pasó de pringao a héroe. Cómo corría. En cierta ocasión salió fotografiado en el ABC: un policía de ojos bizcos le apaleaba. Fue su momento de gloria y su aportación a la revolución, aunque los que entendían del tema siempre le dijeran que le perdía Bakunin. Eso, y el alcohol.
Lo probaba todo. Trapicheaba y era fácil. En la música estaba escrito que había que probarlo todo y que había más mundos y eran mejores. Había que ser auténtico. Sí, auténtico, era la palabra. Había que ser auténtico. En un concierto de Leño consiguió su primer coma etílico.
Aquello era una fiesta. Las manifestaciones. Las pancartas, las tías, las pancartas, las tías. Pasó de pringao a héroe. Cómo corría. En cierta ocasión salió fotografiado en el ABC: un policía de ojos bizcos le apaleaba. Fue su momento de gloria y su aportación a la revolución, aunque los que entendían del tema siempre le dijeran que le perdía Bakunin. Eso, y el alcohol.
Lo probaba todo. Trapicheaba y era fácil. En la música estaba escrito que había que probarlo todo y que había más mundos y eran mejores. Había que ser auténtico. Sí, auténtico, era la palabra. Había que ser auténtico. En un concierto de Leño consiguió su primer coma etílico.
viernes, octubre 16, 2009
Policías y ladrones IV
En el colegio las mesas eran de madera y era posible tocarle el culo a las chicas. Don Ramón, sopapo tras sopapo, fumando y preguntando por el teorema de Arquímedes. Botarates con borceguíes, cenutrios con flequillo. Su reino, sin embargo, era el patio. Ya entonces practicaba con cromos las artes de la vida y se comía el bocadillo de los más apocados.
Pronto abandonó por pueriles los cuadernos emborronados con el ying y el yang, el símbolo de la paz y los morritos de los Stones. Le levantó la mano a Don Ramón antes de despedirse de él. Una compañera de clase se quedó embarazada, otro encontró que irse al Retiro a quitarle las pelas a los pijos era fácil y conveniente y a otro le echaron de casa por algún motivo que nadie supo.
Pronto abandonó por pueriles los cuadernos emborronados con el ying y el yang, el símbolo de la paz y los morritos de los Stones. Le levantó la mano a Don Ramón antes de despedirse de él. Una compañera de clase se quedó embarazada, otro encontró que irse al Retiro a quitarle las pelas a los pijos era fácil y conveniente y a otro le echaron de casa por algún motivo que nadie supo.
jueves, octubre 15, 2009
Policías y ladrones III
La mayoría de los padres de aquellos muchachos había cambiado la vista de los majestuosos olivos de Andalucía y Extremadura por la de escombros amontonados en el extrarradio de Madrid. Todavía no se les habían acostumbrado los ojos. Vivían en cuchitriles, sin respirar. Comían, trabajaban, dormían, pero no respiraban.
Cumplían heroicas jornadas de trabajo en la albañilería, soportándolo todo, y llegaban a casa con ganas de arrear dos ostias a quien se le pusiera por delante. Por eso los niños estaban siempre en la calle.
Los niños jugaban al tute en las aceras, montaban en bicicleta y robaban patatas en los ultramarinos (todavía existían los ultramarinos) para asarlas en fogatas humeantes al atardecer. Luego oscurecía y en el aire flotaba un aroma incierto de aventura. Ya en aquel tiempo la policía recorría las calles cachazudamente. Las mondas de las patatas eran las huellas del crimen.
Cumplían heroicas jornadas de trabajo en la albañilería, soportándolo todo, y llegaban a casa con ganas de arrear dos ostias a quien se le pusiera por delante. Por eso los niños estaban siempre en la calle.
Los niños jugaban al tute en las aceras, montaban en bicicleta y robaban patatas en los ultramarinos (todavía existían los ultramarinos) para asarlas en fogatas humeantes al atardecer. Luego oscurecía y en el aire flotaba un aroma incierto de aventura. Ya en aquel tiempo la policía recorría las calles cachazudamente. Las mondas de las patatas eran las huellas del crimen.
miércoles, octubre 14, 2009
Policías y ladrones II
En cierta ocasión, hace muchos años, le propinaron tres palizas en una sola noche. Estaba borracho hasta la extenuación, lleno, ahíto como un bebé que hubiera recibido el pecho de su madre. La primera paliza la recibió del servicio de seguridad de Tina Turner, cuando se acercó demasiado a las vallas protectoras y aquellos negracos interpretaron que quería abrazar a la cantante. Le pisotearon la espalda detrás del escenario.
La segunda paliza se la endosaron un par de horas más tarde unos críos que acababan de salir del concierto, con los que discutió por alguna razón estúpida. Fue una especie de intercambio de golpes y aquellos muchachos no pusieron demasiado interés en hacerle verdadero daño. Le dejaron tendido sobre el césped que rodea el Palacio de los Deportes, oreándose, preguntándose cuál era el motivo por el que faltaba amor en su vida.
La tercera paliza de la noche se la dieron un par de policías nacionales a los que interpeló cuando ya llegaba al portal de su casa, de madrugada. El coche —lechera se llamaba entonces— estaba aparcado allí, justo allí. Dentro, en la oscuridad, fumaban tranquilamente. Golpeó los cristales, les hizo algunas preguntas en voz muy alta. Por qué falta amor en mi vida, por qué falta amor en mi vida, gritó. Vosotros lo sabéis, preguntó. Primero le ordenaron que se marchara. Luego le aporrearon concienzudamente durante un par de minutos. Les animó el verle con la cara y la ropa de toda la noche, una noche muy larga, una noche ensangrentada.
La segunda paliza se la endosaron un par de horas más tarde unos críos que acababan de salir del concierto, con los que discutió por alguna razón estúpida. Fue una especie de intercambio de golpes y aquellos muchachos no pusieron demasiado interés en hacerle verdadero daño. Le dejaron tendido sobre el césped que rodea el Palacio de los Deportes, oreándose, preguntándose cuál era el motivo por el que faltaba amor en su vida.
La tercera paliza de la noche se la dieron un par de policías nacionales a los que interpeló cuando ya llegaba al portal de su casa, de madrugada. El coche —lechera se llamaba entonces— estaba aparcado allí, justo allí. Dentro, en la oscuridad, fumaban tranquilamente. Golpeó los cristales, les hizo algunas preguntas en voz muy alta. Por qué falta amor en mi vida, por qué falta amor en mi vida, gritó. Vosotros lo sabéis, preguntó. Primero le ordenaron que se marchara. Luego le aporrearon concienzudamente durante un par de minutos. Les animó el verle con la cara y la ropa de toda la noche, una noche muy larga, una noche ensangrentada.
miércoles, octubre 07, 2009
Policías y ladrones
Llegan los coches de policía de vez en cuando y parece que se conocen. Es como un baile.
Ellos depositan en el suelo, con cuidado, la lata de cerveza, no vaya a derramarse, y enseñan con desgana la documentación, que está en una cartera gorda, en el bolsillo trasero del pantalón.
La madre que me parió, dicen. Lo repiten cada minuto, aproximadamente, mientras los policías les miran y esperan. La madde que me paddió, dicen, porque les faltan algunos dientes y no vocalizan bien. También les falta cabello en la cabeza. Ya son un poco mayores para estas cosas.
Ellos depositan en el suelo, con cuidado, la lata de cerveza, no vaya a derramarse, y enseñan con desgana la documentación, que está en una cartera gorda, en el bolsillo trasero del pantalón.
La madre que me parió, dicen. Lo repiten cada minuto, aproximadamente, mientras los policías les miran y esperan. La madde que me paddió, dicen, porque les faltan algunos dientes y no vocalizan bien. También les falta cabello en la cabeza. Ya son un poco mayores para estas cosas.
viernes, septiembre 11, 2009
Terrazas

En las terrazas, tomando una cerveza fresquita, en estas tardes de final de verano, se producen las conversaciones más insustanciales, leves como mujeres con vestido al viento, piernas cruzadas y sonrisas melancólicas; como hombres sin tiempo para ir al cuarto de baño, porque no apetece levantarse.
Van los camareros entre las mesas con el itinerario aprendido y como gozosos de que les necesites, levantando la barbilla y agitando el mandil si les apetece.
Parece ser que en estos momentos en los que la espuma de la cerveza se posa en nuestros labios es cuando nuestros pensamientos se convierten en volutas indolentes, y surgen en la conversación, mezcla de olas, trampolines de piscina, ensaladas de tomate y cebolla, y noches sudorosas.
miércoles, septiembre 09, 2009
Septiembre
Si se presta atención, hay un momento en el que en la soledad de este patio, junto a la parra, cerca del brocal del pozo, ese ruido silencioso que se oye, semeja el crepitar de los antiguos discos de nuestra juventud, cuando la aguja llegaba al final, cuando terminaba la canción y no habíamos sacado a bailar a la chica. Pero no. Es solo silencio y que la tarde se está yendo suavemente.domingo, septiembre 06, 2009
Fiestas

Vete a las fiestas patronales de un pueblo, con su plaza, con su olmo seco, con su orquesta y sus pasodobles, sus charangas, sus peñas, su limonada en cuba, su vino desde por la mañana, sus madrugadas etílicas, e intenta leer, en los tiempos muertos, en las siestas, por ejemplo, “De la brevedad de la vida”, de Séneca.
jueves, septiembre 03, 2009
Pinar

El hombre ya ha cumplido los cincuenta años y se acaba de separar de su esposa. A estas alturas, dice. Lo que no se os ocurra en Madrid, le contesta la gente del pueblo.
A primera hora de la mañana sube al coche con dos sillas plegables. Llega al pinar, busca una sombra, y las coloca allí. Se sienta en una de ellas hasta la hora de comer. Algunos de los que saben lo que hace y pasan cerca paran a conversar con él. Él ofrece al visitante la silla vacía ahí, en medio del pinar. Hablan de los años mozos, de la crisis económica o del sabor de los tomates de antes. Luego, al mediodía, cuando más calienta el sol, recoge las sillas y vuelve al pueblo para comer con su anciana madre, que le prepara chicharro en escabeche o ensalada de pimientos.
La tarde la tiene libre.
miércoles, septiembre 02, 2009
Gallinas

El hombre sufre un cáncer sin remedio que le tiene agostado el cuello. Está siempre en la penumbra del salón de su casa, pensativo. Ante quien le va a visitar hace una especie de resumen de su vida. Todos los que le conocen coinciden en que ha sido una persona trabajadora, honesta. Un buen vecino. El hombre, tocado con una gorrilla y calzando zapatillas de felpa, siempre termina diciendo: “Y antes de morirme tengo que quitar las gallinas. Porque las gallinas solo dan qué hacer. Mucho trabajo, pocos huevos. Tengo que quitar las gallinas antes de morirme”.
martes, septiembre 01, 2009
Girasoles

Al atardecer fuimos a pasear por el campo. Hacía un calor tremendo, terrible, un calor de cuento de Aldecoa. Nos detuvimos ante un campo de girasoles. Miles de ellos miraban al sol, con su cabezón amarillo, en una sincronía perfecta. Pero, en medio, dos entre tantos miles miraban a otro sitio. Hacia el pinar, creo.
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