Había una muchacha que le soportaba los anhelos. Algunas veces cruzaba las piernas y miraba a otra parte, esperando siempre que escampara. Pero los dos se cansaron. Una, de esperar tan poca cosa. El otro, de esperar demasiado.
Él se fue al País Vasco, porque, decía, allí todavía quedaba gente auténtica. Luego se convirtió en punk, después en okupa. Un tiempo estuvo de pastor de ovejas lachas y otro intentó formar una empresa de marroquinería en cooperativa con un socio que se largó a Holanda con el capital social.
Volvió a aquellos descampados y encontró a unos pocos que todavía no se habían marchado. Allí estaban. Sentados, bebiendo, fumando. De vez en cuando aparecía por allí la policía y les pedía la documentación como el fumador que pide lumbre, como el pastor que cuida el rebaño.
miércoles, octubre 21, 2009
lunes, octubre 19, 2009
Policías y ladrones V
Luego fueron los tiempos de la Joven Guardia Roja y de la ORT. Todos tenían un hermano mayor metido en política y la política eran reuniones a las tantas y barbaridades que se decían sin miedo, entre caña y caña, todos alrededor de una mesa enorme, demasiada mesa para tan poca gente.
Aquello era una fiesta. Las manifestaciones. Las pancartas, las tías, las pancartas, las tías. Pasó de pringao a héroe. Cómo corría. En cierta ocasión salió fotografiado en el ABC: un policía de ojos bizcos le apaleaba. Fue su momento de gloria y su aportación a la revolución, aunque los que entendían del tema siempre le dijeran que le perdía Bakunin. Eso, y el alcohol.
Lo probaba todo. Trapicheaba y era fácil. En la música estaba escrito que había que probarlo todo y que había más mundos y eran mejores. Había que ser auténtico. Sí, auténtico, era la palabra. Había que ser auténtico. En un concierto de Leño consiguió su primer coma etílico.
Aquello era una fiesta. Las manifestaciones. Las pancartas, las tías, las pancartas, las tías. Pasó de pringao a héroe. Cómo corría. En cierta ocasión salió fotografiado en el ABC: un policía de ojos bizcos le apaleaba. Fue su momento de gloria y su aportación a la revolución, aunque los que entendían del tema siempre le dijeran que le perdía Bakunin. Eso, y el alcohol.
Lo probaba todo. Trapicheaba y era fácil. En la música estaba escrito que había que probarlo todo y que había más mundos y eran mejores. Había que ser auténtico. Sí, auténtico, era la palabra. Había que ser auténtico. En un concierto de Leño consiguió su primer coma etílico.
viernes, octubre 16, 2009
Policías y ladrones IV
En el colegio las mesas eran de madera y era posible tocarle el culo a las chicas. Don Ramón, sopapo tras sopapo, fumando y preguntando por el teorema de Arquímedes. Botarates con borceguíes, cenutrios con flequillo. Su reino, sin embargo, era el patio. Ya entonces practicaba con cromos las artes de la vida y se comía el bocadillo de los más apocados.
Pronto abandonó por pueriles los cuadernos emborronados con el ying y el yang, el símbolo de la paz y los morritos de los Stones. Le levantó la mano a Don Ramón antes de despedirse de él. Una compañera de clase se quedó embarazada, otro encontró que irse al Retiro a quitarle las pelas a los pijos era fácil y conveniente y a otro le echaron de casa por algún motivo que nadie supo.
Pronto abandonó por pueriles los cuadernos emborronados con el ying y el yang, el símbolo de la paz y los morritos de los Stones. Le levantó la mano a Don Ramón antes de despedirse de él. Una compañera de clase se quedó embarazada, otro encontró que irse al Retiro a quitarle las pelas a los pijos era fácil y conveniente y a otro le echaron de casa por algún motivo que nadie supo.
jueves, octubre 15, 2009
Policías y ladrones III
La mayoría de los padres de aquellos muchachos había cambiado la vista de los majestuosos olivos de Andalucía y Extremadura por la de escombros amontonados en el extrarradio de Madrid. Todavía no se les habían acostumbrado los ojos. Vivían en cuchitriles, sin respirar. Comían, trabajaban, dormían, pero no respiraban.
Cumplían heroicas jornadas de trabajo en la albañilería, soportándolo todo, y llegaban a casa con ganas de arrear dos ostias a quien se le pusiera por delante. Por eso los niños estaban siempre en la calle.
Los niños jugaban al tute en las aceras, montaban en bicicleta y robaban patatas en los ultramarinos (todavía existían los ultramarinos) para asarlas en fogatas humeantes al atardecer. Luego oscurecía y en el aire flotaba un aroma incierto de aventura. Ya en aquel tiempo la policía recorría las calles cachazudamente. Las mondas de las patatas eran las huellas del crimen.
Cumplían heroicas jornadas de trabajo en la albañilería, soportándolo todo, y llegaban a casa con ganas de arrear dos ostias a quien se le pusiera por delante. Por eso los niños estaban siempre en la calle.
Los niños jugaban al tute en las aceras, montaban en bicicleta y robaban patatas en los ultramarinos (todavía existían los ultramarinos) para asarlas en fogatas humeantes al atardecer. Luego oscurecía y en el aire flotaba un aroma incierto de aventura. Ya en aquel tiempo la policía recorría las calles cachazudamente. Las mondas de las patatas eran las huellas del crimen.
miércoles, octubre 14, 2009
Policías y ladrones II
En cierta ocasión, hace muchos años, le propinaron tres palizas en una sola noche. Estaba borracho hasta la extenuación, lleno, ahíto como un bebé que hubiera recibido el pecho de su madre. La primera paliza la recibió del servicio de seguridad de Tina Turner, cuando se acercó demasiado a las vallas protectoras y aquellos negracos interpretaron que quería abrazar a la cantante. Le pisotearon la espalda detrás del escenario.
La segunda paliza se la endosaron un par de horas más tarde unos críos que acababan de salir del concierto, con los que discutió por alguna razón estúpida. Fue una especie de intercambio de golpes y aquellos muchachos no pusieron demasiado interés en hacerle verdadero daño. Le dejaron tendido sobre el césped que rodea el Palacio de los Deportes, oreándose, preguntándose cuál era el motivo por el que faltaba amor en su vida.
La tercera paliza de la noche se la dieron un par de policías nacionales a los que interpeló cuando ya llegaba al portal de su casa, de madrugada. El coche —lechera se llamaba entonces— estaba aparcado allí, justo allí. Dentro, en la oscuridad, fumaban tranquilamente. Golpeó los cristales, les hizo algunas preguntas en voz muy alta. Por qué falta amor en mi vida, por qué falta amor en mi vida, gritó. Vosotros lo sabéis, preguntó. Primero le ordenaron que se marchara. Luego le aporrearon concienzudamente durante un par de minutos. Les animó el verle con la cara y la ropa de toda la noche, una noche muy larga, una noche ensangrentada.
La segunda paliza se la endosaron un par de horas más tarde unos críos que acababan de salir del concierto, con los que discutió por alguna razón estúpida. Fue una especie de intercambio de golpes y aquellos muchachos no pusieron demasiado interés en hacerle verdadero daño. Le dejaron tendido sobre el césped que rodea el Palacio de los Deportes, oreándose, preguntándose cuál era el motivo por el que faltaba amor en su vida.
La tercera paliza de la noche se la dieron un par de policías nacionales a los que interpeló cuando ya llegaba al portal de su casa, de madrugada. El coche —lechera se llamaba entonces— estaba aparcado allí, justo allí. Dentro, en la oscuridad, fumaban tranquilamente. Golpeó los cristales, les hizo algunas preguntas en voz muy alta. Por qué falta amor en mi vida, por qué falta amor en mi vida, gritó. Vosotros lo sabéis, preguntó. Primero le ordenaron que se marchara. Luego le aporrearon concienzudamente durante un par de minutos. Les animó el verle con la cara y la ropa de toda la noche, una noche muy larga, una noche ensangrentada.
miércoles, octubre 07, 2009
Policías y ladrones
Llegan los coches de policía de vez en cuando y parece que se conocen. Es como un baile.
Ellos depositan en el suelo, con cuidado, la lata de cerveza, no vaya a derramarse, y enseñan con desgana la documentación, que está en una cartera gorda, en el bolsillo trasero del pantalón.
La madre que me parió, dicen. Lo repiten cada minuto, aproximadamente, mientras los policías les miran y esperan. La madde que me paddió, dicen, porque les faltan algunos dientes y no vocalizan bien. También les falta cabello en la cabeza. Ya son un poco mayores para estas cosas.
Ellos depositan en el suelo, con cuidado, la lata de cerveza, no vaya a derramarse, y enseñan con desgana la documentación, que está en una cartera gorda, en el bolsillo trasero del pantalón.
La madre que me parió, dicen. Lo repiten cada minuto, aproximadamente, mientras los policías les miran y esperan. La madde que me paddió, dicen, porque les faltan algunos dientes y no vocalizan bien. También les falta cabello en la cabeza. Ya son un poco mayores para estas cosas.
viernes, septiembre 11, 2009
Terrazas

En las terrazas, tomando una cerveza fresquita, en estas tardes de final de verano, se producen las conversaciones más insustanciales, leves como mujeres con vestido al viento, piernas cruzadas y sonrisas melancólicas; como hombres sin tiempo para ir al cuarto de baño, porque no apetece levantarse.
Van los camareros entre las mesas con el itinerario aprendido y como gozosos de que les necesites, levantando la barbilla y agitando el mandil si les apetece.
Parece ser que en estos momentos en los que la espuma de la cerveza se posa en nuestros labios es cuando nuestros pensamientos se convierten en volutas indolentes, y surgen en la conversación, mezcla de olas, trampolines de piscina, ensaladas de tomate y cebolla, y noches sudorosas.
miércoles, septiembre 09, 2009
Septiembre
Si se presta atención, hay un momento en el que en la soledad de este patio, junto a la parra, cerca del brocal del pozo, ese ruido silencioso que se oye, semeja el crepitar de los antiguos discos de nuestra juventud, cuando la aguja llegaba al final, cuando terminaba la canción y no habíamos sacado a bailar a la chica. Pero no. Es solo silencio y que la tarde se está yendo suavemente.domingo, septiembre 06, 2009
Fiestas

Vete a las fiestas patronales de un pueblo, con su plaza, con su olmo seco, con su orquesta y sus pasodobles, sus charangas, sus peñas, su limonada en cuba, su vino desde por la mañana, sus madrugadas etílicas, e intenta leer, en los tiempos muertos, en las siestas, por ejemplo, “De la brevedad de la vida”, de Séneca.
jueves, septiembre 03, 2009
Pinar

El hombre ya ha cumplido los cincuenta años y se acaba de separar de su esposa. A estas alturas, dice. Lo que no se os ocurra en Madrid, le contesta la gente del pueblo.
A primera hora de la mañana sube al coche con dos sillas plegables. Llega al pinar, busca una sombra, y las coloca allí. Se sienta en una de ellas hasta la hora de comer. Algunos de los que saben lo que hace y pasan cerca paran a conversar con él. Él ofrece al visitante la silla vacía ahí, en medio del pinar. Hablan de los años mozos, de la crisis económica o del sabor de los tomates de antes. Luego, al mediodía, cuando más calienta el sol, recoge las sillas y vuelve al pueblo para comer con su anciana madre, que le prepara chicharro en escabeche o ensalada de pimientos.
La tarde la tiene libre.
miércoles, septiembre 02, 2009
Gallinas

El hombre sufre un cáncer sin remedio que le tiene agostado el cuello. Está siempre en la penumbra del salón de su casa, pensativo. Ante quien le va a visitar hace una especie de resumen de su vida. Todos los que le conocen coinciden en que ha sido una persona trabajadora, honesta. Un buen vecino. El hombre, tocado con una gorrilla y calzando zapatillas de felpa, siempre termina diciendo: “Y antes de morirme tengo que quitar las gallinas. Porque las gallinas solo dan qué hacer. Mucho trabajo, pocos huevos. Tengo que quitar las gallinas antes de morirme”.
martes, septiembre 01, 2009
Girasoles

Al atardecer fuimos a pasear por el campo. Hacía un calor tremendo, terrible, un calor de cuento de Aldecoa. Nos detuvimos ante un campo de girasoles. Miles de ellos miraban al sol, con su cabezón amarillo, en una sincronía perfecta. Pero, en medio, dos entre tantos miles miraban a otro sitio. Hacia el pinar, creo.
lunes, agosto 31, 2009
Mariano (El bicho)
A este hombre que viene en bicicleta de un pueblecito tan pequeño, tan pequeño, que no tiene ni bar, le reciben todos como si fuera el embajador de un lejano país, agasajándole e invitándole a un chato. Este hombre se apoya en la barra y dice chasqueando la lengua: “Mi pueblo es pequeño, pero los he contado y en mi pueblo hay catorce tontos. Catorce, sin contarnos a mi hermano y a mí”.
domingo, agosto 30, 2009
La señora Filo

La señora Filo da el espectáculo todos los domingos cuando va a misa.
La señora Filo ya ha cumplido los ochenta años y está sorda como una tapia. Tiene audífono, sí, pero le vale de poco. La señora Filo reza a gritos. Lo peor es cuando a mitad de la misa hay que pedir por el Papa y por los necesitados y por la familia. Entonces pide como la que más. Y empieza lo peor: Cuando pide por la familia todos los asistentes a misa, desde los sentados en los primeros bancos hasta los que están en pie, cerca de la puerta, se enteran de todos sus buenos deseos. “Por mi nuera, para que coma más y engorde un poco. Por mi Pedrito, para que no sea tan basilisco y me llame a menudo. Por mi nieto, que estudie (medicina, si es posible). Por la Antonia, que mejore de las piernas para que no cruce por mi cerco.”
Su voz retumba entre aquellos muros de piedra, y no permite que los codazos de los vecinos de banco pidiéndole que calle interrumpan sus peticiones. El cura sonríe y reza para sí, rogando que el audífono de la señora Filo no se acople con su micrófono, porque entonces sí, entonces si que aquello parece el apocalipsis.
lunes, agosto 03, 2009
Pepe
Se me mueren los padres de los amigos. Ante esta congoja de la muerte que no se espera siempre le recordaré como un hombre que fumaba, que fumó, y que no hablaba mucho, pero sí lo justo, sí lo suficiente, si lo importante.
Era un padre de los de antes, de los que ya no quedan. Todos los padres eran así antes, y esa suerte tuvimos.
Era un hombre que miraba y con su mirada te abarcaba. De su mirada nacieron las de sus hijos y parece que ellos también miran así. Tienen algo socarrón en el semblante y siempre un pellizco de humor, como una mecha a punto de encenderse.
Unido para siempre a los amigos de la infancia, a todos los recuerdo con sus padres, atados entre sí por la cuerda del tiempo, ese tiempo severo que pasa y que pone piedras en el camino.
Mis amigos. Pepe, Ángel, Fernando… y sus padres. Ellos, ahora que han pasado ya los cuarenta, son sus padres, han asumido todo lo de ellos, sus gestos, sus palabras y hasta sus risas, y los hijos de mis amigos son ellos mismos – o lo serán - cuando jugábamos en los descampados, cuando íbamos al Astoria y cuando tomábamos las primeras cañas en el Zeppelín.
Se me mueren los padres de los amigos. Ante esta congoja de la muerte que no se espera siempre le recordaré como un hombre que fumaba, que fumó, y que no hablaba mucho, pero sí lo justo, sí lo suficiente, si lo importante.
Era un padre de los de antes, de los que ya no quedan. Todos los padres eran así antes, y esa suerte tuvimos.
Era un hombre que miraba y con su mirada te abarcaba. De su mirada nacieron las de sus hijos y parece que ellos también miran así. Tienen algo socarrón en el semblante y siempre un pellizco de humor, como una mecha a punto de encenderse.
Unido para siempre a los amigos de la infancia, a todos los recuerdo con sus padres, atados entre sí por la cuerda del tiempo, ese tiempo severo que pasa y que pone piedras en el camino.
Mis amigos. Pepe, Ángel, Fernando… y sus padres. Ellos, ahora que han pasado ya los cuarenta, son sus padres, han asumido todo lo de ellos, sus gestos, sus palabras y hasta sus risas, y los hijos de mis amigos son ellos mismos – o lo serán - cuando jugábamos en los descampados, cuando íbamos al Astoria y cuando tomábamos las primeras cañas en el Zeppelín.
domingo, julio 19, 2009
Vacaciones

Preparamos el viaje a la playa. El equipaje. Busco en Google la forma de llegar.
Yo elijo tres libros y los meto en la maleta, a escondidas. También me acuerdo de las pastillitas para la diarrea, que uno es propenso.
Mi hija hace el traspaso de poderes. Le cede sus dos hámsters y su pareja de canarios al vecino. En un par de folios van todas las instrucciones, con diagramas y calendario incluido. No sospecha este niño que se hace cargo de estos bichos cuánto se lo agradecemos.
Es de noche. Acabamos con los restos que hay la nevera. Unos tomates, anchoas, queso. Unas croquetas congeladas.
Hoy ya estábamos en nuestra casa de forma provisional.
Hasta la vuelta.
viernes, julio 17, 2009
Ellas
Ellas se van a las rebajas como el que va a la guerra, en grupo y en fila de a tres, con la Visa como bayoneta.
Ellas compran bikinis, bañadores y camisetas, y lo meten todo en bolsas de asas grandes. Pasean entre los maniquís de mirada fija. Husmean entre perchas. Las yemas de sus dedos rozan una costura, un ojal, un botón.
Se introducen en el probador y todos querríamos ser acariciados como ellas acarician lo que se colocan sobre sí. Están en una nave espacial, el pestillo echado. Se enfrentan a su mirada en el espejo. Susurran, y nadie las oye.
Ellas se van a las rebajas como el que va a la guerra, en grupo y en fila de a tres, con la Visa como bayoneta.
Ellas compran bikinis, bañadores y camisetas, y lo meten todo en bolsas de asas grandes. Pasean entre los maniquís de mirada fija. Husmean entre perchas. Las yemas de sus dedos rozan una costura, un ojal, un botón.
Se introducen en el probador y todos querríamos ser acariciados como ellas acarician lo que se colocan sobre sí. Están en una nave espacial, el pestillo echado. Se enfrentan a su mirada en el espejo. Susurran, y nadie las oye.
jueves, julio 16, 2009
Sola
La mujer se ha separado. Está en batallas legales con el marido. Le reclama, un burofax tras otro, como le ha indicado el abogado, ayuda económica y aclaración del régimen de visitas. Lo está pasando mal, y con ella, sus dos hijas. La conocemos a través de una de ellas, que durante todo el curso ha tenido problemas escolares.
Ahora está mirando el escaparate de una perfumería. Con la más pequeña de sus hijas. Están las dos de espaldas. Es una mujer a la que le va bien estar de espaldas, pienso. Se echa la vida a las espaldas. Resiste. Reclamamos su atención y se alegra de vernos. Nos dice que está bien. Trabajaba, pero ya no. Se acabó el contrato. Que va a ir con la niña a ver la película de Harry Potter. Que está haciendo tiempo hasta que comience la sesión. Que le gusta mirar el escaparate de la perfumería.
La mujer se ha separado. Está en batallas legales con el marido. Le reclama, un burofax tras otro, como le ha indicado el abogado, ayuda económica y aclaración del régimen de visitas. Lo está pasando mal, y con ella, sus dos hijas. La conocemos a través de una de ellas, que durante todo el curso ha tenido problemas escolares.
Ahora está mirando el escaparate de una perfumería. Con la más pequeña de sus hijas. Están las dos de espaldas. Es una mujer a la que le va bien estar de espaldas, pienso. Se echa la vida a las espaldas. Resiste. Reclamamos su atención y se alegra de vernos. Nos dice que está bien. Trabajaba, pero ya no. Se acabó el contrato. Que va a ir con la niña a ver la película de Harry Potter. Que está haciendo tiempo hasta que comience la sesión. Que le gusta mirar el escaparate de la perfumería.
miércoles, julio 01, 2009
Miércoles

Este calor tremebundo, que consigue desquiciar a cualquiera, nos empuja a la ducha. Cae el agua un buen rato y luego, tras secarnos sin mucho interés, salimos a la terraza a ver cómo vuelan o planean en el cercano horizonte de los bloques de enfrente los vencejos o las golondrinas o los pájaros que sean. Parece que no se cansan, parece que van en pareja. Hay muchos ahora, al anochecer ¿Dónde se meterán a la hora del calor? Parecen cometas que volaran sujetas por un hilo invisible.
Martes
De compras en una enorme tienda de deportes. Mi hija, que tiene once años, se marcha de campamento. Brújula, saco de dormir, linterna, chubasquero, bronceador, repelente para los insectos. Practicará piragüismo, senderismo, escalada, etc. Después, cuando vuelva, irá a la playa, más tarde al pueblo, con su abuela, porque sus padres tendremos que trabajar. Hoy mismo ha ido a la piscina.
El otro día no quisimos llevarla al cine. Se enfadó y dijo: “Es que no lo comprendéis, pero NECESITO vivir mi juventud”.
De compras en una enorme tienda de deportes. Mi hija, que tiene once años, se marcha de campamento. Brújula, saco de dormir, linterna, chubasquero, bronceador, repelente para los insectos. Practicará piragüismo, senderismo, escalada, etc. Después, cuando vuelva, irá a la playa, más tarde al pueblo, con su abuela, porque sus padres tendremos que trabajar. Hoy mismo ha ido a la piscina.
El otro día no quisimos llevarla al cine. Se enfadó y dijo: “Es que no lo comprendéis, pero NECESITO vivir mi juventud”.
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