lunes, agosto 03, 2009

Pepe

Se me mueren los padres de los amigos. Ante esta congoja de la muerte que no se espera siempre le recordaré como un hombre que fumaba, que fumó, y que no hablaba mucho, pero sí lo justo, sí lo suficiente, si lo importante.

Era un padre de los de antes, de los que ya no quedan. Todos los padres eran así antes, y esa suerte tuvimos.

Era un hombre que miraba y con su mirada te abarcaba. De su mirada nacieron las de sus hijos y parece que ellos también miran así. Tienen algo socarrón en el semblante y siempre un pellizco de humor, como una mecha a punto de encenderse.

Unido para siempre a los amigos de la infancia, a todos los recuerdo con sus padres, atados entre sí por la cuerda del tiempo, ese tiempo severo que pasa y que pone piedras en el camino.

Mis amigos. Pepe, Ángel, Fernando… y sus padres. Ellos, ahora que han pasado ya los cuarenta, son sus padres, han asumido todo lo de ellos, sus gestos, sus palabras y hasta sus risas, y los hijos de mis amigos son ellos mismos – o lo serán - cuando jugábamos en los descampados, cuando íbamos al Astoria y cuando tomábamos las primeras cañas en el Zeppelín.

4 comentarios:

añil dijo...

Preciosa detalle el tuyo para tu amigo.

Miguel Baquero dijo...

Lo lamento mucho por tu amigo,por ti, y estoy contigo en que los padres de nuestros viejos amigos también forman parte de nuestras vidas.

Un abrazo, compañero

Mamen* dijo...

Siempre es así.

Y siempre que te leo, pienso que escribes de cine.

Un abrazo José Manuel.

¿Hay libro rondando?

BB dijo...

Tan emotivo, tan hermoso, como
todo cuanto escribes y ahora
esa pena por los que se van,
pero que siempre se nos quedan
en la piel, en los ojos, en el
alma.
Un beso
BB