lunes, diciembre 31, 2007

Navidad
De madrugada, volvemos en coche de la reunión familiar. Silencio. No suena ni la radio. El vaivén de los badenes en la amortiguación del coche parece mecernos. Las luces de los semáforos brillan demasiado.
De pronto, el niño se despierta, saca una mano de debajo de la manta que le cubre, se apoya en su sillita, señala la luna que aparece tras unas nubes y dice: “la luna está rota”.

sábado, diciembre 22, 2007

Bombero
Vivo en un noveno. El otro día estaba solo, en casa, leyendo. De pronto oí golpecitos en el cristal de la puerta de la terraza. Me levanté, miré y vi a un bombero que me hacía señas para que le abriera. Llevaba casco y un hacha en la mano. ¿Qué hacía un bombero en mi terraza? Cuando le franqueé la puerta me dijo que había subido por la escala del camión, que necesitaba llegar al piso décimo, pero que el vado del portal estaba ocupado y el camión no podía arrimarse más. La vecina del décimo se había dejado la olla a presión puesta al fuego y las llaves de la puerta dentro de casa. Les había llamado.
—Desde su terraza he intentado subir a la suya. Para que no fuera necesario descerrajar la puerta. Pero no se puede.
Me asomé. Vi la escala metálica. El camión allí abajo, con las luces centelleantes, y más bomberos. Y varios coches de policía. Vi que este hombre con casco había desgraciado con sus botas varias macetas de geranios de mi terraza.
El bombero cruzó mi salón con el hacha en la mano. Se despidió.
Continué leyendo.

domingo, diciembre 16, 2007

Pinares
El hombre cumplió los ochenta hace unos meses. Vive en un pueblecito de Segovia famoso por el cordero asado. Es un pueblo en el que, si quieres utilizar el móvil, tienes que subirte a una montañita que hay a las afueras. El hombre es viudo, sin hijos, y las sobrinas le acompañan cuando debe ir al médico a la capital. De vez en cuando le hacen unas sopitas de ajo, o unos filetes empanados.
El hombre le regaló unas botellas de vino al señor que le realizó el examen psicotécnico para renovar el carné de conducir y así pudo continuar con su querido Renault 6. Quedó agradecido. Ahora necesita el coche más que nunca. Tiene una novia a la que adora. Esta mujer de ochenta años de edad, como él, vive en la Residencia de la Diputación en Cuellar. Son unos cuantos kilómetros los que tiene que recorrer entre pinares para ir a buscar a su novia.
Ella se pone una rebequita y se abraza a él cuando le ve en la puerta, frente a la estatuilla de la Virgen del Henar del vestíbulo.
—Tráigala a casa, tío. Váyase a un hotel, a una pensión, con ella.—Le dicen las sobrinas.—Invítela a comer en casa.
Pero los dos prefieren meterse con el Renault 6 por enrevesados caminos, atravesar arenales poblados de tomillo y llegar a pinares umbríos. Aparcan el coche y allí, en la soledad, se abrazan y se quieren.
Ya es famoso el Renault 6 en toda la comarca, y cómo se mueve, con esa suspensión tan antigua que tienen esos coches, pero tan recia.

domingo, diciembre 09, 2007

En el despacho

Cuando fichamos me está esperando. Luego, un rato antes de la hora del bocadillo, levanto la vista de mi banco de trabajo y adivino su figura detrás, apoyado en la barandilla de la rampa de talleres, con la vista fija en mi nuca. Imagino que se muerde el labio inferior y sonríe. Después se marcha en compañía de otros como él.
A media mañana alguien me da en el hombro. Es él. Me quito la mascarilla. Me dice que en cuanto termine esa pieza quiere verme en su despacho.
Atravieso la nave. Algunos compañeros ven a dónde me dirijo y me hacen gestos de apoyo. Lo agradezco con la mirada. Llamo con los nudillos a la puerta. Me hace señas para que pase. Cierro la puerta y se amortigua el ruido del exterior.
—Siéntate—me dice.
Pero durante un rato no habla. Asiente con la cabeza y me observa como si yo estuviera actuando de una forma que él hubiera previsto. Da un trago de un vaso de agua que hay sobre la mesa. A su lado, el estadillo mensual.
Por fin dice:
—No estás rindiendo. Tienes un porcentaje altísimo de piezas invalidadas por Control de Calidad.
—Son piezas de precisión. No dispongo de herramientas apropiadas—me excuso.
—¿Cómo que no dispones de herramientas apropiadas?
—Las piezas que se me encargan se fabrican en la nave dos, con herramienta apropiada.
—¿Quién ha ordenado que fabriques esas piezas en esta nave?—pregunta.
—Usted.
—Pues yo soy tu jefe. Si te lo he ordenado debes hacerlas.—Sonríe. Se acaricia la corbata con la yema de los dedos.
—Yo hago lo que usted ordena.
—De acuerdo. Pero haz las piezas bien. No quiero ni una devuelta por Control de Calidad.
—Eso es imposible—protesto.
—No es imposible. Esfuérzate.
—Lo haré.
—¿Qué harás?
—Esforzarme.
—Tengo todas tus estadísticas a mano. Voy a por ti. Que lo sepas. Voy a machacarte.
Entonces veo que los dos estamos solos. La puerta del despacho está cerrada. Podría decirle cuatro cosas. Preguntarle el motivo de todo esto. Quedaría entre nosotros. También, si quisiera, podría agarrarle del cuello y retorcérselo. Pero caigo en la cuenta de que esto podría ser una trampa, podría tener un micrófono escondido, por ejemplo, así que hago un esfuerzo, debo hacerlo, doy un volantazo y salgo de la autopista por la salida del Bronx. Este camino es muy peligroso. Abandono el coche en el cruce entre la Cuarta y la Séptima. Corro. Suena música trepidante a mi espalda. Procuro esquivar a los transeúntes. Derribo el carrito de un bebé, no puedo evitarlo. Subo por una escalera de incendios. El gángster abre la puerta de su coche y dispara contra mí con una metralleta. Me ha alcanzado. Cesa la música. Sangro. Ríe como una hiena. Pero los malos nunca ganan, así que me rehago, es solo un rasguño, y saco la pistola de la sobaquera. Apunto y le meto un tiro entre las cejas. Ya no sonríe el hijo de puta.
—¿Me has entendido?—dice.
Ahora los negocios de prostitución, los garitos de apuestas, la droga, todo, pasará a manos del orfanato al que estaba extorsionando. Quería especular con los terrenos, quería abusar de los pobres huérfanos, pero ya no podrá ser. Está muerto. Yo soy el bueno y él era el malo.
—Digo que si me has entendido.
Le miro. Da un poco de pena. Tan joven, con esa corbata tan bonita y ya está muerto.
Contesto que sí, que le he entendido.
Atravieso la nave. Los compañeros me miran. Preguntan con la mirada. Sonrío, porque otra vez he ganado la partida.

miércoles, diciembre 05, 2007


Objetivo
En la calle Santa Ana había un fotógrafo, Pérez, que hacía que te vistieras de detective o de científico loco y que colocaba tras de ti unos fondos de nubes o de caballos de cartón. Ese era para los grandes momentos.
Para los juegos o las excursiones, o para una moto que no se hubiera visto nunca en aquellas calles empedradas estaba la cámara que trajeron de Alemania. En el pueblo había unas cuantas traídas de Alemania, porque en todas las familias hubo emigrantes que volvían con juguetes, cámaras de fotos y ropa. Eso de la ropa sí fue una revolución y no la del bikini en la costa.
Los mayores levantaban la barbilla ante el objetivo de la cámara, como retando a alguien. Los niños parecían querer hacerse amigo de él, de ese objetivo ante el cual les colocaban. Y frente al objetivo, las cosas maravillosas que se veían en el pueblo.

lunes, diciembre 03, 2007

Jornadas
Buscábamos mejillones entre las rocas, conchas en la arena. Jugábamos con los cubos y las palas. Una vez vimos un pulpo.
Siempre nos metíamos al agua con los mayores, que no nos quitaban la vista de encima. Si hubieran podido, nos habrían atado con una cuerda. Para que no nos llevara la corriente. Niño, al mar hay que tenerle respeto.
Por las tarde olía a eucalipto y a sal. Nos untábamos de crema la piel roja, candente. Después, cenábamos con voracidad y nos acostábamos. Los mayores hablaban en voz baja. Nadie estaba enfadado.

viernes, noviembre 30, 2007


Mar
La mujer no había visto nunca el mar. Nunca pensó que llegaría a verlo: tan grande, tan ancho, tan limpio, con esa espuma en la orilla de la playa, con las olas que sonaban hasta cuando no estaba cerca de él.
La mujer había visto el chorro de la acequia regando la huerta, y una alberca que perdía agua por sus bloques de cantería y en la que se bañaban los niños pero nunca ella. Nunca había echado de menos el mar, decía.
Ahora, cuando los nietos se iban a la orilla a jugar a hacer castillos, ella se sentaba a mirar el mar. Veía la gente pasar, oía el ruido ensordecedor de las olas, sentía el aire salado en la cara. De vez en cuando hincaba los zancajos de sus pies en la arena y veía los hoyitos que hacían. Luego esperaba durante horas que el viento tapara esos cráteres, paso a paso, grano a grano. A veces llegaban antes los nietos.

martes, noviembre 27, 2007


Fea
Fue hace cincuenta años.
De entre todas ellas, una era la fea.
Todo comenzó algún día en el baile, en aquel baile cerrado, con olor a brillantina y a jabón Lagarto. Ellas se depilaban las cejas, ellos vestían chaleco entallado. Las parejas compartían cucuruchos de altramuces y bebían vasos de gaseosa. Uno de los mozos bromeó y dijo que con la fea no bailaba. Aquello hizo gracia entre ellos —eran muchos— y nadie la sacó a bailar en toda la tarde.
El sábado siguiente alguien la señaló: la fea. Tampoco la sacó nadie a bailar. Se quedó allí sentada, en la silla de enea, hasta que terminó el baile. Sus amigas la acompañaron a casa.
Se corrió la voz en aquel pueblo tan chico, en aquel pueblo que le prometía cántaros de aceite a la Virgen para pagar promesas. Los chistes se hacían en los bares y a la entrada de la iglesia, al brasero y la mesa camilla e invierno o al fresco de la noche en verano. Con la fea nadie bailaba.
¿Qué les haces, hija?. Algo les harás.
Su madre era modista. Le hizo el vestido más bonito que se vio nunca en el pueblo. Sus amigas fueron con ella, orgullosas, al baile, para compartir su alegría y acabar con el maleficio de una broma, pero nadie quiso bailar con ella.
Continuó yendo al baile durante mucho tiempo, y sentándose en una silla de enea, a esperar, pero ya ningún mozo ni quiso ni se atrevió a sacarla a bailar.
Ella no era fea. Era como las demás, más o menos. Eso asegura mi madre. Dice que era alegre, que era una buena amiga. Lo malo es que en aquellos tiempos aquel pueblo dormía al raso, dice.

lunes, noviembre 26, 2007

Pelota
Una pelota redonda y pesada, tan grande como el mundo, que no podemos sostener por más que lo intentemos, que bota y bota, y siempre acaba en el albañal.

miércoles, noviembre 21, 2007

Mañana
En la modorra del día siguiente, cuando nos juntábamos de nuevo tras la borrachera, él decía:
—Entonces, qué, ¿cómo lo pasamos anoche? ¿Bien o mal?
No tenía ni pizca de seguridad en sí mismo.

martes, noviembre 20, 2007


Olivos
Había una casita pequeña con un umbral de cantería, enorme para mi estatura. El suelo era de tierra, con unos camastros para resguardarse o dormir allí si llovía. Unos basares colgaban de las paredes, cerca de la chimenea negra que ya no se usaba. Detrás estaban las zahúrdas, ya vacías, con jaramagos, con chumberas apoyadas en sus paredes de piedra.

Había olivos, almendros y un par de higueras grandísimas.

Yo andaba y hundía mis pies en aquella tierra oscura y blanda. Llegaba hasta la era y desde allí, desde aquella llanura, lo miraba todo. Luego volvía a los olivos.

Hacía frío. Se extendía una manta debajo de cada olivo. Íbamos uno por uno. Mi primo se encaramaba al tronco y alcanzaba las aceitunas más lejanas. Los mayores las recogían de las ramas bajas con una rapidez asombrosa, y las echaban a los cubos (luego acababan con los dedos doloridos). Los niños recogíamos las que caían a la manta. Después, de los cubos a los costales.
A media mañana descansábamos y volvíamos a la casita. Sacaban un bolso de cuadros lleno hasta las asas. Nos sentábamos al sol y comíamos. Los mayores hablaban de cómo se presentaba el año. Siempre se quejaban, nunca se presentaba bien. El aperador que alguien conocía había dicho que venían tiempos malos. Mi tío y mi padre bebían vino de un vaso de aluminio y se limpiaban con las mangas. Todo sabía a ajo y perejil, y a aceite de oliva. El frío y el hambre del trabajo desde la madrugada hacía que comieras a dentelladas. Mi madre nos obligaba a comer pan. Mi abuela estaba pendiente de todo y, si me descuidaba, me hacía una caricia. Mi primo se levantaba con la boca llena, nos daba un pescozón a los pequeños, se marchaba, se subía a un olivo, sacaba del bolsillo del pantalón un tebeo del Capitán Trueno y se ponía a leerlo. Me gustaba verle allá, a lo lejos, en plena mañana de enero, leyendo un tebeo mientras terminábamos de comer.

domingo, noviembre 18, 2007

Mañana
Hoy he bajado a comprar el periódico y he visto un ramo de flores marchitas en la papelera que hay al lado del kiosco.

jueves, noviembre 15, 2007

Espuma
Ayer estuve tomando unas cervezas con unos amigos. Los cercos que dejaban los botellines en la barra parecían los aros de los juegos olímpicos. Reímos y levantamos la voz. La primera y la última cerveza fueron las que me supieron mejor.
Luego volví a casa solo. Anduve por calles iluminadas por farolas e intenté tararear una vieja canción, pero no recordé la letra.

martes, noviembre 13, 2007

Humedad
En otoño la humedad de los parques (aunque no llueva) puede trasladarse al alma de los paseantes.

domingo, noviembre 11, 2007

Regalo
En el otoño, al pisar las hojas de los árboles en el suelo parece que estuviésemos pisando papel de regalo arrugado.

viernes, noviembre 09, 2007

Parque (VI)
Las muescas que lucen algunos columpios son la contabilidad de rodillas y codos caídos en acto de servicio del último fin de semana.

Si lees el periódico en un parque, al sol, hay noticias que, por más que quieras, no puedes tomártelas en serio.

Cuando un pato mete la cabeza bajo el agua es porque está oyendo la conversación de algún paseante que no le agrada.

Los adolescentes van al parque como el que va a la guerra.

Cuando un anciano pasea por un parque parece que sonara el tic-tac de algún reloj.

jueves, noviembre 08, 2007

Parque (V)
Los parques con pavo real son de categoría superior.

Los patos del estanque a veces extienden las alas y parecen decir: “todo esto que veis es mío”.

martes, noviembre 06, 2007

Parque (IV)
A los amantes sentados en los bancos de los parques se les acaban antes las palabras.

A ver quién es el guapo que se atreve a decirle a ese niño que el tobogán por el que acaba de bajar no es el Everest.

Hay parques que para lucir un césped perfecto solo necesitarían una vaca.

lunes, noviembre 05, 2007

Zeppelin
Una reseña sobre Zeppelin en el número de noviembre de la revista Literaturas.com (sección libros, apartado reseñas), firmada por Miguel Ángel Gara.

"El curioso título del libro hace referencia al nombre de un bar llamado Zeppelin, de esos baretos de barrio, imaginados o reales, donde se intuye que todos los vecinos se topan unos con otros antes o después, pero su presencia de lugar mítico, de símbolo abierto, traspasa el cuento que lleva su nombre para figurar como escenario invisible en el resto de los relatos."
"Zeppelín es un libro sobre la infancia en un determinado lugar que son todos y cómo se proyecta esa infancia y ese lugar sobre un presente no necesariamente plácido, más bien un presente fracasado."

http://www.literaturas.com/v010/index0711revista.asp

domingo, noviembre 04, 2007

Parque (III)
Los que mejor conocen las veredas y los atajos de los parques son los papás que conducen carritos de niño recién nacido.

Los domingos por la mañana los parques abren antes que el resto de la ciudad.
Parque (II)
En otoño, una fuente seca en un parque es como colocarle un tapón a la naturaleza.
Parque
Tal y como los árboles en su lado norte tienen musgo, así lo tienen en sus espaldas los guardas de los parques.

jueves, noviembre 01, 2007

Continuidad
Parece que las primeras hojas del otoño en el suelo son las últimas del anterior.

martes, octubre 30, 2007

Aquiserá (III)
Según parece, el ayuntamiento está pensando en limitar la velocidad máxima de los vehículos en la calle de Aquiserá y en las aledañas. Dicen que es porque hay colegios en las inmediaciones, pero todos sabemos que a Aquiserá se le quiere y se le respeta en este pueblo de trabajadores.
A su alrededor siempre hay un corro de gente, viendo pasar la tarde, al sol o mirando los escaparates, y contemplándole a él en el borde de la acera, diciendo “pronto será, pronto será”.

lunes, octubre 29, 2007

Aquiserá (II)
No pude resistir la tentación y fui a preguntarle al farmacéutico por Aquíserá. Tuve que comprar algo y compré ibuprofeno, para el dolor de cabeza.
Me contó que Aquiserá está en el hospital, con las dos piernas rotas, pero fuera de peligro. Ahora no hace otra cosa que decir “pronto será, pronto será”. Tiene aturdidas a las enfermeras con ese soniquete. Parece que este hombre está así por un desengaño amoroso. Su mujer le dejó. Pienso yo que no le dejó por otro, le dejó por pesado. Por insistir tanto con determinadas cosas. Pero no se lo digo al farmacéutico, que dice que le echa de menos ahí, en la esquina, agarrado al semáforo.

domingo, octubre 28, 2007

Aquiserá (I)
Casi todas las mañanas veía a aquel hombre en el semáforo, al pasar camino del trabajo. Conozco a gente que le conocía. Parece que estaba un poco loco. El farmacéutico, por lo visto, le pagó algún bocadillo y sabía algo de su vida, pero no voy a ir ahora a preguntarle nada al farmacéutico. La policía municipal conseguía que se marchase de allí, del semáforo, pero al poco tiempo volvía.
Le llamaban Aquiserá, porque repetía esas palabras continuamente, como una letanía que le calmara. Ese era su nombre: Aquiserá.
Por lo visto, ayer Aquiserá se tiró a la calzada desde la acera, mientras el semáforo estaba verde. Le atropelló un coche. Dicen que gritó: Aquiserá y hoy será.

viernes, octubre 26, 2007

Instante
Deposito las bolsas de plástico en la encimera y de su interior saco la compra. Abro los armarios. Suena la olla exprés. El canario canta. Ella me mira y después continúa picando verdura sobre la tabla. Esto parece una sinfonía.

jueves, octubre 25, 2007

Chino
El chino siempre está viendo la televisión. Le pides una barra de pan y te la da sin quitarle la vista a la pantalla que tiene detrás del mostrador, esa pantalla siempre llena de paisajes y de locutores que hablan en su idioma como si estuvieran nerviosos y fueran a cabrearse de un momento a otro (como si fueran karatekas en letargo). El chino siempre sonríe, ante la tele y ante el cliente. Se levanta cuando entras a la tienda y te sigue con la mirada.
El chino tiene en su tienda anacardos y cacahuetes riquísimos, y las cervezas más baratas de los alrededores. En las estanterías hay desde las cosas más imprescindibles —lentejas, pan de molde o latas de sardinas— a las más exóticas —tofu, verduras deshidatradas o empanadillas de puerro y cerdo— y él se sorprende cuando le pides pasta para canelones y no sabe qué es eso pero te dice que mañana lo tendrá. Le dices que no se preocupe, que era un antojo y contesta que mañana tendrá también antojos. Sonríe y apunta.
Yo voy a su tienda porque en la de al lado, un español de Soria quiso cobrarme 10 euros por la última botella de agua que le quedaba. Fue un día que no hubo agua corriente en todo el barrio. Le dije que me parecía caro y me contestó con una sonrisa que esperara a que volviera a tener agua en el grifo. Esto es lo que hay, dijo, en 10 minutos será más cara. En aquellos tiempos el chino no había abierto su tienda todavía.
El chino es buena gente y es vecino mío. Su mujer es muy guapa y está muy delgada. Tienen un hijo pequeño que está aprendiendo a andar. Le vemos en el parque. Es gracioso: cuando tropieza y cae se levanta y ríe en lugar de llorar y quejarse. El español de Soria no sé dónde vive, ni si tiene hijos, ni si sonríe alguna vez.

martes, octubre 23, 2007

Futuro
No sé si ver a los niños, camino del cole, cargados con esas mochilas pesadas y enormes significa algo. No sé si habría que decirles que eso es lo que les espera.

lunes, octubre 22, 2007

Asociaciones
Visito mucho la biblioteca pública. Está en el segundo piso del centro cultural. Subo y bajo siempre corriendo, con prisa. En la primera planta están las sedes de varias asociaciones. Hoy me he dado cuenta de que al lado de la sede de la Asociación de Amigos de la Música está la de la Asociación de Sordos

domingo, octubre 21, 2007

Domingo
Los domingos por la mañana, cuando bajo a comprar el periódico, es como si algo o alguien alisara la jornada. Para quitarle las aristas, para que no haya tropiezos. Para subir la persiana y, como hoy, ver el cielo despejado mientras leo las noticias de siempre.

viernes, octubre 19, 2007

Sentado
Él es la última cerveza del eslabón, el taburete caliente, la barra ocupada. Con la argolla del botellín señala a la gente, y a toda la comprende porque es único y ha recorrido el mundo y vivido mucho.
Cuando era joven la vida le pasó por encima y ahí está él, recordando algunas mujeres, tarareando viejas canciones.

martes, octubre 16, 2007

Hipopótamo
De todos los animales de la selva el hipopótamo es, desde luego, el que más muertes causa a los seres humanos, porque defiende su territorio con uñas y dientes. Son tan fieros los hipopótamos que, cuando luchan entre ellos, no dan por finalizada la batalla hasta que uno de los contendientes cae muerto y derrotado.

Un hipopótamo, sólo uno, es capaz de abonar el fondo de una charca de dos mil metros cuadrados, pues con cada deposición suya, que pesa entre diez y doce kilos, libera muchas sustancias enriquecedoras que estercolan el hábitat que comparte con otros seres vivos. Es decir, dónde hay un hipopótamo florece la flora y la fauna, y su avistamiento por los indígenas es síntoma de bonanza y buen augurio, aún cuando tengan cuidado de no acercarse mucho.

Ni siquiera los cocodrilos se atreven a meterse con estos enormes bichos que parecen estar siempre bostezando.

Y lo más importante: los hipopótamos gozan de una vida sexual amplia y dilatada que hace que disfruten del acto de la cópula como pocos en la selva. Sus gemidos roncos se oyen en las noches claras a mucha distancia, y hasta los macacos paran un momento en sus diabluras para imaginarse cómo se lo pasan.

Pues bien. Fui a alquilar un traje de hipopótamo para el baile de disfraces y no había. No quedaban. Me dieron uno de jirafa. A mí, que no paso de uno sesenta.

sábado, octubre 13, 2007

Paloma
Dicen que de los gorgoritos que brotan del buche de las palomas nació la ópera.
Zorro
El zorro luce ese rabo tan airoso para limpiar el polvo de los troncos de los árboles cuando pasa entre ellos.
Ah, y no es cierto que el zorro tenga legañas congénitas.

viernes, octubre 12, 2007

jueves, octubre 11, 2007

Grillo
En el reino animal, el equivalente a los himnos de los monjes tibetanos es el canto de los grillos. Además, si se les mira con atención se ve que también los grillos se frotan las manos y son calvos (y algunos llevan gafas).
Burro
Todos los burros buscan su linde. Si no la encuentran se enfadan y mueven las orejas. Es por eso por lo que las mueven y no por espantar a las moscas, que son sus amigas.
Vaca
Algunas vacas se mueven de tal manera que parece que estén imitando a la rubia protagonista de la película Nueve Semanas y Media.

miércoles, octubre 10, 2007

Cabra
A las cabras lo que más le gusta es encaramarse a los riscos y comer cosas raras, tales como latas de coca-cola o periódicos viejos. Lo que menos les gusta es que les retuerzan las orejas para hacerlas obedecer.
Sardina
En los grandes acuarios del mundo tienen miles de especies, desde tiburones a pececillos tropicales. Pero los que dirigen estos zoológicos marinos no son capaces de conseguir que las sardinas se adapten a ser vistas a través de una cristalera. Por lo visto estos animales de lomos plateados que viven en manadas de miles de ejemplares no pueden vivir en cautividad. Mueren de stress.

martes, octubre 09, 2007

Conejo
¿Habéis visto copular a una pareja de conejos? El macho está arriba, sobre la hembra, durante un par de minutos. Cuando llega el momento culminante se pone rígido como una tabla, chilla, y cae a plomo para atrás, boca arriba. Es cómico. Y quizás envidiable.

lunes, octubre 08, 2007

Gato
Retuerce su columna vertebral sin dejar de mirarme a los ojos. Está en el escalón. Apoya la cabeza en sus patas delanteras y parece que estuviera posando para un pintor de esos que pintan bodegones oscuros.
Subo la escalera, paso por encima de él y su cuerpo se eriza. Energía electroestática.

jueves, octubre 04, 2007

Gallina
El cuerpo lleno de curvas, caliente, húmedo y palpitante. Así son las gallinas cuando las tienes en tus manos. Luego las sueltas y en lugar de volar y huir lo que hacen es golpearse contra la pared más cercana.

martes, octubre 02, 2007

Gorrión
Y el pajarito planea levemente hasta aterrizar sobre la acera y, después de agitar sus alas como si alguien invisible extendiera una servilleta para comer, recoge con su pico una miga de pan, como si se dignara darnos una limosna.

lunes, octubre 01, 2007

Personaje
En el colegio siempre se metía con los más pequeños. Nadie quería jugar con él al fútbol, porque daba patadas hasta a los espectadores. Amenazó a la profesora más inocente del instituto poniéndole la mano en la barbilla.
En su primer trabajo, todavía con espinillas en la frente, se quedó con la recaudación del video club. Fue despedido, pero el dueño no le denunció porque le conocía desde que era un renacuajo. Dejó embarazada a una chiquilla pusilánime y se fueron a vivir con los padres de ella. Se marchó a la costa, a trabajar en la temporada de verano, pero regresó diciendo que para él aquello era muy duro. Su mujer dio a luz una niña preciosa.
Ayer le vi en el portal. Iba solo y su cara parecía la de una vaca cuando vuelve al corral. Le pregunté qué tal y me contestó que todos los que vivimos en este portal, incluidos sus padres, somos unos pringaos.

viernes, septiembre 28, 2007

Mono
Siempre que la puerta de la habitación está abierta miro, y allí, al final, sobre la cama, veo al mono cejijunto de ojos grandes, con el plátano a medio pelar entre sus manos enormes, que me sonríe desde el cabecero, emergiendo entre bambis de grandes pestañas y ositos de mirada acuosa. En un momento me acuerdo de Tarzán, de la selva, del taparrabos, de las lianas...

jueves, septiembre 27, 2007

Jueves
La hora esa en la que todavía no ha amanecido pero el cielo tiene el color del vientre del tiburón. La hora en la que los faros de los coches parecen alumbrar más de lo que alumbran.
Hace fresco. Es viernes. Caminando, a trabajar.

miércoles, septiembre 26, 2007

Migas
Las migas extremeñas son una comida portentosa. Se hacen con rebanadas finísimas de pan duro del día anterior, humedecidas y después fritas a fuego lento junto con chorizo, sardinas, ajos, torreznos. Hay que picarlas, moverlas y revolverlas para que no se peguen. Son comida de pastores, de jornaleros. Son comida que hay que compartir con los demás en la misma sartén en la que se han cocinado. Las migas son contundentes. Fuertes y recias como se dice de una pared de piedra, un clima o una mirada.

martes, septiembre 25, 2007

Higuera
Ella rodea el tronco de la higuera, mirando hacia arriba. Alza el brazo y alcanza un fruto, reventado por su propia dulzura. “Son higos cuello de dama, pequeños pero deliciosos”, dice el hombre.
Ella se encarama hasta alcanzar una rama grande y, apoyada en su extremo, va recogiendo los higos con parsimonia.
El hombre se sienta en un banquito de madera, a la sombra de la higuera, con el azadón en la mano y ve cómo se llenan de agua los surcos, simétricos, perfectos, que él hizo y que ahora está regando. Dice que le duelen los riñones, pero sonríe.

lunes, septiembre 24, 2007

Frutería
En el supermercado, en la sección de frutería. La mujer se enfunda un guante de plástico en la mano derecha y, con ella, coge las manzanas de una en una y se las pasa a la otra mano, la izquierda, que está libre y desenguantada. Sopesa todas las piezas de fruta con la izquierda, las calibra a ojo, las aprieta con dedos como garras y finalmente las deja de nuevo en la estantería. Me fijo y alguna manzana tiene un pequeño hoyuelo en su superficie, del tamaño de la yema de su dedo.
Finalmente se quita el guante, lo tira al suelo y se marcha sin echar nada al carro.

sábado, septiembre 22, 2007

Ventanilla (VIII)
La señora es cubana. Lo sé porque lo dice unas cuantas veces. Quiere enviar un giro a su hijo, que está en Italia.
Introduzco los datos en el sistema informático, pero al llegar a “datos del remitente”, la señora insiste en decirme que ella es la viuda de Arrubarrena y nada más. No consiente en decir su nombre y apellidos. Le digo que si por cualquier causa el giro se devuelve ella no podría cobrarlo con ese dato en el formulario, que añada nombre y apellidos. Dice que se arriesgará a ello, pero que no los dirá. Solo viuda de Arrubarrena.
Se imprime el formulario. Le digo que lea con atención los datos, por si hay alguno que no sea exacto, y que si está de acuerdo, firme abajo a la derecha. Lo mira y lo remira, y después firma. Lo hace con extremo cuidado. Como viuda de Arrubarrena, como es natural.

jueves, septiembre 20, 2007

Ventanilla (VII)
Aflora en mí un sentimiento de alegría (que parece salvar la mañana) cuando el niño tan pequeño, sentado por su madre en el mostrador mientras rellena el impreso, agarra el bolígrafo y lo tira por encima de mi cabeza hasta ir a dar con un sonido hueco en la pared de atrás.

miércoles, septiembre 19, 2007

Ventanilla (VI)
El anciano quiere enviar una carta a la Seguridad Social de Ginebra. Es un sobre de color ocre, con la dirección impresa. Lo pone sobre el mostrador y me habla en voz baja. “Es para los suizos. Es la fe de vida”, dice, “la mando cada seis meses para que sepan que la pensión se la pagan a un vivo”.
Me ruega que rellene el formulario del certificado porque no sabe escribir. “Por suerte o por desgracia no sé escribir”, comenta. “Últimamente creo que es por suerte”.

martes, septiembre 18, 2007

Ventanilla (V)
La impresora no funciona y no imprime el informe. Parpadean sus dos lucecitas y parece reírse del trabajo de toda una mañana. Casi me alegro.

domingo, septiembre 16, 2007

Ventanilla (IV)
La jovencita quiere que la carta llegue con urgencia. Va dirigida al Módulo I de una prisión. Al pegar el sello veo que en el ángulo inferior derecho pone: “No hagas caso de esos malos rollos. Tu hijo y yo seguimos queriéndote mucho”.

sábado, septiembre 15, 2007

Ventanilla (III)
El hombre es joven, fuerte, con una mirada dura y unos gestos de bestia salvaje. Lo que más llama la atención de él es que habla muy poco el castellano, se expresa con dificultad, no soy capaz de entender qué es lo que desea, pero cada cinco palabras intercala entre ellas la expresión “la madre que me parió”. Eso lo pronuncia perfectamente.

viernes, septiembre 14, 2007

Ventanilla (II)
Hay ocasiones en los que se cae el sistema. No hablamos del capitalismo, ni de aquella revolución pendiente que nunca llegó. Hablamos simplemente de que los ordenadores no funcionan y de que el sistema ha caído. En la pantalla pone Error Server 540.

jueves, septiembre 13, 2007

Ventanilla
El vestíbulo. La atención al cliente. Formularios. Gente que espera.
Jugar con un clip. Mirar el reloj en la pared. Posar la yema del dedo en la balanza y contemplar lo que pesa mi voluntad.

miércoles, septiembre 12, 2007

Viaje
Volvíamos (siempre hay que volver) en una caravana larguísima. En la radio sonaban las canciones que suenan siempre y en los arcenes veíamos, de vez en cuando, coches derrotados, con sus dueños vestidos con el chaleco amarillo, esperando la grúa. Paramos en una gasolinera.
Mientras yo iba al cuarto de baño ella dio una vuelta entre las estanterías de la tienda. Vendían navajas de Albacete, quesos manchegos y morteruelo envasado al vacío. Un hombre despeinado y con sonrisa de sátiro le guiñó el ojo. Le dijo: “si esperas un momento, cojo una servilleta del bar y escribo una poesía para ti”.
Me lo contó después. Por qué no esperó. No llevábamos tanta prisa.

jueves, septiembre 06, 2007

Fechas en mi vida (Parkinson)


Mayo, 1978
Amanecía en mi vida y tú siempre estabas allí. En la tele en blanco y negro Locomotoro discutía con los hermanos Malasombra mientras a Valentina se le torcían las gafas. Un globo, dos globos, tres globos. Me asomaba a la terraza y siempre estaba a mano el horizonte. La calle era mi reino y tú el hada madrina. Cómete la merienda, gritabas por la ventana, y nunca estuvieron más limpias ni fueron más blancas las sábanas que colgaban, batiendo el aire, así eran las banderas de mi infancia que tú guardabas.
El Guerrero del Antifaz depositó la espada sobre la mesa, puso su mano sobre mi hombro y susurró “es tuya”, y entonces entraste a la habitación para despertarme, como todos los días, para ir al colegio. El de Sociales cateaba a cualquiera y el de Física decía que el Teorema de Arquímedes nos entraría, cenutrios, aunque fuera con sangre. En el recreo pisábamos la tierra, levantábamos polvo, jugábamos a la pídola y al rescate y nos enterábamos de que Spiderman le había ganado la partida al Doctor Octopus. La princesa Sigrid, con su cabellera rubia, con sus ojos soñadores, esperaba algo, no sabíamos qué, en el reino de Thule, mientras el Capitán Trueno luchaba con un cocodrilo en un río proceloso. Solo Luismi sabía lo que significaba proceloso, pero nadie estaba dispuesto a preguntárselo.
César estuvo castigado por preguntarle a Don Luis qué era el onanismo y Del Castillo copió mil veces no molestaré a mis compañeras. Análisis morfológico de la siguiente frase, búsqueda de la verdad en el pensamiento socrático, fórmula del níquel. Ellas nos miraban y reían y su risa a veces hacía daño y otras acariciaba, como el filo de una navaja o como una tela suave y ondulante. A Marga le habían crecido los pechos porque comía tigretones y phoskitos, decía Nica, que consultaba a escondidas la Vida Sexual Sana que tenían sus padres en casa, en lo más alto del mueble del salón, pero no le creíamos porque ni siquiera era capaz de sostener el cigarrillo entre los labios como nosotros, que ya lo hacíamos como el Sargento de Hazañas Bélicas y nuestro trabajo nos había costado.
Aprendí bajo tu tutela, madre, mientras Bruce Lee hacía acto de presencia los sábados en la sesión doble del Astoria, que máquina y taquigrafía eran de gran porvenir, que era necesario comer lentejas, que todo esfuerzo tenía su recompensa.


Agosto, 1982
Tomé un par de cañas, jugué al futbolín y gané míseros sueldos de fin de semana. Corría el año 1984 y yo cumplía el servicio militar en Canarias. Sería la sal o el aire proveniente del Sahara, no lo sé, pero el cuartel, que estaba lejos del mar y situado sobre unos pedregales polvorientos, parecía siempre sucio y a punto de derrumbarse, por más que continuamente hicieran que los soldados lo limpiáramos y pintáramos. A los pocos días de estar allí me contagié de la mugre y la desidia que imperaba en el ambiente y que parecía apoderarse de todo. En un año pinté muchas fachadas, garitas y salas de guardia. Lustré mis botas y miré el cielo encapotado. Mis pensamientos eran difusos e intermitentes como el agua caliza de las duchas del cuartel. Parecía que anduviera sobre arenas movedizas y que mi única obligación fuera arremeter contra el mundo.
Pero pensaba en ti y me sobreponía. Echaba de menos la franqueza y rectitud de padre, sí, pero sobre todo tu dulzura, y el reconfortante olor a orégano y pimentón de tus comidas, y que lavaras mi ropa interior y plancharas mis camisas de tergal. En las tardes largas de las camaretas militares leí Crimen y Castigo y caminé por calles nevadas y frías; Cien años de soledad y me mojé con su lluvia; el Gran Gatsby y asistí a fiestas en las que se servían martinis perfectos. Me maravilló la literatura y a ella me agarré. Ahora sé que aquellas tardes solitarias en el pozo sin fondo de la infantería posibilitaron estas líneas.


Marzo, 1995
Recibos del banco, hipoteca variable, estamos a fin de mes, hay que ver cómo está el aceite de oliva, sube la hipoteca. Coche de cinco puertas, en agosto vacaciones en la playa. No me grites. Plancho yo, tú preparas la cena. Hay que arreglar el grifo de la cocina y han llamado de Telefónica, que ya funciona. Apunta que hay que comprar leche y coca cola, qué cansado estoy. Ponte el abrigo, que hace frío. La esgrima de todas las parejas del mundo continúa y, sin embargo, aunque a veces mi mujer y yo no nos soportamos, el engranaje de la vida es perfecto. Tú me lo haces saber cuando hablamos por teléfono y en tu voz hay un sosiego que reconozco y me alienta.
Os visitamos el domingo y cocinas para nosotros caldereta de cordero y natillas. Las puertas de los armarios de la cocina, abiertas. El vaso de vino de padre, brillante en medio de la mesa, como un trofeo. Con el delantal haces juegos de manos, tu frente suda, y te apoyas en la ventana, escoltada por los cacharros del fregadero. Sigues siendo la reina de los fogones, pero padre me dice, cuando no escuchas y recogemos las tazas de café, a la hora de la siesta, que te ha visto llorar alguna tarde con un llanto manso, que estás triste y que no sabe por qué.


Marzo, 1998
Mañana de domingo, de parque y tobogán, de arena y columpio. Huele a césped recién regado y los ladridos alegres de un perro se oyen a lo lejos. El periódico en mis manos, doblado. El mundo en mis manos, pienso. ¿Tú comes pipas o el primer helado del verano ya próximo? No lo recuerdo. Sí recuerdo que me has dicho que debemos hablar. Miro tu cara y en tu mirada veo el paso del tiempo. Desde luego, sé que no sonríes como antes. Pero no importa, la luz del sol es tan diáfana que parece traspasar los contornos del banco en el que estamos sentados, de los árboles, la silueta de los niños en los columpios, y todo parece estar dispuesto y colocado con esmero, esta mañana, para su disfrute.
Los colores del parchís en los columpios. El tobogán está solicitado. Una pelota rueda tras la empalizada y un niño corre en su busca, como unido con un hilo a ella. Parece que el osito Winnie llegará en cualquier momento, que el Mago Merlín sacará un conejo de su capirote estrellado. Tu nieto juega en la arena a que la pala de plástico azul es el aspa de un molino y el cubo un depósito de agua. Ya sabes que los lulusabios fueron unos monstruos prehistóricos que pueblan sus pesadillas y que con la biliquiteta correrá el Tour de Francia. Su juguete preferido es un cocolilo, un animal de grandes fauces que lucha contra las pirañas de los ríos. Miras a tu nieto y en la ternura que veo en tus ojos me veo a mí mismo cuando me dabas pan, aceite y azúcar y me decías sana, sanita, culo de rana.
“¿Recuerdas que tuve que ir al especialista?”, me preguntas, de pronto, “¿recuerdas que me acompañó tu padre?”.
Digo que sí. Hay un niño que llora, otro lanza una pelota al aire y la pelota parece demasiado ligera, casi etérea. La luz del sol nos da en los ojos y tenemos que utilizar las palmas de las manos como viseras.
“Pues el especialista es una neuróloga muy simpática, la doctora Guijarro, que me ha diagnosticado la enfermedad de Parkinson”, dices, y te quedas tan tranquila. ¿Cómo puedes quedarte tan tranquila, cómo? No sé si comes pipas o saboreas un helado, no lo recuerdo, pero sí sé que es domingo, que pronto comenzará el verano, que estamos en un parque de verdes praderas y que lo que me acabas de decir me suena a temblor en las manos, a ancianos decrépitos, a viejos que chochean, y mirándote me niego a creerlo.
Me hablas con paciencia de todos los síntomas de la enfermedad. Mencionas que no tiene curación, dices que con la medicación adecuada se puede llevar una buena calidad de vida. Insistes mucho en lo de la calidad de vida, insistes tanto que logras enfadarme. Te digo, casi te grito, que ya me informaré yo, ya iré a la biblioteca para saber qué coño es eso del parkinson. Te pregunto si has contrastado el diagnóstico con otro médico. Porque a veces los médicos se equivocan. Más de lo que pensamos.


Junio, 2005
El tiempo se deforma con el uso y va perdiendo las aristas. Todos los relojes parecen de arena, la arena que lame las olas de cada jornada: a media tarde estás demasiado cansada. Bostezas. Haces verdaderos esfuerzos para alegrar tu semblante como si esto fuera un circo sin carpa o un cuento sin final y tu nieto a veces se desespera, aunque ya va comprendiendo ciertas cosas porque ya tiene edad para eso, madre, no te preocupes.
En la comunidad de vecinos han instalado una rampa, la vecina del tercero te pregunta siempre por tu salud y parece que esperáramos el diluvio cuando paseamos. Te recuestas en las paredes y parece darte miedo cualquier umbral. El pasamanos que nos lleva al balcón de las tardes está cubierto de herrumbre, lo sé, ya nada brilla como antes. Hasta tu nieto se ha familiarizado con la terminología y habla de bloqueos, levodopa o disfagia...
Y sin embargo no te preocupes porque estamos contigo. Eso te digo sin que me escuches cuando espero sentado ante la máquina del café, con un vaso de papel en las manos, a que termines el horario de la terapia. Hoy toca logopedia y os oigo a ti y a tus compañeros, tras la puerta, decir “rrrrrrr”, declamando la poesía de los días y las noches, esas noches que pasas en vela y a veces con pesadillas, luego parar y después seguir, “rrrrr-rrrrr”, durante unos minutos. La Asociación de Parkinson una jaula de grillos, un campo de hierbas agostadas al final del verano. Todos ellos son tus amigos, madre. Aplaudo la determinación que has tomado: no rendirte nunca, no ceder ante la espada de la adversidad. Ganarás pequeñas batallas.
Sé que el calendario es tu enemigo, que la felicidad dura un instante y luego ya no existe. Por eso pronto te anunciaremos que te nacerá un nuevo nieto, para que sonrías y veas que el tiempo es un círculo que se cierra, pero dentro del cual estamos los que te queremos. Para que te sientes frente a su cuna y sueñes que me gritas por la ventana. Siempre han estado conmigo el Capitán Trueno y Spiderman. Y tú, tú eres la que siempre has estado conmigo.

sábado, agosto 25, 2007

Temor
Temo que ella busque el metro, lo encuentre — yo suelo esconderlo—y se ponga a medir. Eso quiere decir que pronto habrá que ir a comprar una cortina, un cuadro o una mesita para el teléfono.

miércoles, agosto 22, 2007

Llamada
Llamé por teléfono para informarme sobre los créditos al consumo porque recibí en casa un folleto publicitario muy interesante. En el díptico que recogí del buzón venían cifras, y T.A.E, y cuotas, y asteriscos. En una foto de muchos colores figuraban varias personas sonrientes, y un perro que saltaba por encima de una valla. La vista del perro, no sé la razón, fue el que me animó a marcar el número.
Me contestó una señorita con acento caribeño. Me gustó oírla porque con su voz parecía acariciarme, así que empuñé el auricular y pregunté todo lo que debía preguntar, sin prisa. Llegó un momento en el que escuché sus palabras como si fueran música de fondo, como si estuviera a la espera de un baño caliente, sin intentar descifrar el significado de lo que decía. De pronto, la señorita dijo: “Señor, apúrese, le remito un formulario y le paso con un compañero, porque me estoy haciendo pis”. Y colgó. Ni siquiera me pasó con un compañero.

lunes, agosto 20, 2007

Tentación
En ocasiones me asaltan las ganas de utilizar el lavavajillas para cometidos que no son los suyos.

viernes, agosto 17, 2007

Ascensor
Subo al ascensor. Pulso el número nueve. Me coloco frente al espejo para mirarme de cerca la dentadura porque soy propenso a la gingivitis y estoy algo obsesionado con esta enfermedad. De pronto suena una voz metálica que sale del panel metálico y que dice con voz femenina pero firme algo así: “Se ha producido una avería. Usted no tiene nada que temer porque los servicios de urgencia han sido avisados en este momento. Si quiere ponerse en contacto con nosotros presione sin soltarlo el botón de ayuda. Espere instrucciones. Conserve la calma y espere el rescate. “
Me sorprendo de lo oído, porque el ascensor sigue subiendo y parece que todo funciona bien. También por el tono de voz de esa mujer. Parecía que me echaba la culpa de algo.
Sigo mirándome las encías y el espacio entre ellas. El ascensor sigue subiendo. La señorita de la voz firme dice de nuevo: “Parece que todo irá bien. Haga el favor de no moverse. Lávese los dientes a menudo”.
Espero llegar al piso noveno. Ya debería haber llegado. No sé si pulsar el botón de ayuda. El ascensor se mueve, sigue subiendo.

martes, agosto 14, 2007

Evolución
Antes el pan se hacía de una mezcla de cereales y, la madre, con un golpe de muñeca, arrancaba un trozo para entregárselo al hijo. El hijo se sentaba a la mesa e invariablemente el primer bocado le hacía cerrar los ojos, extasiado.
Ahora esta madre y este hijo están en el parque, a la sombra, junto al tobogán, y el niño no quiere ir hasta la papelera para depositar allí el recipiente vacío del yogur con lactobacilus. Hace un momento ha escupido la última cucharada.

lunes, agosto 13, 2007

Intersección
Encuentro por la calle a un amigo del instituto al que hacía tiempo que no veía. De pronto parece que dos torrentes confluyen allí, que van a dar al único mar de los años. Palmadas en las espaldas. Espuma en nuestras respectivas preguntas. Risas. Nos hablamos, nos contamos.
Pero en unos minutos —los dos— nos damos cuenta de que en el recuerdo del otro no somos los que fuimos. Hay alguna pieza que no encaja. Ninguno hemos ido en la dirección que el otro sospechaba.
Y nos separamos preguntándonos qué hicimos en aquellos tiempos para que ahora nuestros caminos no puedan cruzarse. Ya ni siquiera podemos apoyarnos en los demás para reafirmarnos.

martes, julio 31, 2007

lunes, julio 30, 2007

Pueblo (y XVI)
El señor Eustaquio le dice a los niños que si tienen ganas de orinar que vayan detrás de la tapia de su tenada y lo hagan allí, encima de la zarza, que les da permiso, y los niños van, muertos de risa, a orinar en grupo.
Ni así es capaz el señor Eustaquio de acabar con la zarza que está encaramándose por el muro, adueñándose de su tenada.
Pueblo (XV)
La mujer va al cementerio a paso rápido, como con prisa. A ratos se sale de este camino asfaltado y se mete a la cuneta, rebuscando. Ya, como es natural, no quedan espárragos en las esparragueras porque es verano, pero a ella le gusta ver estas matas de color verde oscuro, como árboles en miniatura, con púas, y pasar la yema de los dedos por sus bordes, hasta que le duela, casi hasta hacerlos sangrar.
Pueblo (XIV)
Hay señoras mayores vestidas de negro que se acurrucan entre ellas, se propinan codazos y nos cuentan historias mil veces repetidas. Y siempre nos reímos —ellas lo saben—ya sea con el cuento de Isidoro, que le dio bicarbonato a las ovejas, o el de Lucas, que asustaba a los niños con sus pedos.
Aquellos hombres ya murieron, pero cada carcajada nuestra les hace más merecedores del cielo.

domingo, julio 29, 2007

Pueblo (XIII)
Todos los veranos ha sido así: Los críos que corren en bicicleta por el pueblo van a parar detrás de las cercas del prado a descansar. Allí las parejas se dan sus primeros besos, evitando los manillares y los radios de las ruedas, haciendo planes para el día siguiente mientras ven correr una lagartija por las piedras.
Pueblo (XII)
Hay moscas que no respetan ni la mejor de las cortinas. Y pasan, casi siempre a la cocina, y se dan por invitadas.

sábado, julio 28, 2007

Pueblo (XI)
En las antiguas eras en las que antes se trillaba se celebran ahora partidillos de fútbol y alguna vez me ha parecido ver (durante una milésima de segundo) a viejos señores con chambra y boina, que aventaban la mies mientras daban, socarrones, un taconazo al balón.
Pueblo (X)
Todas las mañanas, a primera hora, el alguacil monta en su bicicleta y va por el camino a ver si las bombas del depósito del agua funcionan.
Si funcionan, ha acabado su trabajo. Si no funcionan, también, porque avisa por teléfono a la Diputación.

viernes, julio 27, 2007

Pueblo (IX)
Frente a la puerta de la iglesia hay un banco de piedra y allí me siento algunos domingos para oír cómo la pesada puerta se abre y se cierra al paso de los fieles, chirriando sus bisagras y dejándome atisbar la luz de dentro.
Pueblo (VIII)
Van las cosechadoras levantando polvo por los caminos, de unos campos a otros, con esas mandíbulas cuadradas, todas pintadas de verde, y dejan el lugar amarillo y rapado, bien aseado.

jueves, julio 26, 2007

Pueblo (VII)
En las bodegas se bebe vino cosechero, que parece ser que por estos sitios no es de buena calidad, pero ningún forastero se ha atrevido nunca a decirlo.
En las bodegas se está muy fresquito, al tercer vaso sonríes sin motivo, y hay una especie de humedad polvorienta que (lo confieso) excita la libido.
Pueblo (VI)
¿Literatura? Disfrutar de la literatura es sentarse en el taburete, pedir una cerveza, acodarse en la barra y escuchar con los ojos muy abiertos las hazañas de los cazadores sobre la temporada de la perdiz.

miércoles, julio 25, 2007

Pueblo (V)
“En este pueblo hay piedras tan grandes que se necesitan tractores para moverlas”, me dice un hombre en la plaza, mientras mueve el azadón arriba y abajo.
Pueblo (IV)
Sentados en la terraza de este bar de pueblo, a última hora de la tarde, con una cerveza encima de la mesa, comiendo pipas, es cuando se da uno cuenta de lo que corren los coches que pasan por la carretera.
Pueblo (III)
Estamos sentados en el umbral. Ya está cayendo el sol, se ve la línea de la sombra en la pared de enfrente. Por el fondo de la calle aparece el señor Tomás, con su carretilla. Es un anciano. A este hombre se le ha muerto una hija hace pocos meses. Se para delante de nosotros y nos dice, enseñándonos un tomate rojo: “Mirad, el primero de la huerta”.
Pueblo (II)
Es la hora de la siesta en este pueblo en el que todas las casas tienen patios con geranios. Salgo a buscar las gafas a la guantera del coche y veo en la esquina a un galgo que duda qué camino tomar. Hace un sol tremendo, hay una luz asombrosa, y el animal sigue dudando. Parece dar vueltas sobre sí mismo, buscándose su rabo largo. Por fin se va por la acera de la sombra, en dirección a la plaza.

martes, julio 24, 2007

Pueblo
Es domingo. Son las nueve de la mañana en este pueblo situado entre pinares. Voy a comprar el periódico a la panadería y hay cola. Así son los fines de semana del verano en estos pueblos: gente por la calle que se saluda, perros solitarios, señoras en bicicleta...
Me pongo el último, en la acera, a la sombra, esperando mi turno para comprar el periódico, porque el periódico se vende en la panadería. Huele a anises y a magdalenas recién hechas. Va saliendo la gente, con su barra de pan, con el periódico, con unas docenas de huevos. Pero dentro permanece un anciano que rebusca en su bolsillo.
—Que son setenta céntimos. —dice la panadera.
—Sí, sí.—contesta el viejo, que sigue rebuscando en su bolsillo. Saca unos caramelos, tres, los pone encima del mostrador y dice:—Pues cóbrate.
—Que son setenta céntimos.
El hombre se guarda los caramelos. Los demás clientes vamos pasando, entrando y saliendo con nuestra compra.
Antes de que me vaya, oigo de nuevo al hombre. Saca otra vez los caramelos del bolsillo y dice:
—Cóbrate. Cóbrate, que hay uno de limón.

lunes, julio 23, 2007

Zeppelin

Hace calor.

No puedo dormir, así que me levanto y enciendo el ordenador. Echo un vistazo a mis blogs preferidos y encuentro en http://latormentaenunvaso.blogspot.com/ una reseña sobre Zeppelin. Es como si me hubiera estado llamando.

Me gusta mucho lo que ha escrito Miguel Baquero sobre Zeppelin. Gracias.

domingo, julio 22, 2007

Caravana
La carretera tiene varios carriles pero por ninguno de ellos se avanza lo suficiente. Es cuesta arriba. Circulación muy lenta del kilómetro 83 al 3, eso dicen los carteles luminosos. La música cansa, el calor cansa, la espalda pegada al asiento cansa. La cebolla sigue provocándome ardor de estómago, ahora lo recuerdo. Necesito un café. Mañana es lunes.
Miro al coche que circula en el carril de al lado. Conduce una chica. Me mira y sonríe. Yo no sonrío. Creo que es estúpida, por cómo sonríe. Miro al frente. Mañana es lunes. Los coches avanzan en paralelo. Miro de nuevo y veo que tiene puesto un enorme sombrero de paja. Sonríe y me saca la lengua. Es preciosa, ahora me doy cuenta, y pone cara de payaso. Se quita el sombrero y me saluda con una reverencia infantil. Sonrío.

lunes, julio 16, 2007

Actitud
Albergo cierto resentimiento social. Siempre creí que estar del lado de los oprimidos era mejor opción. Desde muy pequeño supe cuál era mi sitio. Uno va mirando hacia delante, sí, pero eso no implica dejar de mirar hacia atrás.
Por otra parte, los que mandan, los ricos —los alegres— no tienen necesidad de la literatura. La rebelión, como la tristeza, es más literaria.

viernes, julio 13, 2007

Muchacha
La muchacha es un pajarito que al andar mueve demasiado sus caderas mínimas, que mete una mano en el bolsillo y todo su cuerpo parece escorarse hacia ese lado en el que guarda algún tesoro. Se le notan todos los huesos, el cabello lacio le entierra media cara. Pienso que las rodillas se le doblarán. Se acerca. Parece que anduviera sobre un colchón inflable, pero no, es asfalto caliente lo que pisa. Tiene heridas en los labios y se pasa la lengua por ellos como si tuviera sed. Saca la mano del bolsillo. Habla, y cuando lo hace mira directamente a mis ojos. Dice: “¿Pañuelos? Tengo pañuelos. Vendo pañuelos”.
Yo no bajo el cristal de la ventanilla. Le digo que no con mi mano y miro fijamente la luz roja del semáforo.

martes, julio 10, 2007

Julio (II)
En los colegios no hay niños. Son las vacaciones.
En los árboles de los patios de los colegios no hay pájaros. Son las vacaciones de los pájaros.

lunes, julio 09, 2007

Julio
Julio es el toldo agitado por un viento suave. La espalda pegada a las sábanas. Es el agua de la sandía, que mancha las manos con su azúcar.
Nos levantamos desperezándonos y hay un olfato que se despierta en julio y que nos hace buscar los rincones más frescos de las casas.
Julio se diferencia de los demás meses del año en que es el mes que más nos apetece una ducha. Luego ya nos acostumbramos al calor.

viernes, julio 06, 2007

Expurgado de Zeppelin

A los álbumes de cromos siempre le faltaban algunos y eso era la vida: un álbum incompleto con páginas manoseadas. Comíamos pastelitos tigretones mientras nos preguntábamos cómo no nos habíamos fijado hasta entonces en los pechos de las chicas. ¿A dónde habíamos mirado y qué había más importante que aquello? ¿Tenían algo que ver la filosofía platónica o la revolución industrial o las fórmulas químicas con las miradas de aquellas muchachas que ahora usurpaban nuestros pensamientos? En la hora del recreo ellas cuchicheaban y nosotros nos propinábamos codazos, y acudir a clase de gimnasia era un acicate para rememorar nuestras emociones el sábado por la tarde. Nuestros pensamientos eran difusos y una lluvia fina calaba nuestros corazones.

jueves, julio 05, 2007

Expurgado de Zeppelin

Un compañero de cabeza grande y rubia que adoraba los tebeos del Capitán Trueno y utilizaba mil veces al día la palabra mentecato. Otro que fumaba porros y nos enseñaba las boquillas. Justo Ramales, que era de COU pero que salía con Carmen y había quien le decía que se la teníamos prestada.

miércoles, julio 04, 2007

Jardín
Miro por la ventana y veo al jardinero. Sujeta entre sus manos una enorme podadora que, por lo que suena, parece excesivamente revolucionada. El hombre, vestido con el uniforme verde del departamento de parques y jardines del ayuntamiento, está cortando el seto de arizónicas. Entre cada tramo de arizónicas hay intercalados unos rosales, con unas enormes flores rojas. Son las mejores rosas, las que nacieron al final de la primavera.
Abro la ventana y huelo las arizónicas, y la humedad de la tierra, pero también la gasolina de la máquina. El jardinero rasura la línea del seto, se separa unos metros, contempla su trabajo, y vuelve de nuevo a ello. Está consiguiendo un trabajo perfecto, un trabajo de artista. Las arizónicas están tupidas y perfectas, en línea completamente.
De pronto, el hombre se levanta la visera de plástico, mira a un lado y a otro, parece ser que no ve a nadie. Empuña de nuevo lo que ahora parece un arma y, de un tajo, se lleva por delante todas las rosas de un rosal, que vuelan durante un segundo y después caen al suelo.

lunes, julio 02, 2007

Cajones
Cuando rebuscamos en los cajones encontramos libros de instrucciones de objetos que ya son inservibles.

viernes, junio 29, 2007

Cuento
Me gustaría verte paseando, preguntarte si sopla el viento. Que anduviéramos hasta cansarnos. No saber qué va a suceder. Pero tú prefieres el lujo y la sofisticación, el bullicio a la tranquilidad, el metacrilato a la madera...

Así que como yo soy el que manda, pulso la tecla SUPR y comienzo de nuevo el cuento.

Adiós.

jueves, junio 28, 2007

Río
Estuve paseando por el campo, siguiendo el camino junto a un río, y me picó un insecto en la pierna. Me lloraron los ojos y se me hincharon los párpados como si retuviera líquidos y fuera un borrachín al que le gusta demasiado el vino o un conejo con mixomatosis.

Alguien abrió la mochila y me dio un antihistamínico. Sentí cómo pasaba por mi garganta junto a un trago de agua y cómo poco a poco se desinflaban mi cara y mis párpados.

Luego nos sentamos en una piedra, a la sombra de unos árboles, y nadie miró mi cara y todos miramos el río.

miércoles, junio 27, 2007

Pandora
Ella abre la puerta del armario. Durante un minuto veo sus brazos moviéndose, entrando y saliendo del lugar en el que cuelgan las perchas.
Aquí está, exclama.
Y saca una camisa y la expone al cielo, con los brazos levantados.

martes, junio 26, 2007

Engranaje
Cómo van a ir bien las cosas en el mundo si ni siquiera somos capaces de encontrar la pareja del calcetín que tenemos en la mano.

viernes, junio 22, 2007

Terraza (II)
Hay camareras que en su bandeja, junto con la cuenta, se llevan nuestro corazón.

Por la noche no todas las terrazas son iguales.

Si te desperezas en una terraza...

Algunas veces la cerveza parece el cáliz, una patata frita que cogemos del plato con dos dedos la hostia, y aquella mujer que cruza las piernas y sonríe la que consagra la noche.

jueves, junio 21, 2007

Zeppelin

...Domingos tranquilos paseando con papá, cazando mariposas y pensando en fútbol. Un joven repartidor de propaganda en Chinchón...
Marta escribe de Zeppelin en su blog http://ardiendoaunclavo.wordpress.com/, entrada del 21 de junio.

miércoles, junio 20, 2007

Terraza
Cuántos recuerdos se posan en el fondo de una botella de cerveza.

Hay terrazas que nos guardan el sitio de un año para otro.

El cerco que deja el vaso de cerveza en la mesa es un anillo de las olimpiadas del verano.

Sentado en una terraza, tomando una cerveza, vemos correr la línea de la sombra en el edificio de enfrente. Eso es el tiempo.

lunes, junio 18, 2007

Zeppelin

Sí, Zeppelin sigue su camino.
Algunos amigos lo leen y hablan de él.
http://diariosderayuela.blogspot.com/ en su entrada del 18 de junio.
Amanecer
Sube la persiana, abre la ventana y sacude la alfombra. Así comienza siempre el día. Y le va bien porque llega hasta la noche sin desfallecer.

sábado, junio 16, 2007

Libros
La foto del autor en la contraportada envejece con el libro. Primero le crece la barba y se le entristecen los ojos. Luego vienen las páginas arrugadas y el lomo desvaído.

viernes, junio 15, 2007

Diagnóstico

El médico ve la radiografía y me dice que tengo la columna vertebral dañada. No sabe a qué se debe. Pregunta si he sufrido un accidente y contesto que no. Pero luego lo pienso: he sufrido muchos accidentes. Accidentes mínimos, accidentes diarios. Se lo hago saber.
—Pues oiga, se ve que a usted le afecta a la columna. Es como si quisiera estar usted siempre en posición de firmes y no pudiera.

jueves, junio 14, 2007

Jornada
Cuando, cansado, frente al ordenador, uno se quita las gafas y las pone sobre la mesa, parece que esté cantando las cuarenta al tiempo.
Nacimiento
De las páginas de los libros infantiles brotan pinturas de cera, rotuladores y lápices de colores.

martes, junio 12, 2007

Tiendas
Fuimos de compras. Necesitaba ropa. Hay algo que se me escapa en ver cómo algunas personas acarician lo que está colgado en las perchas, en cómo sujetan entre sus dedos las prendas que sacan de las estanterías. Esa mirada de admiración yo no la poseo. No soy capaz de deslizar mis pies sobre la superficie encerada de la tienda en busca del tesoro escondido, ni de mirarme al espejo con ojos de vicio mientras introduzco un dedo en el ojal.
Después de pasar la tarde en tiendas con escaparates entramos en un bar. La cerveza y los cacahuetes me pusieron de nuevo en contacto con la realidad.

lunes, junio 11, 2007

Zeppelin

Hay amigos que están leyendo Zeppelin. Y que les gusta.
http://conde-duque.blogspot.com en su entrada del 28 de mayo.
http://camabarca.blogspot.com en su entrada del 10 de junio.

viernes, junio 08, 2007

Feria
Vi a una mujer con un libro en las manos. Lloraba. Quise saber qué libro era y por qué estaba tan emocionada. Me dijo que era alérgica. A las gramíneas.

jueves, junio 07, 2007

Feria del Libro de Madrid
Compré un ejemplar de Cuentos, de Ernest Hemingway. Pagué. Y le pregunté al vendedor si estaba por allí el autor, para firmármelo.

Los niños son los que mejor se lo pasan en la Feria. A todos les prometen que después irán a los columpios (que se ven, se ven detrás de las casetas).

A la Feria, para ser perfecta, le hacen falta un par de fuentes de agua fresca en cada acera.

Hubo un momento en que Antonio Gala estaba firmando en cuatro casetas a la vez.

miércoles, junio 06, 2007

Cena (III)
Una pequeña mancha en el mantel de la mesa del restaurante nos hace pensar que quizás deberíamos estar en otro lugar.

Hay parejas que, sentadas a la mesa del restaurante, parecen hacerse caricias amorosas. No es verdad: se consuelan mutuamente por haber elegido aquel lugar, tras ver el primer plato.

Si en un restaurante bebemos mucho vino es posible que sea para olvidar que la comida que nos sirven está realmente mala.

Viendo algunos platos de sopa recordamos que el sistema de alcantarillado es propio de nuestra civilización y se inventó hace siglos.

martes, junio 05, 2007

Inculpación
El dedito que vemos en la pantalla del ordenador y que se mueve es el que a veces nos acusa y nos dice que debemos escribir, escribir, escribir... Lo corrobora todo el reloj de arena, que nos muestra que nos falta tiempo...

lunes, junio 04, 2007

Realidad
Si pudiéramos quedarnos, veríamos que cuando apagamos la luz y salimos de una habitación los objetos se recolocan. Por eso luego en ocasiones tropezamos.

sábado, junio 02, 2007

Zeppelin

Esta es la primera frase de Zeppelin: “En las terrazas siempre había ropa tendida, jaulas con jilgueros y una bombona de butano de repuesto.”

Y esta la última: “Llego tarde al trabajo”.

viernes, mayo 25, 2007

Zeppelin

Por fin.

Hoy, que comienza la Feria del Libro en Madrid, me entero de que Zeppelin, mi libro, está en la calle.

Editado por Pre-textos, Zeppelin es el libro de cuentos ganador del concurso Manuel Llano 2006. El jurado estuvo compuesto por José Manuel Benítez Ariza, Luis Mateo Díez, Ignacio Martínez de Pisón y Manuel Ramírez.

Si queréis saber más de él (y de mí) entrad en www.pre-textos.com.

Zeppelin está a la venta en cualquier librería y en la caseta que Pre-textos tiene en la Feria del Libro.

Espero que le guste a toda la gente, pero especialmente a los amigos que he hecho con este blog, con el que disfruto tanto, y que me ha llevado a conocer a Conde-duque, Mabalot, Rayuela, Ana Pérez Cañamares, Manuel Jabois, Juan Domingo Fernández, Jorge Ordaz y tantos y tantos otros que tengo agregados a esa lista ya casi interminable que surge a la izquierda del monitor y que se llama Favoritos. Leyéndoos me lo paso muy bien. Con vosotros se ama la literatura. Gracias.

lunes, mayo 21, 2007

Cena (II)
El buen espárrago es el que parece una varita mágica.

Las alitas de pollo parecen la pajarita del esmoquin del gallo.

Quizás el gazpacho (con poco ajo) sea el alimento para los vampiros vegetarianos.

El ojo del besugo en el plato no es el ojo de Dios, que todo lo ve, por mucho que a veces lo parezca.

domingo, mayo 20, 2007

Cena (I)
Al decapitarlas, las gambas que comemos y colocamos frente a nuestra boca, realizan una grácil genuflexión.

Hay un momento en el que el tomate al horno se desilusiona y parece desinflarse.

Cuando oímos chisporretear la grasa del cordero en el horno parece que el animalillo vaya a salir corriendo.

De todos los colores que posee una buena ensalada el más desvaído es el del pepino. Por eso a veces se venga proporcionándonos ardor de estómago.

No es cierto que los granos de maíz sean las monedas de la ensalada.

sábado, mayo 19, 2007

Peaje
Por tan alto importe, los cobradores de las autopistas de peaje deberían darnos un plano con los baches del trayecto y, a la vuelta, tras la ventanilla, preguntarnos si lo hemos pasado bien y desearnos que volvamos pronto.

jueves, mayo 17, 2007

Elecciones
Lo vi mientras caminaba: una máquina municipal, de esas verdes, barredoras de aceras, derrapó en una rotonda y volcó. El conductor salió por su propio pie y se quedó mirando, como yo, las dos enormes escobillas batiendo el viento y lanzándonos un polvo sucio.

miércoles, mayo 16, 2007

Insomnio
De madrugada. La luz amarilla del flexo. Solo el ruido del ventilador del ordenador. Leo. Levanto la vista. A esta hora de la noche me convenzo de que el sueño llegará si realizo los movimientos con lentitud.

martes, mayo 15, 2007

Recibos
Los extractos bancarios están fabricados con polvo de las lápidas de los cementerios.
Dioses
En los cuencos de las antenas parabólicas de los tejados comen los dioses. Orinan por los conductos del aire acondicionado.

domingo, mayo 13, 2007

viernes, mayo 11, 2007

Síntomas
Creo que me estoy haciendo mayor porque sufro presbicia, mido lo que bebo, en ocasiones hablo solo, disculpo con facilidad las faltas de los demás y no entiendo los anuncios de la tele (sobre todo los de coches).
Brillo
En el suelo de los portales se refleja el estado de cuentas de la comunidad de vecinos.

jueves, mayo 10, 2007

Ancianos
Esos ancianos que en el cuarto de baño mean fuera de la taza para marcar territorio, sí, esos son los que todavía andan con paso firme por la vida.

La manía que exhiben ciertos ancianos de enumerar ocupaciones, de confeccionar pormenorizadas listas de tareas, es una forma de luchar contra el tiempo.

martes, mayo 08, 2007

Realidad
Noten ustedes que no es oro todo lo que reluce. Noten, además, que en ocasiones nada reluce.
Primavera
Los tendederos de ropa. Al sol y con una pared de piedra al fondo. Una pinza, el horizonte. Olor a limpio.

lunes, mayo 07, 2007

Constatación
Aquel hombre era ligeramente estrábico. No es que mis razonamientos le hubieran dejado obnubilado.

domingo, mayo 06, 2007

viernes, mayo 04, 2007

Ambición
De niño yo no quería ser astronauta. Yo quería ser el que abriera la escotilla cuando volvieran de su misión.

jueves, mayo 03, 2007

Libro
Me traje de la biblioteca un libro de Charles Baxter. Lo encontré como el que encuentra un tesoro, mientras vagaba entre las estanterías. La portada muestra un buzón de correos y una inmensa llanura delimitada por el horizonte. Me gustan los cuentos de ese hombre. En la primera página, el sello y la tarjeta con la fecha de devolución. En la segunda página, a lápiz, mi número de teléfono y la leyenda: “llamar y decírselo”. Nada más. No sé quien tiene que llamarme, no sé quien tiene que decirme algo. No sé si será importante. No sé quien ha leído ese libro antes que yo.

miércoles, mayo 02, 2007

lunes, abril 30, 2007

sábado, abril 28, 2007

Domicilio
Salí del ascensor. La puerta estaba abierta, el felpudo colocado en el quicio para que no se cerrara. Seguramente ella estaría en casa de la vecina, intercambiando azúcares o huevos, o hablando de las últimas noticias. Llegué hasta la cocina. Levanté la tapa de la cazuela y vi que eran patatas. Saqué de la nevera una cerveza fresca y unos pepinillos. Me quité los zapatos y me calcé las zapatillas de Bart Simpson. Miré las notas de la puerta del frigorífico y fue cuando me di cuenta de que me había equivocado. Ni teníamos cita con ningún abogado al día siguiente ni debíamos tanto al departamento de electrónica del Corte Inglés, como decía aquella factura.

jueves, abril 26, 2007

Primavera
Ante la lluvia de estos días de primavera a todos nos gustaría ser chuchos y sacudirnos el agua como ellos.

miércoles, abril 25, 2007

Misterio
Era una mujer que quería ser tan misteriosa que cuando llegaba a los sitios lo hacía de espaldas.

martes, abril 24, 2007

Génesis
Los agujeros negros del Universo comenzaron con un agujero en el calcetín de Dios.
Adolescente
Por imperativo sucesorio el adolescente ve en ti a una estatua de mármol.

lunes, abril 23, 2007

Fotografía
Utilizar una cámara fotográfica es zancadillear al tiempo.
Agenda
Cuando abres una agenda hay direcciones fosforescentes; son las que están esperando la llamada pendiente.

viernes, abril 20, 2007

Maleta (3/3)
Mi padre, ahora que es un anciano, se ha comprado una garrota para apoyarse al caminar. La tiene siempre a mano. Procuro no discutir con él y, sobre todo, no darle la espalda, por el bien de mis costillas.

Joaquinito es militar. Está en misión de paz en Afganistán.

Mi mujer adora ir a comprar al hiper y derrapar con el carro por los pasillos.

Yo sigo leyendo febrilmente.

Estamos hospedados en un hotelito de un pueblo de Salamanca. Se llama Ahigal de los Aceiteros y aquí pasaremos las vacaciones. He visto una maleta que se parecía mucho a aquella que recuerdo de la infancia. También era de cartón, atada con una cinta de cuero. Estaba en el vestíbulo, adornándolo junto con otros objetos. Me sobresalté. La primera intención de mi hija fue ir a abrirla. La recepcionista la amonestó con la mirada y desistió. Estoy seguro de que, más pronto o más tarde, en un momento de descuido de la señora, la abrirá.

Pienso que sí, que siempre deberíamos tener una maleta a mano. Que la vida es circular.

jueves, abril 19, 2007

Maleta (2/3)
Al día siguiente de mi experiencia con la maleta de cartón le conté todo a Joaquinito, con pelos y señales. Él me miró estupefacto, calló durante unos momentos, se rascó la entrepierna y me preguntó si prefería jugar a los indios.

Vi que el abuelo no tenía la garrota a mano y aproveché para preguntarle si él había abierto la maleta del desván alguna vez. "Zoquete", dijo, "zoquete, ¿es que acaso no te das cuenta de que la vida es circular?"

No sé si dijo eso o: "Zoquete, zoquete, ¿es que acaso no te das cuenta de que vamos a comer ya?"

El caso es que aquellas vacaciones no volví a subir al desván, ni, por supuesto, a ver la maleta. Hace unos meses pregunté por ella a mi madre y me dijo que no recuerda que hubiera una maleta de cartón en el desván de la casa de los abuelos

miércoles, abril 18, 2007

Maleta (1/3)
Todo eran órdenes y prohibiciones. Me dijeron que no cruzara la calle, que no le llevara la contraria al abuelo y que, por nada del mundo, abriera la maleta de cartón que había en el desván.

No crucé la calle porque traían a Joaquinito para que jugara conmigo. El abuelo me atizó un garrotazo en la espalda el día que le dije que le olía el aliento. Y al desván no subía porque siempre estaba vigilado.

Cierto día, a la hora de la siesta, subí. Lo primero que hice tras ascender por aquellos escalones de madera que crujían, evidentemente, fue buscar la maleta. Era una maleta de cartón, atada con una cinta de cuero y cerrada con una llave que parecía de juguete. Estaba puesta.

Abrí la maleta y vi a mis padres cuando eran niños. Vi a mi abuelo atizándole a mi padre con la garrota, atizándole con el mismo movimiento elástico y perfecto, exactamente como me había atizado a mí. Discutían por algo, pero no les entendía. Vi a mi madre con el brasero de picón en las manos, soplando al aire. Los vi a los dos en una era, un atardecer. Mi padre subiéndole la saya, mi madre negándose. A los dos, comiendo morcilla patatera y pan. Bebiendo vino y riéndose. Luego, a ella dando a luz. A mí berreando en una cuna enorme que luego heredó mi primo. A mi abuelo atizándome de nuevo con la garrota porque me reía de su aliento. A Joaquinito en la mili. Yo, también en la mili, escuchando las estupideces de un tipo barrigón. A mí leyendo febrilmente. Yo, con mi mujer, comprando en el supermercado. A mí, escribiendo estas líneas. Estas justamente, línea por línea, palabra por palabra.

Cerré la maleta y bajé corriendo, porque me llamaban para que tomara un vaso de leche con galletas.

lunes, abril 16, 2007

Objetos
Hay objetos magníficos. Una grapadora, por ejemplo. Una grapadora es un objeto infravalorado.
Jornada
La panadera me da la barra y a ella le quedan, de toda la mañana transcurrida, unas miguitas en la pechera.

domingo, abril 15, 2007

Desayuno
En el puesto de trabajo, la hora del café debería servir para pedir perdón por nuestros pecados.
Tentación
Al ver una calculadora de bolsillo a todos nos dan ganas de calcular algo.

viernes, abril 13, 2007

Amor
Noté que aquella mujer era especial cuando vi que al andar apoyaba más de la cuenta el dedo pulgar del pie, como si brincara y sus pies fueran pezuñas evolucionadas. Luego lo confirmé: por su entrepierna oscura soplaban mil vientos, y una flauta.

jueves, abril 12, 2007

Trabajo
En algunos puestos de trabajo debería haber metralletas en lugar de monitores, y trincheras en lugar de sillas.

miércoles, abril 11, 2007

Ayer
Hice un largo viaje por carretera y al llegar a casa vi que una ventana estuvo abierta todos estos días.
Vi llover, y, desde casa, correr a una mujer que se tapaba con el periódico.
Saltó aceite de la sartén mientras cocinaba, y me quemé el brazo.
Alguien llamó por teléfono y colgó.
Deseé estar cansado.

martes, abril 10, 2007

Cronos
Ordenaba el otro día papeles y facturas de un archivador. Miré y vi. Allí había notas que yo no había escrito. Planos de lugares que no había visitado. Extractos bancarios de otro banco que no es el mío. Efectivamente, lo que sospechaba, el papeleo va por delante de mí. Debo darme prisa. Me he dormido en los laureles.

lunes, abril 09, 2007

Pregunta
¿Una radiografía (de tórax) es carpaccio de persona humana?
Imagen
Un niño apretando los dientes, con la punta de la lengua sobre el labio superior y sacando punta a un lápiz hasta dejarlo en nada.

martes, abril 03, 2007

lunes, abril 02, 2007

Metafísica
Si durante un minuto miras fijamente la yema de tu dedo índice verás la esencia del mundo. O eso o te volverás estrábico.

viernes, marzo 30, 2007


Playa (V)
En primavera no hay medusas en el mar. Están siendo diseñadas por Barceló, para el verano.

Los castillos que los niños hacen en las playas tienen princesas invisibles en sus almenas.

En las playas las piernas de algunas mujeres se convierten en acantilados.

Hay gente que nada con rabia, como si fuera a cortar el mar en dos.

Los bostezos de las mañanas en las playas parece que vayan a desencajar nuestra mandíbula.

Nunca nos fijamos tanto en los dedos de nuestros pies como cuando estamos sentados sobre la toalla, frente al mar.

jueves, marzo 29, 2007

Playa (IV)
Leer un libro en la playa, mientras azota el viento, tiene algo de heroico. Pasar las páginas de un periódico sin grapas es imposible.

Las conversaciones en la playa se desaceleran.

Una caricia a la orilla de la playa te deja las yemas de los dedos estupefactos.

Nadie es capaz de contar las nubes que pasan mientras está tendido en la playa.

Aunque deseemos otra cosa, las sombrillas de las playas solamente nos protegen de los rayos del sol.

Los peces pequeñines que nadan en la playa se han perdido. Seguramente ni siquiera son de ese mar. Están esperando a que vengan a recogerlos sus padres.

miércoles, marzo 28, 2007

Playa (III)
En las pisadas de algunas gaviotas en la arena de la playa se nota que son como las personas: dudan qué camino tomar.

El vestíbulo de un hotel en temporada baja guarda los fantasmas de los visitantes del verano anterior.

En la playa todos los colores van a fundirse en uno, el blanco, cuando cierras los ojos cegado por el sol.

Si se te vuela el sombrero no te preocupes. Al año siguiente lo verás aparecer por la línea del horizonte.

En la playa hay mujeres tan lánguidas que parece que vayan a derretirse como un helado de fresa.

martes, marzo 27, 2007


Playa (II)

Cuando una mujer se ajusta el elástico del bikini está poniendo puertas al campo.

La comida de los chiringuitos playeros es una franquicia de Manzana para Blancanieves, S.A.

¡Imaginaos que el engranaje oculto del mecanismo de las olas se rompiese!

No sé por qué produce tanta ternura un niño descalzo plantándole cara a las olas.

Puede que pisar la arena de la playa tenga algo que ver con acercarse al corazón del Universo.

lunes, marzo 26, 2007

Playa
Nadie desea más un abrazo que las palmeras solitarias de las playas.

Los negros de los paseos marítimos sacan las baratijas y los cds del fondo del mar.

La barba de los negros de los paseos marítimos está hecha con granos de sal.

Las mujeres tendidas en la playa forman un mapa de maravillosa orografía.

Hay mujeres tan morenas que se les ha metido el sol en la mirada.

domingo, marzo 25, 2007

Ayer
Vi el sábado pasar.
Una mujer, en la cola del supermercado, al volverse, casi me metió el dedo en el ojo y luego me pidió perdón riéndose.
Comí lentejas y bebí vino tinto.
Vi un partido de fútbol y me aburrí, y pensé en cosas que debo hacer.
Me acosté sin sueño y leí unas páginas de Carver en las que se habla de una madre triste.

viernes, marzo 23, 2007

Limpieza
En ocasiones nos duchamos y deseamos que el agua haga correr hacia el sumidero algo más que el jabón.

jueves, marzo 22, 2007

Realidad
De vez en cuando limpio las gafas porque creo que están empañadas. Y no. Es que la realidad es borrosa.

miércoles, marzo 21, 2007

Utilidades
A veces me da la impresión de que los cubiertos sirven para otra cosa, además de para sorber la sopa y trinchar el filete.
Rumbo
El humidificador que colocamos en la habitación del bebé es la sirena del barco de su vida.

lunes, marzo 19, 2007

Actualidad
El hombre se retira satisfecho, pensando que la conversación ha sido fructífera. Parece ser que el intercambio de opiniones entre los dos ha merecido la pena y han llegado a diversos acuerdos.
Solo después le dicen que su interlocutor, ese señor que tenía enfrente, era sordomudo.

sábado, marzo 17, 2007

Peluquero
Mi peluquero y yo somos hinchas de diferentes equipos. Él siempre saca la conversación del fútbol cuando está utilizando la navaja.

viernes, marzo 16, 2007



Lectura

En las páginas de los libros lee frases que solo le llaman la atención a ella. Los cierra como si fueran cofres.
A veces busca en el diccionario una palabra y se maravilla y la recita cien veces en un susurro profundo. Luego suspira.

miércoles, marzo 14, 2007

Vecino
Hay un vecino que mira por la mirilla. Siempre está ahí, espiando. Su mujer le manda a la compra todas las mañanas. Está jubilado. Huele a colonia de hace muchos años, esa con olor a cuero y a sombrero de fieltro. Debe andar mal de salud, porque cuando le encuentro en el portal y le pregunto qué tal está, siempre me contesta: “jodido, jodido”. Cuando sale a la calle le da caramelos a los niños y le dice palabras amables a las mujeres, de las de la época de los tranvías (hace un tiempo colosal, me temo que lloverá ).
Luego vuelve a casa y sigue mirando por la mirilla.

martes, marzo 13, 2007

Colesterol
Voy a la clínica a llevar unas muestras de orina para un análisis. El señor que está delante de mí le entrega el frasco a la enfermera y le dice: “Toma, toma, que aún está calentito”.

lunes, marzo 12, 2007

Mercado
La pescadera sonríe y se limpia las manos en el delantal. Chorrea hielo picado del mostrador y un helecho de plástico verde acaricia los salmones, que tienen pintas brillantes en el lomo y sonríen guiñando uno de sus ojos. Con el otro nos miran. ¿O es que son tuertos los salmones?
En un momento todos los números verdes de la báscula son ochos.
La pescadera abarca con sus manos unos boquerones plateados. Los pesa y los envuelve con movimientos de prestidigitadora. Se apoya en la repisa y se sujeta sobre una de sus piernas para darnos el paquete. Luego taconea con sus enormes botas de goma. Frío. El siguiente, dice. Y nos vamos, sospechando que hemos asistido a un paso de baile.

domingo, marzo 11, 2007

Rutina
Un hombre rebusca todas las noches en los cubos de la basura. Nunca encuentra nada que merezca la pena y todas las noches vuelve.

viernes, marzo 09, 2007

Prensa
Voy a la biblioteca pública para devolver un libro que he terminado de leer esta madrugada. Se lo entrego a la bibliotecaria, tan amable. En el estante de novedades no hay nada que me atraiga. Me siento en la sala de lectura y echo un vistazo a los suplementos literarios atrasados. Uno de ellos trae la crítica del libro que terminé anoche. Por una vez, coincido con el reseñista.
Por los ventanales entra la luz del sol del mediodía, así que parece que llega la primavera de una vez. Dan ganas de desperezarse.
Hay una mujer leyendo el BOE. El sol le da en la cara. Un par de hombres leen el periódico. Otro, en otra mesa, también. De pronto este comienza a reír. Ríe con ganas, ríe hasta llorar. Saca un pañuelo del bolsillo y limpia sus lágrimas. No puede parar. Todos le miramos. A mí me hace sonreír. Él se siente azorado. Quisiera parar, pero no lo consigue. Levanta la cabeza, mira al frente, pero no consigue parar de reír. Finalmente arrastra la silla y se marcha.
Al rato, voy a su mesa, curiosos, a ver qué es lo que estaba leyendo. Es el periódico La Razón. Lo miro, leo con detenimiento los titulares, los artículos de las primeras páginas, las últimas, hasta las de deportes, pero no consigo averiguar qué es lo que le hacía tanta gracia.
Personas
Hay personas que nos exprimen (como a un limón): la cartera, el humor, la vida.

jueves, marzo 08, 2007

Preguntas
¿Por qué sonríen de esa manera los dentistas? ¿Por la manera en la que te señalan el sillón? ¿O porque piensan ya en la factura?

miércoles, marzo 07, 2007

Ancianos
Solo algunos ancianos son capaces de percibir la poesía encerrada en las tres páginas de unos análisis clínicos.
Ancianos
Algunos ancianos exhiben los resultados de pruebas médicas como pasaportes hacia el futuro.

martes, marzo 06, 2007


Sábado
La aspiradora, las persianas, el polvo. Media mañana.
Una lasaña de salmón, tomate y queso. El plato llano con pizcas de colores. Vino. Una naranja. Sobremesa ligera.
Un paseo a media tarde. Corre el aire frío de lo último del invierno. Allá a lo lejos, en lo que se ve de las cimas de la sierra, se adivina la limpieza del cielo. La promesa de lo impoluto. Una farola está encendida a esta hora. Solo una, pero luce.
Noche. Televisión. Sopor. La cama, un cojín. Unos párrafos de Años luz, de James Salter.

lunes, marzo 05, 2007

jueves, marzo 01, 2007

Siempre
Las papeleras siempre podrían estar más llenas de palabras que hemos escrito.
Vejez
Algunos ancianos ponen tanto énfasis en sus palabras que dan ganas de darles una Biblia para que juren sobre ella.
Levantarse
Hay días que nos calzamos las ojeras como nos calzamos los calcetines.

lunes, febrero 26, 2007

Cielo
Todos los oficinistas van al cielo. Después, eso sí, de que sus jefes hayan hecho una copia de seguridad.
Tecnología
Las bombonas de agua que hay boca abajo en las máquinas nos sacan la lengua cada vez que llenamos un vasito con un poco de su contenido.

domingo, febrero 25, 2007

Ceniceros
A pesar de que los muertos no fuman los ceniceros de los tanatorios están siempre a rebosar.
Invierno
Las bufandas son las banderas que ondean al viento del invierno.