LlamadaLlamé por teléfono para informarme sobre los créditos al consumo porque recibí en casa un folleto publicitario muy interesante. En el díptico que recogí del buzón venían cifras, y T.A.E, y cuotas, y asteriscos. En una foto de muchos colores figuraban varias personas sonrientes, y un perro que saltaba por encima de una valla. La vista del perro, no sé la razón, fue el que me animó a marcar el número.
Me contestó una señorita con acento caribeño. Me gustó oírla porque con su voz parecía acariciarme, así que empuñé el auricular y pregunté todo lo que debía preguntar, sin prisa. Llegó un momento en el que escuché sus palabras como si fueran música de fondo, como si estuviera a la espera de un baño caliente, sin intentar descifrar el significado de lo que decía. De pronto, la señorita dijo: “Señor, apúrese, le remito un formulario y le paso con un compañero, porque me estoy haciendo pis”. Y colgó. Ni siquiera me pasó con un compañero.