domingo, enero 14, 2007

Hospitales
En la puerta de los hospitales hay un contador que corre. No sabemos qué ni a quién cuentan.

Toda la comida de los hospitales se cocina en una sola perola.

Hay algunos camilleros de hospitales que llevan la L en la espalda.

Los peores enfermeros son los que te la juran al verte llegar a un hospital.

No sé por qué, pero los fonendoscopios de los médicos me recuerdan a los mineros.

Hay enfermedades que se quedan cuando el enfermo se va.

Al final, los enfermos de habitaciones contiguas traban amistad y terminan intercambiándose las pastillas.

Hay enfermos a los que les gusta arrastrar los pies por los pasillos. Por eso están siempre tan relucientes (los pasillos).

En las neveras de las cafeterías de los hospitales hay sangre envasada.

Los peores médicos son esos que, al verte convaleciente y ojeroso en la cama, te agarran de los mofletes para preguntarte cómo estás.

2 comentarios:

Malegar dijo...

¡Todo cierto, todo cierto!
Jeje, trabajo en un hospital.
Parece que usted viviera allí.

la luz tenue dijo...

Gracias por sus comentarios, Malegar.
Casi siempre de los hospitales se sale, menos mal.