domingo, agosto 17, 2008

Aniversario
Ese hombre al que se le murió la hija el año pasado después de mil sesiones de quimioterapia tiene este año una huerta espléndida. Atraviesa con la azada al hombro las calles del pueblo con una entereza que pasma, llega a la huerta y se agacha entre los surcos, rebuscando tomates, y espantando a los grajos, que picotean las pequeñas sandías en las matas.
Su mujer, vestida de negro, sale a comprar el pan (se extraña de que la hogaza haya subido diez céntimos) y barre la puerta de su casa.

1 comentario:

miguel baquero dijo...

Decía Umbral, a veces tan genial, que los mejores escritores son aquellos que describen algo con una simple pincelada. Ponía como ejemplo a Baroja, cuando decía: "es una calle larga y huele a pan". Con esto ya puede uno ver la calle mejor que si le atosigan a descripciones. Pues lo mismo se te puede aplicar a ti, Martín. Sencillamente buenísimo